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La Narcosatánica: Sara Aldrete

En los años 80, un nombre paralizó a México y Estados Unidos: Sara Aldrete, mejor conocida como "La Narcosatánica". El caso conmocionó al país por la brutalidad de los crímenes y las complejas narrativas de culpabilidad, manipulación y misticismo que lo rodearon.

En Matamoros, Tamaulipas. Un rancho llamado "Santa Elena" ocultaba el secreto más oscuro de la década. No solo era una base para el narcotráfico, sino el epicentro de rituales que mezclaban santería, palo mayombe y sacrificios humanos.

Sara María Aldrete Villarreal, conocida por la prensa como "La Narcosatánica" o "La Madrina", fue una figura central de uno de los casos criminales más impactantes y mediáticos en la historia de México.

A finales de la década de los 80, fue vinculada a "Los Narcosatánicos", un grupo delictivo liderado por el cubano-estadounidense Adolfo de Jesús Constanzo, alias "El Padrino". El grupo combinaba el tráfico de drogas con rituales violentos derivados de una distorsión del Palo Mayombe, realizando sacrificios humanos.

Antes de su detención, Aldrete era una joven universitaria de clase media física y socialmente destacada que estudiaba educación física en Brownsville, Texas. Conoció a Adolfo de Jesús Constanzo en 1987. Atraída por su carisma y sus conocimientos esotéricos, se integró rápidamente a su círculo íntimo, Constanzo incluso convenció a sicarios y políticos de que sus rituales los harían "invisibles" ante las balas y la ley. Sara recibió el estatus de "La Madrina", convirtiéndose en la segunda al mando. Su rol consistía en reclutar miembros, organizar la logística del grupo y, presuntamente, participar en la planeación de los rituales.

El mito de la secta se derrumbó en la primavera de 1989 tras la desaparición de Mark Kilroy, un estudiante estadounidense que vacacionaba durante el Spring Break en Matamoros. La presión del gobierno de Estados Unidos obligó a las autoridades mexicanas a realizar una búsqueda exhaustiva. La investigación llevó a la policía al Rancho Santa Elena, una propiedad rural utilizada por el grupo criminal. En el lugar, las autoridades realizaron hallazgos aterradores:

• Un caldero ritual (nganga) que contenía restos de sangre, fragmentos humanos, animales y tarántulas.

• El desentierro de más de una docena de cadáveres (incluyendo el de Kilroy), muchos con signos de tortura, mutilación y extracción de órganos.

• El grupo creía firmemente que los sacrificios rituales les otorgaban "invisibilidad" ante la ley y protección espiritual para cruzar cargamentos de marihuana hacia la frontera norte.

Al verse acorralados, Constanzo, Aldrete y otros seguidores huyeron a la Ciudad de México. En mayo de 1989, la policía ubicó su escondite en un departamento de la colonia Cuauhtémoc.

Antes de que las autoridades pudieran ingresar, Constanzo ordenó a uno de sus discípulos que lo asesinara a él y a su amante para evitar ser capturados. Sara Aldrete sobrevivió al operativo y fue arrestada en el lugar, convirtiéndose de inmediato en el rostro principal del juicio.

Sentenciada originalmente a más de 60 años, Sara ha pasado décadas en prisión, siempre manteniendo su versión de los hechos. El caso sigue generando debate sobre su grado de implicación y si actuó bajo coacción o con pleno conocimiento de los actos.

Para muchos una bruja, para otros una víctima, y la verdad es que en México aún no se esclarecen del todo los hechos, envuelta en corrupción, misticismo y abusos de todo tipo, Sara Aldrete sigue siendo un personaje sumamente conocido en México.

¿Y ustedes que piensan, Criaturas que leen? ¿Sara está a consciente de todo? ¿Se trata de una víctima más de Constanzo? Cómo siempre, los leo en comentarios

u/Vonnei_Castillo — 9 hours ago

El Extraño Manuscrito de Ariel Betancourt

La muerte de Ariel Betancourt en el Hospital Psiquiátrico de Ciudad Zamora es uno de los enigmas sin resolver más desconcertantes de nuestra historia, así como las desapariciones de esas fechas que fueron irremediablemente aisladas del asunto. Como médico del Hospital Rómulo Marcano me es imposible no sentir aflicción por uno de nuestros pacientes cuyo estado de alienación parecía mejorar con el tratamiento... La tragedia de la situación y las circunstancias que lo empujaron a tal conclusión son un recordatorio de los misterios insondables del alma humana. Quiero dejar constancia que Ariel Betancourt, antes de inmiscuirse en los misterios de la sierra, era un puritano pragmático... y que el horror póstumo que plasma en sus manuscritos exacerba revelaciones desconcertantes sobre una capitulación innominable ocurrida la Víspera del Viernes Santo tras una sucesión de inexplicables acontecimientos, que lo condujo al estado más absurdo de alienación con un inusual envejecimiento prematuro, que... tras una enconada sucesión de recaídas, tomó la decisión de terminar su sufrimiento.

El hombre en cuestión había ejercido una profesión filial que auxiliaba al municipio en cuestiones contables, asentado en uno de los barrios marginales aunado a la carretera que recortaba las sierras de espesa foresta. Se lo veía ir y venir por la carretera hasta su rancho pacífico rodeado de espesos matorrales en una comarca campesina. Ariel era un hombre solitario envuelto en la monotonía del trabajo rutinario, tomaba el transporte público todas las mañanas y regresaba al mediodía para cavilar entre los manojos de hiedra de su huerta peculiar de helechos y rumiar en el sopor de su casona. La máscara de desasosiego esculpida en su fisionomía lo convertía en un ser aislado y taciturno incapaz de intimar con sus semejantes. Provenía de la ciudad costera de Puerto Bello con la premisa de alcanzar el puesto de funcionario público que le permitiera estirar el dinero mensual sin desaprovechar los momentos de ocio a los que se arrojaba sin contemplaciones ajenas. El treintañero huraño poseía un pasatiempo que rayaba en lo obsceno: obsesionado con las criaturas híbridas, poseía gran cantidad de injertos cuya variedad en especies era quimérica. Los libros confiscados de sus estanterías exhibían tomos alquímicos aderezados por extraños manuales de arcanos oscuros referentes a artes sacrílegas. Su fascinación por lo ignoto era un contagio al que los jóvenes universitarios se veían arrastrados tras la disgregación de seminarios esotéricos y la difamación de manuscritos cabalísticos. Aquella euforia mística se contagiaba entre los jóvenes tan sutil y premonitoria como las enfermedades venéreas en fiestas nocturnas.

Antes de desaparecer entera, la colección zoológica de Ariel Betancourt era un hervidero de endriagos momificados y contravenciones naturales en frascos de alcohol. Él mismo llegó a explicarme en sus episodios de lucidez que el concepto de naturaleza era un bodrio ideado por estudiosos pusilánimes encargados de armar esquemas inexactos... sin tomar en cuenta las miles de ramas evolutivas pérdidas y los híbridos que se reproducían en las estepas inexploradas de las selvas indómita. Quería demostrar que las ciencias biológicas eran quimeras opresoras que reducían las creaciones divinas a organismos sin sentido...

El estado desordenado de su conciencia producido por el aislamiento autoimpuesto desembocó en la confección de opúsculos científicos relativos a las artes negras de la nigromancia y la taumaturgia empírica. El antes solitario investigador del mundo críptico comenzó a frecuentar círculos herméticos fundados por grupos fanáticos: durante mediodía era un miembro funcional de la sociedad que realizaba declaraciones de impuestos y redactaba ordenanzas de presupuestos, y... pasado el meridiano, se dedicaba a la peregrinación negra con la auscultación de libros sombríos escritos por autores difamados como el desquiciado Eliphas Levi del Culto del Dios de la Carne, o las enseñanzas desgajadas de médicos chinos que profundizaron en la nigromancia. Ariel era capaz de relatar con fascinación los controvertidos axiomas cabales para la profanación de cuerpos y determinar las facetas lunares para la exhumación y la trepanación de espíritus...

Los principios de su alineación se mostraron con la perdida de claridad en su temple silencioso, la profundidad en sus ojeras y el rigor con que fruncía los labios mustios durante sus largas jornadas de concentración frente al computador. Sus compañeros de oficina lo habían sorprendido durmiendo sobre el escritorio... o, rememorando en murmullos distintos pasajes místicos y recetarios ignominiosos. Contaba los crepúsculos y las lunas del mes, esperando ansioso el comienzo de ciclos estelares propicios y la aparición de cuerpos celestes que el concebía como Planetas Elementales...

En algunas vísperas se había ausentado del trabajo y llegado con retraso. El impecable funcionario se sentía distraído y remoto, mirando fijamente algún punto en el firmamento más allá del techo del despacho. Durante las Fiestas de las Candelarias se vio ansioso, y los vecinos que lindaban su rancho habían escuchado ruidos extraños parecidos a gritos provenientes de la casona de fachada maciza. Había mencionado a su jefe que se uniría a una procesión en las montañas para celebrar un rito religioso y tras las vacaciones de Carnaval notaron que su aspecto estaba descuidado y de su cuerpo manaba un hedor indescriptible a humo salitre y pelo quemado. El Miércoles de Cenizas se ausentó por primera vez y no regresó más al trabajo. En esas semanas, los vecinos del barrio avistaron a un Ariel Betancourt andrajoso que deambulaba por las sierras como un ánima en pena... regresando a su rancho al amanecer y perdiéndose cuando el sol enfilaba a su sepelio entre las montañas frondosas. Se lo escuchaba rondar a la medianoche como una aparición lunar, pregonando conjuraciones desconocidas y llamando figuras misteriosas que provocaban consternación entre los pobladores. Los perros ladraban a ciegas en la negrura infinita de aquellas noches inciertas de terror. Se habían encontrado gallineros deshuesados y animales heridos... pero, fue la desaparición de una jovencita lo que despertó las alarmas de las autoridades asegurando que un animal peligroso rondaba el barrio. Aquel martirio incognoscible continuó hasta principios de Semana Santa, donde una aparente calma se hacinó sobre la comarca mientras las calles pedregosas eran obituario de silencios piadosos y los ríos eran visitados por los citadinos risueños. La Víspera del Viernes Santo se avistaron fuegos en las sierras cercanas al rancho de Ariel Betancourt... y la aparición de columnas fantasmales de brujos en lo que parecía conformar una procesión nocturna. No había nubes de tormenta, pero un inexplicable relámpago batió las ventanas del barrio con un fulgor nítido. Hacía las tres de la mañana, la maligna Hora del Diablo, un clamor despertó al vecindario con la proclamación de un horror sin precedentes: el hombre había enloquecido y se precipitaba calle abajo esparciendo una ola de gritos desgarradores.

Ariel Betancourt fue encontrado delirando en una plaza de secuoyas con la ropa ensangrentada y repitiendo palabras sin sentido en una especie de «idioma horripilante». Su internación en el psiquiatra fue obligatoria luego de revisar el alterado estado en que se encontraba... Los sedantes consiguieron calmar su alineación y las cuatro semanas que permaneció bajo supervisión fueron caóticas: pesadillas recurrentes que se negó a revelar, neurosis y aislamiento. Evitaba la oscuridad y se mostró airado con el personal augurando que lo estaban persiguiendo... Su comportamiento violento se resignó tras dos semanas de aislamiento, comenzando a narrar sus alucinaciones y recuerdos reprimidos sobre el horror que sobrevino la madrugada del Viernes Santo. Las lagunas mentales eran plausibles y presentía que no terminaba de contarme una verdad absoluta. La sangre encontrada en su ropa no era suya. Aquella enajenación vino acompañada de recaídas depresivas y episodios de silencio mortuorio hasta que, cumpliendo un mes internado en el psiquiatra y sufriendo un accidente cardíaco tras un ataque vespertino... se atrevió a deglutir una modesta cantidad de cloro que derritió los tejidos de su esófago y los vasos capilares de los pulmones provocando una muerte espantosa y dolorosa muerte. Ariel Betancourt dejó tras su suicidio un extraño manuscrito póstumo que, junto con la recopilación de las alucinaciones documentadas y las fábulas desconcertantes que relató... conforman un entramado tenebroso cuya causa es imposible de desmentir como provocación de una enfermedad mental hereditaria o un trastorno de inestabilidad. Me he encargado de transcribir todo el documento con la mayor fidelidad posible a la memoria del difunto... La composición evoca un sentimiento extraño que nos hace preguntarnos sobre la existencia incierta de convenciones cósmicas y las reminiscencias de un horror plasmado en las profundidades de la conciencia.

Según su testimonio, durante sus años académicos discrepó enormemente con las convenciones naturales influenciado por un grupo de vertiente pseudo científica que estudiaba los conocimientos agonizantes de la astrología y la alquimia... integrándose a un séquito de fanáticos adoradores de dioses alienígenas que especulaban sobre exegesis metafísicas y la prevalencia de antiguas criaturas mitológicas en un plano distante de nuestra concepción tridimensional. Se distanció un lustro de la secta hasta completar sus estudios universitarios y recibir una vacante en el municipio oriental de Ciudad Zamora... acumulando en los años venideros manuscritos relativos a las ciencias negras, experimentando con la hechicería cabalística y la proyección de arcanos simbólicos en pentagramas de minerales bajo la influencia de metales planetarios. Ariel era un pragmático analista que desgajaba las leyes universales en minuciosos tratados sobre la ambivalencia de la vida, haciendo énfasis en los procesos de metamorfosis química y sustitución psíquica. Los primeros síntomas de su vesánica alienación se presentaron en creencias absurdas como la sugestión sobre el intercambio de mentes y la posibilidad de integrar diversos animales en un pentagrama formulado adecuadamente... para la creación de un ser quimérico con los dones evolutivos de las especies sacrificadas. Llegó a jurar durante las entrevistas médicas, que en su despacho se hallaban los restos momificados de estos híbridos nacidos de la conjuración metafísica bajo condiciones estelares propicias con la intersección de una «fuerza exterior». Había confeccionado un extenso opúsculo científico con las fórmulas, medidas y circunstancias adecuadas para la preparación de estos rituales... y compartió indebidamente su conocimiento con una ramificación de un culto extraño que adoraba a una deidad abominable y etérea conocida como «Odrareg». Esta secta conformada por personas corrientes que ejercían sus libertades individuales a plena luz solar, se congregaban en aquelarres nocturnos cada cierto tiempo en un escondrijo remoto de la sierra... para adorar con cánticos y sacrificios al dios innominable, habitante de una región desconocida del firmamento. Los relatos de diablos arracimados en las altiplanicies montañosas no eran del todo falsas... y el estudioso Ariel halló refugio en aquella secta para sus ideas desconcertantes sobre el destino incierto de la humanidad, las metodologías arcanas sobre la evocación de entidades infrahumanas y la metempsicosis como mecanismo de purificación espiritual.

Durante meses realizó empíricamente los ceremoniales y estudió las interpretaciones de las Tablillas Invisibles, confeccionadas por las manos de posesos durante el Primer Ritual de Descenso que convocó a Odrareg a nuestro plano material. La entidad era descrita como un pólipo cartilaginoso de membrana fétida habitante de un espacio liminal donde no existían restricciones espaciales... en una ablución de la alevosía pecaminosa que intercedía en la voluntad humana como un reflejo de su misma naturaleza. Se presentaba en los sueños de sus «Elegidos», manifestándose bajo mil formas temibles... e insuflando pensamientos y dones místicos como armas de doble filo. Sus adoradores lo consideraban una fuerza caótica en el tejido de la realidad... con la que se servían para alterar conceptos preestablecidos y alcanzar premisas que otros dioses ciegos e impotentes eran incapaces de proveer a sus adeptos.

Ariel Betancourt se había fundido en la Secta de Odrareg como el engranaje necesario que hacía funcionar una máquina colosal... enseñando los Grandes Misterios y aprendiendo de las Fuerzas Exteriores que dominaban esferas lejanas a la comprensión puritana. Pero el horror se avecinaba en su territorio como una pústula que extendía su gangrena infecciosa de forma irremediable... Sus experimentos alquímicos de metamorfosis híbrida progresaban con la supervivencia de criaturas inenarrables, pues en un principio las estructuras orgánicas fusionadas sufrían un rápido efecto deletéreo que arrastraba los organismos a una muerte prematura; los estudios biológicos para la transmutación de criaturas híbridas fueron reformulados y los compuestos añadidos fueron medidos en incontables hipótesis hasta dar con las proporciones correctas de azufre, carbón, calcio y hierro imprescindibles para la unión de seres.

Durante la Víspera de la Candelaria, los ocultistas se prepararon para llevar a cabo el experimento más ingenioso de la mano de Ariel: trazando un eneagrama durante el plenilunio ante la presencia de fórmulas panteístas como evocación de rituales ancestrales. En el centro de la estrella de nueve puntas se juntaron tres corderos atados con hebras de cabello humano, servidas como ofrendas se hallaban cuencos rellenos de sangre, sal, azufre y carbón molido. Esperaron que el fulgor lunar bañara la foresta de altos cipreses y comenzaron el rito. Ariel transcribió la fórmula en su manuscrito póstumo junto con el símbolo de un triángulo relleno con tres llamas...

«Odrareg nevasor toson, elpmuc sartse unsedad niuqzem».

La brisa se detuvo en lo alto de aquella loma septentrional, y una niebla rojiza descendió—aunque el mismo Ariel fue incapaz de verla—, mientras la temperatura bajaba... Los chillidos de los animales se volvieron insoportables mientras el contenido de los cuencos se consumía en jirones vaporosos y el círculo dibujado desprendía incandescencia mortecina con el ulular de un viento feérico. Ariel pujó un esfuerzo hercúleo para no cerrar los ojos ante la impresión de los animales convirtiéndose en masas cárnicas en un amasijo indescriptible de huesos, vísceras y pulpa sanguínea... hasta adquirir la silueta escultural de un antropomorfo tricéfalo y reculo cubierto por una pelambre espesa y fétida; cuya locomoción bípeda se veía obstaculizada por sendas pezuñas deformes y varias patas que sobresalían del lomo, retorciéndose con vida propia como gusanos. Las cabezas escudriñaban el mundo con un suspiro de inteligencia macabro...

Aquella figura mefistofélica se irguió como un endriago del Averno, y su impresión horripilante en Ariel consiguió trastornar todas sus ideas preconcebidas de seres perfectos y cuerpos inmortales. La Secta de Odrareg se sintió inmensamente fascinada por el cuerpo voluminoso de caracteres humanoides... mientras que el creador repudió su Opus Magnus como una encarnación lujuriosa de las contravenciones naturales. Ariel repudió los ideales de la secta y rabioso como un demonio iracundo, recogió un puñado de azufre y lo arrojó a la quimera horripilante en un arrebato colérico...

—¡Marte! —Bañó a la criatura velluda de patas protuberantes con el polvo amarillento—. ¡Conmina al Gran Devorador!

El azufre chisporroteo con una exhalación de ascuas estallando en una conflagración ígnea con un torbellino amarillo y naranja... El endriago se retorció con un grito cuasi humano que describió como un llamado de ultratumba, consumiendo el vello hirsuto, la carne y el hueso en un estrépito voraz que esparció el hedor insoportable del pelo chamuscado. Ardió hasta que solo quedaron cenizas ardientes en un montículo de carne pestilente y huesos ennegrecidos. Ariel confesó que tras aquel suicidio social fue expulsado de la secta. Ignorantes de sus advertencias, los adeptos añoraban un propósito horroroso cuyo único sendero era plausible gracias a los procedimientos escritos por Ariel Betancourt. Aquel fue el detonante de su locura, pues al día siguiente se presentó al trabajo con un aspecto andrajoso y un hedor indescriptible que sus compañeros asociaron con el pelo quemado. Dejó de asistir a su puesto el Miércoles de Cenizas para quedarse en casa, pues creía que los sectarios planeaban robar sus opúsculos y dedicarse a engendrar estos demonios quiméricos.

La situación psicótica del paciente se vio afectada enormemente en esos meses de claustro. Sus alucinaciones con persecuciones cada vez que intentaba salir y los traumáticos insomnios inducidos por la deformación de extraños ruidos foráneos en su rancho... pudieron haber sido tratados con medicamentos si no hubiera permanecido en el absoluto aislamiento. Ariel era un paciente con conceptos religiosos arraigados profundamente en su psique, los hechizos que los campesinos malinterpretaron debieron servir como placebos para su enajenación... permitiendo su deambular por las sierras a altas horas de la noche y recorriendo las callejuelas durante el alba. Una mente trastornada cree firmemente en su propia concepción de lo que es real... sin importar lo absurdo que nos parezca como agentes externos. Ariel creía que sus antiguos compañeros de secta lo espiaban, y que mandaban «fuerzas espirituales» para amedrentar su convicción. Puede que en esa enajenación psicótica halla quemado todos sus manuscritos y destrozado su colección de especímenes híbridos. Las laceraciones y los mordiscos en su cuerpo debieron ser provocados por encuentros desafortunados con animales salvajes durante sus excursiones nocturnas...

La joven que desapareció en aquellos días en el barrio y las otras desapariciones externas al caso que solo conminan en las fechas, puede que no involucren directamente el propio caso de Arial, pero... se han comprometido con las revelaciones que el hombre dejó en su legajo de textos. ¿Quién sabe qué secretos fue incapaz de revelarnos, siquiera en los estados más febriles provocados por los sedantes? La alienación del hombre progresó a medida que iba acercándose su holocausto... Los casos de gallineros destrozados y perros heridos resultan inexplicables si no tomamos en cuenta lo que Arial encontró en lo profundo de la sierra durante la noche del aquelarre. Es cierto que esa región es patíbulo de leyendas referentes a extrañas procesiones de brujos con túnicas negras... pero siempre ha sido fantasía mezclada con rumores campesinos.

Ariel temía que la Víspera del Viernes Santo fuera festividad de un Ritual en las lomas negras de la sierra silenciosa... así que exploró con antelación en busca de indicios guiado por los «espíritus chocarreros» que pululaban las estepas silvestres en forma de duendecillos feúchos. Para ese entonces la superstición esotérica había consumido al contador pragmático que registraba ordenanzas municipales y aconsejaba con recortes presupuestarios al consejo dirigido por el alcalde. Ariel Betancourt se había perdido en regiones siderales habitadas por fantasías gnósticas y criaturas encantadas; ataviado en una túnica de pordiosero y un collar de falanges que se perdió en las montañas arcillosas... La barba desgreñada, el rostro ampuloso y las entradas de una calvicie insufrible habían sumado décadas a su rostro huraño y taciturno. Los vecinos decían que la locura lo impulsaba a conversar con las serpientes y más de un borracho lo había confundido con un perro salvaje cuando imitaba grotescamente su trote cuadrúpedo al perderse en el follaje... Una semana antes de la tragedia, unos ganaderos espantados avistaron un animal extraño que escaló a lo alto de un cocotero como una cucaracha de horrible proporción, y se columpió de las palmeras como un murciélago escalofriante. El mismo Ariel no aclaró estos comportamientos excéntricos ni en sus memorias póstumas...

Las últimas páginas de su manuscrito póstumo fueron escritas en desorden vesánico, como si su autor fuera infinitamente aterrorizado por aquellos recuerdos espectrales. Las palabras extrañas conforman un texto ininteligible, y algunas oraciones pierden todo sentido... Aún así, no pude evitar sudar de sopor mientras leía aquel pasaje que para mí, es el más horripilante de toda su historia.

La noche del Jueves Santo, Ariel Betancourt había ingerido una cantidad notable de analgésicos para aliviar el escozor de las contusiones producidas por sus persecuciones nocturnas. Presentía que el Culto de Odrareg planeaba un Rito aquella Víspera durante la Hora del Diablo: aquel momento en que se disolvía la frontera entre los mundos y los seres allende al espacio posaban sus tentáculos viscosos en las puertas ignominiosas del «Pleroma»—investigué aquella palabra sin hallar respuestas coherentes—, solamente retenidos por las Leyes Universales de Adonai.

Una luna glaciar alumbró los senderos traicioneros plagados de matorrales y depresiones erosionadas. Como temió, escuchó el barullo de los cánticos y el salitre del Rito con un candor indescriptible que fue in crescendo a medida que urdía en los zarzales espinosos y los cipreses frondosos que conformaban un ejército rugoso sobre la alfombra de hojas marchitas. Los fuegos fatuos de una hoguera alimentada por maderos ceremoniales iluminaban las superficies con inquietantes formas retorcidas... y la salmodia etérea de aquella letanía lo envolvía como una usurpación de gusanos cadavéricos. Ariel evocó la presencia de arcángeles para guarecerse de los terrores que revoloteaban en la penumbra... asomando su rostro entre la espesa foresta para descubrir un claro iluminado por el espectáculo ámbar de unas llamas soeces. La Secta de Odrareg se había congregado para celebrar el Rito durante el plenilunio... con el eneagrama pulido en el suelo con tiza blancuzca, y los glifos rúnicos que escudaban el círculo mágico en sartas maléficas que rememoraban epifanías pretéritas y arcanos inmemoriales cantados por batracios antediluvianos. El festival dionisíaco había comenzado con la conjuración metafísica y el ralear de las velas rutilantes como estrellas suspendidas... Ariel constató que la joven desaparecida yacía desnuda en una especie de trance, ofrecida en el ritual junto a una larga serpiente moteada enroscada en su pierna y una cabra blanca de cuernos torcidos degollada en su regazo. Los experimentos con seres humanos eran territorio inmoral aunado al sacrilegio y la blasfemia de los llamados Magos Negros. Se ofrecían copiosas cantidades de azufre, carbón, calcita y otros minerales ajenos a la fórmula predilecta. Uno de los sectarios más oscuros se adelantó al eneagrama acompasado por el vibrato enervante de las gargantas... y por primera vez, Ariel fue capaz de ver la niebla roja que descendía de la enramada mezclándose con el fuero feérico de la naturaleza. Sintió un vendaval escalofriante transportando un cúmulo de pensamientos y...

«Odrareg nevasor toson, elpmuc sartse unsedad niuqzem». Escribió con letra apresurada...

Aquellas palabras cripticas ejercieron un poder sobrenatural en el círculo mágico, evaporando el contenido de los recipientes en jirones tentaculares y envolviendo con parsimonia la metamorfosis en un sudario escarlata. Durante unos minutos terribles contempló el horror... hasta que del vapor nacarado y sanguíneo emergió una Gorgona indescriptible. Una quimera inenarrable cuajada por límites innominables: era prominente y maciza, de joroba velluda y torso antropomorfo adherido a una estructura ofidia alargada y manchada. La cabeza era un amasijo horripilante con cuernos retorcidos, rostro hundido y chotuno de ojos enfermizos... y desprovista de labios con los colmillos rezumantes. Sus brazos nervudos eran peludos, rematados en zarpas. Olía a estiércol y putrefacción... rectando sobre su vientre con un repulsivo movimiento. Ariel había perdido la cordura, y su imaginación vaticinaba que estos ocultistas añoraban alcanzar un cuerpo perfecto para migrar su conciencia ante la espera del resurgimiento de los dioses que ocurriría millones de años tras la extinción humana y su reemplazo por arácnidos cartilaginosos. El lunático creía en la migración de la conciencia como un medio para alcanzar la inmortalidad... así como los sabios babilónicos que se convirtieron en vampiros para continuar estudiando las ciencias más allá de la vida mortal.

Aquella escena debió representar la apoteosis de la locura de Ariel Betancourt. Perdido en las sierras y gritando como un desquiciado enfrentado a un horror híbrido que se retorcía en cumbres siniestras... El texto subsiguiente es ininteligible, salpicado de conjuraciones a los Planetas y los extraños seres metafísicos que pululaban su gnosis psíquica. El reporte meteorológico de aquella noche era pacífico y despejado, habitual para el verano oriental... pero los testimonios de nubes tormentosas y el estallido del relámpago que despertó al vecindario representaron un hecho inexplicable. Los perros aullaron con aflicción mientras soplaba una brisa mefítica y los remolinos negros estremecieron las copas de los árboles y batieron las techumbres de los ranchos. El resplandor cegador que cayó del cielo es otro elemento extraño en este esquema... El delirante hombre había plasmado en el papel fórmulas matemáticas con un enigmático códice de puntos, círculos y glifos rúnicos; dibujando estrellas puntiagudas y garabatos geométricos. El fogonazo ensordecedor fue la culminación del horror en aquella noche santa... Ariel escribió que fue perseguido por un horror antes de caer a un riachuelo que lo arrastró hasta una laguna. Incontables horas se halló corriendo y gritando en la foresta hasta que fue encontrado delirando en la plaza...

El policía que lo detuvo vio sangre en su túnica deshilachada, impregnada por una pestilencia de carne chamuscada y azufre. La revisión médica descubrió que la mayoría de sangre en sus ropas no era suya... encontrando rasguños profundos en sus costillas y secciones del cuero cabelludo quemadas. Así como una aparente condición de envejecimiento prematuro producido por un extenuante estrés, decolorando su pelo castaño en una mata blanca y quebradiza. Su rostro era enfermizo y catatónico, gritando asustado sobre una «cosa» que había aparecido el Viernes Santo y desaparecido en las profundidades de la sierra. El documento sobre el interrogatorio relativo a la joven desaparecida provocó reacciones incontrolables de sopor en Ariel que determinaron su diagnóstico de alienado...

Tras ser procesado en el Psiquiátrico intentó advertir a los doctores hasta darse por vencido como relata en las anotaciones finales de su manuscrito. Los sedantes no podían escindir completamente su terror y desesperación... La neurosis se agravó enormemente y desconfiaba de cada persona en el asilo. Las recurrentes pesadillas y alucinaciones con los «horrores invisibles» enviados por la Secta de Odrareg eran secuelas irreparables del trauma.

Aquella psicosis era contagiosa entre las enfermeras supersticiosas, como suele ocurrir en los sanatorios que ocupan trastornados videntes o médiums enloquecidos. Había que tener pensamiento crítico para no sucumbir ante las certezas de los locos que convencían a las enfermeras de tener poderes psíquicos. Ariel Betancourt solía sentarse a meditar en una esquina de su habitación, perdiéndose por horas en un espacio imaginario que se negaba a detallar con los doctores... En los turnos de vigilancia nocturna comenzaron a ocurrir sucesos desconocidos que los guardianes achacaron al insomnio y la sugestión. Es cierto que los ataques ansiosos parecían agravarse durante noches abundantes de manifestaciones extrañas... Las cámaras de seguridad grabaron puertas abrirse sin corrientes de aire posibles y luces difuminadas volando en la periferia. Una enfermera llegó a encontrarse con un ser diminuto y espeluznante en los baños, pero al revisar las cámaras no encontraron nada. Atender a Ariel Betancourt se convirtió en tabú por sus susurros aterradores y sus conversaciones referentes a temas místicos que desembocaban en proclamaciones de idiomas desconocidos... pidiendo que lo soltaran, exclamando que nunca volvería a la civilización tras terminar su deber. Su propia salud se vio comprometida con el ataque vespertino que complicó el bombeo de su corazón...

La sugestión jugó en su contra, martirizado por un maleficio de magia negra que la secta conjuró para matarlo. Advirtió en la última línea que los extraños seres vendrían para torturar su espíritu, si no era liberado por los Elementos... y que debían sumergir su cuerpo en ácido para evitar que volviera a levantarse. No sabemos cómo consiguió el recipiente de cloro, o si sus últimos momentos fueron tan horripilantes como determinaron los forenses encargados de su autopsia. El extraño manuscrito de Ariel Betancourt es un enigma incognoscible de la naturaleza humana y las creencias incomprensibles... Puede que toda esa fábula de dioses monstruosos y cultos dedicados a las ramas negras de la ciencia sean producto de su locura. Espero que algún día podamos explicar las desapariciones personales en la sierra y los casos de ganado descuartizado por animales extraños. Los campesinos saben cosas que los agentes ignoran y, a veces los camioneros en las carreteras atropellan seres anormales que violan las leyes naturales. Espero que lo que haya aparecido en la sierra durante la Víspera del Viernes Santo muriera con la imaginación enloquecida de Ariel Betancourt... y que los médicos de este sanatorio no hayamos cometido un grave error al ignorar las advertencias de uno más de estos desdichados reclusos.

u/Delicious-Belt7790 — 15 hours ago
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El Silbón - Cuento de terror

Se dice que en la sabana venezolana, cuando el grillo comienza su canción y el sol se duerme entre ardientes caricias, una maldad, nacida de la ira más profunda, se alza sobre los llanos y llena de espanto el corazón de sus habitantes, ahogando la luz de la luna y haciendo ladrar a los perros. Su nombre se pronuncia solo entre temblorosos susurros, a modo de advertencia, o de funesta sentencia: El Silbón.

Eran las cinco de la tarde cuando Mamerto Martínez llegó al caserío de Belén. Se bajó de la carreta de un salto, dio las gracias al cochero sin mirarlo y por supuesto, sin darle propina. Tomó su maletín y se adentró en el pueblito dando grandes zancadas.

Belén no era más que un puñado de casitas de adobe, eternamente azotadas por el sol. Estaban reunidas en torno a un pozo de piedra, como si todas tuvieran sed. El ganado pastaba sin prisa, pues el mar de verdor se extendía hasta el infinito, y las chicharras cantaban desde los árboles, ajenas al calor que hacía vibrar el aire en la distancia. Sin detenerse, Mamerto se dirigió a la casa más grande, debía de ser la bodega.

Abrió la puerta de un empujón y el frescor del interior fue un alivio, el olor a sudor y encierro, no tanto. El posadero lo miraba desde la barra, una calurosa sonrisa se asomaba bajo el espeso bigote. No había nadie más, excepto por una hamaca ocupada que se balanceaba en una esquina.

Mamerto se alisó el traje y se aclaró la garganta.

—Buenas tardes, buen hombre. Sírvame un vaso grande de agua, por favor —dijo, ocupando un lugar en la barra.

—A la orden. ¿Qué lo trae a nuestro humilde pueblo, caballero? —preguntó el posadero, mientras llenaba una jarra en el tinajero.

—Soy el señor Martínez, encantado. Voy de paso hacia el rancho de los Zambrano, tengo entendido que la familia ha… desaparecido, y que sus tierras están sin ocupar.

El estallido de la jarra contra el suelo hizo saltar a Mamerto del banco, un silencio denso como la brea invadió la bodega. El posadero abrió la boca pero no dijo nada.

—No se atreva a pronunciar ese nombre aquí —gruñó alguien detrás de Mamerto. El hombre de la hamaca estaba ahora de pie, con los ojos muy abiertos y clavados en él.

Mamerto retrocedió nervioso.

—Les pido disculpas si los he ofendido, amigos. Vengo de la ciudad y no conozco a las gentes de estos lares. ¿Qué han hecho los Zam… esa gente para merecer tanto odio? Tengo entendido que están todos muertos.

El hombre de la hamaca se acercó a Mamerto. Su voz se convirtió en un susurro.

—Odio no, señor. Miedo. Pues uno de ellos aún camina sobre estas tierras…

—¡Cállese, compa! No hable más de la cuenta —lo cortó el camarero.

—¿No ve que el hombre pretende meterse allá a revolver el pasado? Tiene que saber —le respondió el otro.

Mamerto sonreía aliviado. Tan solo se trataba de alguna leyenda local. El problema, era que, según le habían ya avisado, estos pueblerinos incultos se tomaban muy en serio sus propios cuentos. Tendría que medir sus palabras.

—Cuénteme, buen hombre. ¿Qué tengo que saber sobre mis futuras tierras? —preguntó.

El hombre se acercó más a Mamerto, su aliento olía a cerveza vieja. Dio una rápida mirada de reojo al cantinero que comenzó a persignarse, y habló así:

—Ocurrió hace como diez años. Yo mismo vi con estos ojos al señor Efraín, cuando se apareció una noche blanco como un muerto y la ropa ensangrentada. Lo poco que nos pudo contar fue que su familia estaba toda muerta y que le había echado una maldición a su propio nieto. Esa misma noche, se empezaron a escuchar unos silbidos horribles por todo el pueblo. A veces lejos y a veces cerca, y durante todo ese tiempo, el viejo Efraín gritaba y gritaba desde el cuarto, hasta que salió corriendo y se lanzó de cabeza al pozo.

La sonrisa de Mamerto se fue borrando. Se dio cuenta de que las chicharras ya no cantaban y que la luz que entraba por las ventanas había menguado, como si una nube gris hubiera tapado el sol de repente. Un escalofrío recorrió la bodega, pero el hombre siguió hablando.

—Después de que el viejo saltó, todos vimos una sombra en la distancia, por allá en el monte. Era alto, muy alto, como cuatro metros medía. Llevaba un sombrero ancho y un saco al hombro, se alejó hasta que se perdió en la oscuridad, pero mientras más se alejaba, más cerca se escuchaba su silbido, y cuando parecía que lo teníamos en la pata de la oreja… se había ido. A partir de esa noche, nadie coge camino después del atardecer, pues ese espanto todavía ronda por la sabana. Créame cuando le digo que esas tierras están malditas, señor.

El cantinero frunció el ceño, meditabundo.

—Compa, ¿como era que se llamaba josefina antes de casarse con don Zambrano?

—Josefina Martínez —dijo el otro levantando las cejas con la mirada fija en Mamerto.

—Es un apellido muy común —respondió Mamerto, sin devolverle la mirada— Pero bueno, si ese dichoso espanto resultara ser familia... Tal vez no me haga daño.

Mamerto rio solo, sus carcajadas vacías se perdieron en la oscuridad de la bodega. Una ráfaga de viento entró silbando por la ventana, y de pronto sintió miedo.

Esa tarde, Mamerto se hospedó en un cuartito adjunto a la bodega, no era más que un depósito atestado de barriles y cajas, donde el aroma del jamón curado y el casabe se mezclaba con el acre de la madera vieja y la cerveza. Había una hamaca polvorienta colgando en el centro, frente a una gran ventana, que abrieron de par en par.

El cantinero se había dedicado a cuchichear con el resto de los campesinos, que ahora lo evitaban como a la peste, y la señora que normalmente hospedaba a los viajeros le había negado la habitación. Así que Mamerto decidió no salir más, y pasar las pocas horas de luz que quedaban meciéndose en la hamaca, mientras contemplaba el atardecer, arrullado por el rumor del llano.

Abrió los ojos en medio de la oscuridad. La brisa acariciaba su espalda a través de la hamaca y se enredaba entre los jamones que colgaban del techo, balanceándose suavemente. Mamerto miró por la ventana, ahí estaba el poso, con su negra boca abierta en un grito silente. había velas puestas sobre sus bordes y en el suelo, rodeándolo. Entonces, ¿el pozo no tenía agua? ¿Estarían aun los huesos del viejo allá abajo?

Los grillos callaron, una sombra pesaba sobre la sabana. Las cuerdas del chinchorro se quejaban bajo el peso de Mamerto. El sudor le picaba en la cara pero no se atrevía a moverse. Allá en la distancia, una ola de viento barría la hierba, acercándose con rapidez. La ráfaga llegó al pozo y apagó las velas con un sordo latigazo, los jamones se balancearon y uno cayó al suelo con un golpe seco. Un silbido se escuchó en la distancia, lejos, tenue. Una melodía ascendente que estremecía su corazón. El silbido se escuchó de nuevo. Más lejos aún, pero esta vez, Mamerto sintió el gélido aliento de la muerte en su oreja. Gritó, sin poderse mover, una mano huesuda emergía del pozo, sus gritos se mezclaron con el ladrido de los perros, cuyo explosivo retumbar parecía aclarar el aire, devolviendo a la luna su luz. Varios campesinos salieron, azotando el aire con látigos, y sus chasquidos rodaban por la sabana, desgarrando las sombras.

Un campesino se volvió hacia Mamerto, y con la cara desencajada de miedo, azotó con furia a través de la ventana, haciéndolo caer al suelo. Rodó con el tronar del látigo retumbando en su cabeza y de repente se encandiló con una fuerte luz.

Estaba en el suelo, cubierto de sudor y tierra. Se levantó desorientado cubriéndose del sol con la mano. No había velas en el pozo, pero el jamón seguía en el suelo.

Ya bañado y con ropa fresca, Mamerto esperaba a la sombra de un árbol. Había tenido la mala idea de comentar la pesadilla que tuvo a los campesinos, que se limitaron a guardar silencio mientras le echaban extrañas miradas. A duras penas pudo convencer al amigo del posadero, que se presentó como Eutanasio, para que lo llevara en carreta hasta el rancho, a cambio de un reloj suizo de oro que había comprado en Caracas hacía tiempo.

Sin embargo, tendría que pasar la noche allá, pues Eutanasio se negaba rotundamente a salir de Belén después del atardecer, tampoco le quisieron dar un caballo. Mamerto comprobó de nuevo su equipaje: chinchorro, pico y pala, agua, una reserva de casabe y queso, y por supuesto, su confiable revólver al cinto.

La carreta se acercó por el camino, dejando a su paso una nube marrón. Se detuvo frente a Mamerto, y la sombra sin rostro que era Eutanasio perfilado contra el sol, lo saludó.

—¿Está seguro que no quiere que lo lleve a la ciudad?. No vale la pena arriesgarse así por un terreno, señor. Y no olvide que nadie de estos lares querrá trabajar esa tierra maldita—dijo.

—Todo el mundo tiene precio… usted me está acompañando, ¿no es así?—respondió Mamerto con una sonrisa— Traeré gente de afuera si hace falta, y le puedo asegurar, que si consigo lo que estoy buscando, la dichosa maldición ya no le importará a nadie.

—¿Y qué puede ser eso?—preguntó el cochero.

—Oro negro, amigo mío. Oro negro—sonrió Mamerto.

El viaje, aunque envuelto en silencio, no fue desagradable. El suave viento de la mañana traía consigo el perfume del rocío, acariciando un ondulante mar de hierba, que se extendía en la distancia. A veces, pasaban cerca de pequeños lagos de azul acuarela, que estallaban en retazos blancos cuando las garzas alzaban el vuelo.

La carreta se detuvo de golpe, haciendo relinchar a los caballos.

—Aquí comienza el terreno de los Zambrano, señor—anunció Eutanasio, mientras Mamerto se apeaba—la casa está a una hora por ese camino.

Mamerto abrió la boca para quejarse, pero las riendas chasquearon y la carreta se alejó a toda velocidad. Después de un amargo suspiro, se echó el saco al hombro y comenzó a andar con resignación. Calculó que una hora de camino debía de ser mas o menos una legua de terreno, eso lo puso de buen humor.

Así avanzó Mamerto sobre el viejo camino que a veces desaparecía bajo el monte, obligándolo a abrirse paso entre la maleza. Se ensució los zapatos de cuero y se arruinó el traje, pero al final llegó a su destino. Una solitaria casita, agrietada y hueca como un cráneo viejo, se alzaba entre descuidados montarrales y desnudos árboles grises. La hierba se volvía más densa y seca mientras más se acercaba, y los sonidos de la sabana se quedaban atrás. Justo al frente de la casa había un árbol seco de cuyo tronco colgaban un par de cuerdas viejas, endurecidas por la intemperie. Un zamuro trazaba círculos en el cielo, que era ahora menos azul que antes

El crujido de la puerta rasgó con insolencia el espeso silencio al abrirse, Mamerto entró con paso seguro y dejó caer el pesado saco en el suelo de tierra batida. Sus pulmones se llenaron con una rancia sopa de madera podrida y moho. El interior del rancho no estaba del todo oscuro, columnas de luz con parches de maleza en la base, se alzaban allí donde el techo de paja había colapsado y minúsculas luciérnagas de polvo revoloteaban por doquier. En los rincones más alejados, espesas sombras absorbían todo el color de las tinajas y ollas de barro que yacían cerca del fogón, envuelto en frías telarañas. El la pared de la derecha, unos chinchorros podridos colgaban deshilachados de la pared agrietada, y en el centro del rancho, la mesa familiar estaba volteada entre un revoltijo de platos rotos, sobre una enorme mancha de óxido se extendía hasta los pies de Mamerto. Un escalofrió subió por sus piernas y retrocedió de un salto, levantando el saco de un tirón.

Mamerto se dedicó a pasear por sus nuevas tierras, marcando aquí y allá los lugares en los que comenzaría las prospecciones. De vez en cuando, se detenía y se giraba, pues sentía hostiles ojos clavados en la nuca. Cuando sol ya se hundía entre la hierba y el cielo sangraba, tiñendo la sabana de rojo, Mamerto decidió volver al rancho.

La noche lo encontró todavía en el camino, acompañado tan solo por el crujido de la tierra muerta bajo sus botas y por el susurro de los arboles. Maldijo a Eutanasio por haberle metido tonterías en la cabeza. Apoyó la mano en el revólver y aceleró el paso.

De repente, el viento rugió y una violenta ráfaga azotó el camino, creando un torbellino de polvo y hojas secas. El aire se llenó de un olor denso y amargo, como de huesos calcinados, entonces Mamerto sintió la presencia en la boca del estómago, en los vellos erizados de la nuca. Se detuvo, y giró lentamente.

Allá sobre el camino avanzaba una alta figura vestida de sombras, arrastrando un enorme saco, un ancho sombrero cubría su rostro. La oscuridad devoraba el camino tras él, opacando incluso las luz de las estrellas sobre su cabeza. Mamerto se paralizó, víctima de un gélido terror que contrastaba con la calidez que bañó sus pantalones.

Entonces lo escuchó: el silbido, con aquella horrible melodía. Se escuchaba cerca, como si el espectro estuviera a su lado. Un espasmo de horror sacudió a Mamerto, sacándolo del shock inicial. Desenfundó el arma y dos disparos retumbaron en la oscuridad. Echó a correr. El silbido rebotaba entre la maleza. Parecía venir de todas partes a la vez. Mamerto llegó al rancho, entró embistiendo la puerta, y resbaló, sus huesos crujieron contra el suelo húmedo y tibio. Se miró la ropa y las manos, estaba empapado en sangre fresca. La vieja mancha de óxido era ahora una laguna roja que llenaba la mitad de la sala.

El silbido volvió, pero lejos, como un débil eco. Mamerto se quiso levantar, pero la sombra estaba sobre él, blandiendo un fémur como si fuera un garrote. Sus ojos brillaban como carbones rojos y sus labios retorcidos estaban cosidos con un mecate viejo. Estrelló el hueso contra la rodilla de Mamerto, que se arrastró aullando de dolor. El saco se abrió y cientos de huesos se desparramaron sobre el suelo ensangrentado. Ahora Mamerto escuchaba el silbido dentro de su cabeza, afiladas agujas rebotando en su cráneo y arañando sus ojos desde atrás. Disparó cuatro veces más. El espanto avanzó. Mamerto se puso la pistola en la cien y jaló el gatillo.

El clic del barril vacío quebró su alma. El silbido resonó por última vez, haciendo vibrar cada fibra de su ser. La oscuridad engulló el rancho y Mamerto sintió un dolor sordo y profundo en el pecho, el frío lo envolvió y se sintió flotar hacia esos horribles ojos rojos, hacia el saco de huesos.

u/Imaginary-Thing-9222 — 18 hours ago

Star Wars 1313

Buenas noches, pequeños.

Otra semana más en casa. Se decidió mediante la democracia del Discord que hoy tendríamos Lost Media. Bien, acomódense, porque hoy vengo a darles un golpe muy bajo: ¿Son fans de Star Wars?

En caso de serlo, imagino que habrán jugado alguno de sus juegos dentro del amplio catálogo que manejan. Yo pasé horas y horas en Battlefront 2 para la PSP y la PS2, Lego Star Wars 1, 2, y muchas más horas en el increíble juego dedicado al capítulo 3. Una duda más: ¿cuál es su personaje favorito? Hay tantos, pero me atrevo a decir que gran parte de ustedes me dirán Boba Fett. Yo me divertía mucho cada que podía usarlo en Battlefront, y mi padre gastó una cantidad algo elevada en varias figuras del personaje que me dio. Honestamente no me gusta mucho, pero las guardo con cariño.

Bien, pues para el año 2012, LucasFilm tenía listo un juego: el Nivel 1313, que tendría como protagonista a Boba Fett. En él exploraríamos este nivel subterráneo del planeta Coruscant. Lo curioso aquí es que no solo perdimos un juego, perdimos la oportunidad de explorar y conocer a profundidad uno de los rincones más duros y turbios dentro de Star Wars.

Es sencillo saber por qué jamás lo vimos: pues en ese año Disney compró LucasFilm y el proyecto fue completamente enlatado.

Es aquí donde se pone un poco turbia la cosa. Cómo ya lo mencioné, el Nivel 1313 es el lugar más peligroso dentro de Coruscant, algo sumamente polémico y difícil de explorar, pues es aquí donde vemos la mayor organización de crímenes violentos y organizaciones criminales dentro del planeta. Sabemos que se controlaría a Boba Fett y que exploraríamos este lugar. Su jugabilidad y gameplay se parecería en mucho a Uncharted, según mencionan algunos foros. De hecho, este título tendría una temática más madura y oscura, pues estaba pensado para el público adulto y amante de estos títulos duros y lentos.

¿Disney realmente lo enlató por temas de desarrollo y presupuesto? La cuestión es que a día de hoy no lo sabemos. Tenemos algo de gameplay y material filtrado, pero seguimos sin conocer a profundidad la historia, el desarrollo y qué tan fuerte pudo llegar a ser. Quizá fue demasiado adulto, o quizá llegó a mostrar algo que era sumamente turbio; todo esto se basa en la especulación de los foros y muchos fans.

Sobre el Nivel 1313 de Coruscant sabemos muy, muy poco. Hemos tenido mención de él solo en el lore de Star Wars, y nunca una profundidad seria. Sabemos que también se intentó desarrollar una serie televisiva, pero igual fue cancelada. ¿Qué nos esconde el Nivel 1313 de Coruscant?

Bueno, como ya les conté, es un foso lleno de la peor escoria de la galaxia. Aquí ya hacen los mafiosos intergalácticos y toda la operación ilegal que se les ocurra. Dentro de este nivel podemos ver tráfico de sustancias, trabajos sexuales forzados, esclavitud y violencia a la orden del día. No sabemos hasta qué punto se exploraría esto dentro del juego, pero viendo los referentes, lo más probable es que este haya sido demasiado pesado para Disney, pues veríamos el lado frío y gris de Boba Fett al 100%: un caza recompensas impulsado por el dinero y el objetivo de sus misiones. No veríamos a un héroe, antihéroe o alguna figura que fuese un ejemplo a seguir; veríamos enteramente a un mercenario, alguien que no mata por placer, maldad o por un bien común; lo hace porque este es su negocio y debe ganar dinero a como dé lugar. Este juego pudo ser un reflejo exacto de los lugares más abandonados de nuestras sociedades perfectas. Nunca lo sabremos ahora; el proyecto fue enlatado y sellado al parecer para siempre.

Muchos videojuegos se cancelan por diferentes motivos. Star Wars 1313 prometió enseñarnos uno de los rincones más oscuros y duros de la galaxia. ¿Qué oculta realmente el Nivel 1313? ¿Por qué no nos han permitido conocer su historia?

u/Nahual-Nocturno — 22 hours ago

Los Kappa

El kappa (traducido del Japones como: "niño de río") es uno de los yōkai (espíritus o demonios de la Mitología japonesa) más famosos. Es una criatura anfibia, similar a un duende, con cuerpo escamoso, caparazón de tortuga y extremidades palmeadas, Son torpes en tierra, se sienten como en casa en el agua y prosperan durante los meses cálidos. Los kappa suelen tener el tamaño de un niño humano, pero a pesar de su pequeña estatura, son físicamente más fuertes que un hombre adulto. En la cima de su cabeza tiene una cavidad similar a un tazón llena de agua, si esta agua se derrama, pierde sus poderes o muere.

Habitan en ríos, lagos y estanques de Japón. Se les atribuye atraer a personas, ganado y niños hacia las profundidades para ahogarlos y devorarlos.

Tienen una gran fascinación por los pepinos. En Japón existe una forma de rollo de sushi de pepino llamado kappa maki en su honor. De hecho, se dice que, para evitar ataques de los Kappa, los granjeros colocaban pepinos cerca de los ríos, o les ofrecían pepinos a estos Yōkai para que los dejen en paz o les sirvan.

Son criaturas muy inteligentes y honorables que nunca rompen una promesa. Se dice que poseen conocimientos de medicina, que disfrutan practicando el sumo y que son capaces de aprender lenguas humanas.

Un truco clásico para vencer a un kappa es hacerle una profunda reverencia. Al ser criaturas muy educadas, el kappa responderá inclinándose, lo que derramará el agua de su cabeza y lo dejará inofensivo, o darle un Pepino.

los adultos viven en solitario. Sin embargo, es común que los kappa entablen amistad con otros yōkai e incluso con personas. Poseedores de una inteligencia aguda, los kappa son de los pocos yōkai capaces de aprender idiomas humanos. Tienen amplios conocimientos de medicina y del arte de curar fracturas. Según la leyenda, los kappa amigables enseñaron estas habilidades a los humanos. Para divertirse, les encanta hacer travesuras, practicar artes marciales como el sumo y jugar a juegos de habilidad como el shogi. Los kappa son orgullosos y tercos, pero también sumamente honorables; nunca rompen una promesa. Comen casi cualquier cosa, pero les gustan especialmente dos alimentos: los pepinos y el “Shirikodama”, un organo mitico que representa el alma de los humanos y que estan en…sus partes nobles…

En el sintoísmo, los kappa son venerados como una especie de espiritus (Kami) menores del agua. Es común ver ofrendas de pepinos en las orillas de los ríos por parte de personas devotas. A cambio, los kappa ayudan a la gente regando campos, acompañando a niños solitarios o compitiendo con adultos en deportes y juegos.

u/Mystery_User_1358 — 2 days ago

Ouija

Buenas noches, Pequeños. Como bien lo decidieron por nuestra comunidad de Discord, hoy vengo a hablarles sobre un tema de ocultismo: ¿Han jugado la Ouija?

Imagino que no debo decirles mucho para que tengan un contexto completo sobre este pequeño juego. Debo dejar algo en claro: el famoso tablero que todos conocemos fue un artículo pensado para su venta masiva, sin embargo, antes de que este llegara, ya se registraban ciertos juegos de invocación que tenían un mecanismo y uso similar.

Lo curioso es que ni siquiera necesitas comprar una Ouija. Desde mucho antes de que existiera el famoso tablero comercial, ya se realizaban juegos muy similares usando una hoja de papel, una moneda o cualquier objeto capaz de señalar letras y números.

Es aquí donde les pregunto: ¿Creen que estos juegos funcionan? ¿Se atreverían a jugarlos?

Si han leído mis publicaciones, sabrán que mi abuela estaba relacionada con el mundo del ocultismo. Si me hubiera dado una moneda por cada persona que llegó buscando ayuda porque había jugado uno de estos rituales, creo que sin problemas tendría una motocicleta, pues fueron muchos los casos a lo largo de su vida conmigo. Me mencionó que cuando ella era más joven fueron muchos más. Recuerdo que en una ocasión, mientras tomaba mis clases de catecismo, llegaron a la iglesia unos adolescentes muy asustados, pues habían estado tontorreando con una tabla Ouija y no les había ido demasiado bien. No recuerdo mucho de la experiencia, pues aún tenía una edad muy corta, pero tengo grabado uno de los testimonios de los chicos: él juraba que de repente a su primo se le deformó la cara.

Estos juegos me dan demasiado terror en lo personal. Muchos de los testimonios de los jugadores coinciden: el tablero les reveló secretos de manera exacta o les dijo algo que ninguno de los jugadores sabía. Cuando he llegado a tener una de estas en mis manos, he de confesar que el miedo me invade y se me vienen a la mente todos los casos que mi abuela me contó.

¿Ustedes le temen a este juego?

u/Nahual-Nocturno — 4 days ago

Masacre en la Calle Boyacá

Lo que se cuenta sobre los Magos Negros de Angostura no son solo rumores que alimentan la supersticiosa fábula guayanesa. Son una realidad oculta, cuyo ascenso y caída fue motivo de censura para una de las regiones más marginadas del país. Esta cofradía de eruditos de las prohibidas artes hizo del Casco Histórico de Ciudad Zamora su sede ocultista, y su guerra clandestina contra los devotos de la Santa Muerte manchó de violencia las avenidas del centro.

Ya no se celebran ceremonias nocturnas en la Piedra del Medio, ni se avistan figuras de negro en los cementerios a la medianoche, ni en las altas lomas con el recitar de conjuros para alterar el clima o comunicarse con ese más allá etéreo, y... ¿quién recuerda el accidente con la niña que secuestraron? ¿Y cuándo hubo la Masacre de la Calle Boyacá? Sacaron seis cuerpos despedazados en bolsas de basura, y la sangre corría por la avenida como un río desbocado... ¿Y, cuando alborotaron a los caimanes para zozobrar esa lancha con los extranjeros que venían de las ruinas megalíticas del Parque Canaima? ¿Por qué obedecimos a los Masones de Guayana y denunciamos a los Magos Negros de Angostura? Quizás esa matanza en la Calle Boyacá pudo haberse evitado.

Con todo el revuelo que está ocurriendo en Ciudad Zamora tras el Incidente denominado por las autoridades gubernamentales como la Noche de los Mil Demonios, se ha destapado una olla de secretos que permaneció mucho tiempo bajo el anonimato que caracteriza a estas sociedades secretas, y los funcionarios políticos que integran tan misterioso círculo. En los años setenta, en una de las casas coloniales que pueblan las avenidas del Casco Histórico de fachadas coloridas, se reunió un cónclave privado bajo la tutela de Rigoberto Astudillo: un español enigmático que migró al país huyendo de la dictadura franquista, y desempeñó un papel fundamental en la consolidación de la jerarquía en la ciudad.

Este extranjero de párpados caídos, cabeza pelada y barba añeja de bigotes rizados se presentó en sociedad como un ocultista de renombre, heredero de una fortuna de alquimistas árabes y hechiceros del Medievo que triunfaron en las cortes de los reyes europeos. Hasta que los estragos de la Revolución Francesa conjurada por el adversario Napoleón Bonaparte redujo a cenizas la grandeza de los imperios y la Iglesia Católica. Con esta presencia, consiguió ganarse una reputación de filósofo metafísico capaz de prodigios que la mente ordinaria apenas podría concebir en tertulias sociales. Reuniéndose con personajes como Luis Bartoloci, único estudiante guayanés del indecible Nicolás Fedor, y figura asociada a un culto de hechiceros anónimos; y Malaquías Gutiérrez, importante comerciante de las minas auríferas que movía grandes sumas de dinero en cargamentos que partían del aeropuerto.

La influencia de Rigoberto Astudillo era tal que, Leopoldo Sucre Figarella, Presidente de la Corporación Venezolana de Guayana; llegó a solicitar una membresía con tal de descubrir qué oscuras culebras se cometían a puertas cerradas en la Casona de la Calle Boyacá... pero el líder español lo rechazó amablemente con un voto de silencio.

Mientras que Luis Bartoloci hacía gala de trajes oscuros y enjoyados con un bastón fino en su mano al recorrer la orilla del Paseo Orínoco, Rigoberto vestía casacas militares del mediterráneo con medallas de guerras antiguas y pantalones gruesos que acentuaban la ferocidad de su presencia. Malaquías vestía con mocasines italianos y camisas de botones con prendas de oro en los brazos, y chaquetas de piel que deslumbraban las noches de ocio en el Malecón del Río... bebiendo litros de ron refinado y fumando tabacos ante las oscuras aguas.

La única que conoció los secretos de esta tríada de hombres poderosos fue la casona que Rigoberto habitó: una riqueza en barroco cuyo patrimonio arquitectónico relucía entre las muchas casonas oblongas de la inclinada Calle Boyacá. En cuyo interior se celebraron orgías, que solo los vecinos conocieron fugazmente como un rumor del infierno. Veían llegar en traslados grandes cajas que los chalanes depositaban en el interior, y cuyo contenido solo los más selectos candidatos podían descubrir. Ni los niños curiosos pudieron discernir qué se escondía bajo los paneles de oscurecimiento que resguardaban las ventanas.

Los poderes de Rigoberto Astudillo eran un enigma incluso mayor que su casona, pues todos sabían que los animales callejeros parecían inclinarse en temerosa devoción a su diestra; y que podía maldecir a cualquiera con solo una mirada, tanto, que se secaría hasta la muerte... como le sucedió a muchos de sus enemigos. No era rigurosamente católico, pero profesaba un conocimiento profundo de las sagradas escrituras. Heredó saberes ocultos de sus antepasados árabes y griegos, que estaba dispuesto a mostrar a todo aquel que quisiera «ver».

Contaba las proezas militares de sus bisabuelos señalando las medallas gastadas de su casaca, con una voz grave e hipnótica que paralizaba los salones de eventos... pudiendo dirigir enconados debates con una presteza increíble, y una gesticulación magnética. Era mil hombres en uno solo, y la sombra de Luis Bartoloci multiplicó sus espejismos hasta el infinito.

Desde su fundación, Ciudad Zamora fue el epítome de una saga fantástica de corsarios ingleses y migraciones esporádicas que trajeron consigo la consagración de creencias sobrenaturales. La cacería de El Dorado, esa ciudadela amurallada completamente labrada en oro que se escondía en las profundidades amazónicas, trajo consigo innumerables oleadas migratorias compuestas por hechiceros españoles, gitanos alquimistas, árabes soñadores e indios cosmopolitas... que hicieron del río una autopista de vaporeras zarpando a puertos desconocidos y comarcas indígenas. El florecimiento de la región y el sincretismo de religiones africanas, cristianas y autóctonas originó ciencias inigualables: mucho más poderosas que el saber milenario de los místicos europeos y sus códices indescifrables.

La Alquimia y su eterna persecución de la codicia por el oro y la indomable inmortalidad eran una rama putrefacta en un estanque de pordioseros. Así como el Código Enoquiano de John Dee que degeneró en pústulas gangrenosas como la Magia del Caos y los sellos salomónicos, y un millar de variantes occidentales. El extranjero concibió que el conocimiento profano del Viejo Mundo era una papel mohoso disuelto en ácido... solamente avivado por doctrinas herméticas e insidiosas.

Rigoberto Astudillo intuyó que la creencia simpática africana, la teúrgia medicinal autóctona y la espiritualidad cristiana habían originado un acervo de conocimientos mucho más importantes que el de cualquier otra cultura en la historia. Luis Bartoloci, cabecilla de Las Cuatro Calles, le abrió las puertas a la tradición en los mercados populares. Juntos se dedicaron al primer estudio científico de un océano de hechos empíricos en el que fluían corrientes de magia indescriptibles. Por su naturaleza satanizada ante los estigmas cristianos y el Hermetismo Europeo se denominaron los Magos Negros de la Angostura del Río Orínoco; dedicados a profundizar en las ciencias ocultas que entrelazan las reglas del Nuevo Mundo.

En sus primeros estudios—compartidos con el Círculo Ocultista de Puerto Bello en la época dorada de la metafísica académica hispanoamericana—, documentaron el fenómeno de la teriantropia nativa (esa cualidad mítica de los chamanes indígenas para transformarse en animales selváticos); y la naturaleza fantasmagórica de las entidades del Llano Negro y la Amazonía conocidas como «Canaimas». Este ciclo fue marcado por el debut de El Brujo de Angostura: el mestizo Manuel Felipe Rojas, portador del Catán de Guaicaipuro; una reliquia amazónica que perteneció a un Cacique Caribe cuya tribu fue absorbida por la civilización guayanesa, conservando antiguos poderes estudiados por los Magos Negros de Angostura en un intercambio de saberes. Este descendiente de mestizos les enseñó los secretos de la medicina naturista local y su cosmogonía autóctona basada en un descenso divino de la cima de los Tepuyes, tras un diluvio que destruyó el mundo.

Felipe los condujo hasta la Piedra de la Guanota donde realizaron ceremonias a los antepasados, y les explicó que el Rey Kanaima Jechikrai tenía una cohorte de espectros perversos coronada por María Lionza; y que estos demonios habían exiliado a los auténticos dioses de sus dominios para reinar sobre la muerte y el dolor.

Los recursos de Malaquías Gutiérrez, el empresario del oro, permitieron al creciente círculo de eruditos adentrarse en estepas selváticas en busca de saberes enterrados y penetrar en ruinas megalíticas. En un intento de hollar en aquel más allá desconocido al que los indios precolombinos cruzaron en fechas propicias. Llegaron a sobrevolar en helicóptero la frontera de la Amazonía buscando las pirámides del Templo de los Muertos Transparentes, visto por un batallón de soldados enloquecidos. También pernoctaron en las mazmorras encantadas del Castillo de San Francisco de Asís: fortaleza colonial poblada por duendes y espantos.

En esa época fueron comunes los fuegos nocturnos sobre la Piedra del Medio, cuyas llamas rutilantes sobre el Orínoco asustaron a la población ribereña; y las procesiones ceremoniales en el Cerro de los Báez, llamando a los espectros de la cruenta Batalla de Maracalí sobre el valle de chaparros.

Fue Rafael Rojas, Mago Negro de Marhuanta, quien plantó la idea de la Peregrinación Negra en el círculo ocultista. Para los que no conocen de Metafísica, esto se refiere a la inclinación por la Senda Oscura del Misticismo, sumergiéndose en las tinieblas como un ser más de la penumbra. Dieciséis eruditos integraban el grupo congregado en la Calle Boyacá, y las opiniones fueron en ambas direcciones. La amplia documentación europea sobre jerarquías de ángeles y símbolos demoníacos había comprobado la peligrosidad de esta senda. Contrario al inexplorado Panteón Yoruba, Vudú y Mayombé, cuyos designios apenas podían vislumbrar sin consecuencias.

A Luis Bartoloci siempre le habían fascinado las ciencias negras, y su pasado a la diestra del tenebroso Nicolás Fedor oscurecía su imagen. Como Hechicero de las Cuatro Calles conocía el poder de cada brujo de la provincia, y ningún conjuro era recitado sin que él estuviera enterado. Todos sabían que los Muertos le hablaban, ya que dominaba al espectro San Antonio del Cementerio mediante el Arte de la Palería. Subía la Montaña Sorte varias veces al año, y se bañaba en sus ríos para purificarse después de tantos Trabajos... Hasta las Materias de la Corte Vikinga temían su presencia.

Nadie conocía el origen de su fortuna, solo una vez reveló al Indio Manuel Felipe Rojas, que de muchacho trabajó en una finca ganadera de Nueva Andalucía y una tarde desenterró un cofre con unas monedas de oro, y se le apareció el Maligno en carne y hueso. Fue entonces que huyó al Llano Negro y conoció al terrible Nicolás Fedor y sus corruptas enseñanzas sobre Ánimas y huesos sangrientos.

A Luis no le gustaba hablar sobre la apariencia de este brujo siniestro. Todos lo conocían por el mito del Negromante, cuyos estragos en la época colonial sembraron el terror en la aristocracia criolla. Nicolás Fedor era el último estudiante de ese mago tenebroso: un soldado desertor de la campaña revolucionaria que creyó en los embrujos de aquel oscuro maestro, y se convirtió en un caminante inmortal del Llano Negro. Después de doscientos años seguía deambulando por las carreteras del país, tras la derrota del Negromante por el Brujo Curbano.

Bartoloci, después de haber bebido cerveza en demasía, y caído bajo la hipnosis lingüística de Rigoberto Astudillo... soltó que Nicolás usaba una túnica morada ceñida con un fajín verde, y en su mano se sostenía con un Yaguatero: un bastón cuyo cabezal era el cráneo de un tigre amazónico. Pero, incluso durante la gnosis había sellos mentales que no pudieron romperse.

Todos sabían que Luis había vislumbrado un poder que ellos solo podían teorizar. El brujo mítico había perfeccionado un arte desconocido en su convivencia con las Ánimas del Llano Negro y los Espíritus del Sorte.

La separación fue inminente: Luis Bartoloci decidió cortar lazos con Rigoberto Astudillo, con tal de seguir profundizando en lo prohibido ante la negación del líder. Uno fue señalado de imprudente, el otro fue tachado de cobarde, y los Magos Negros de Angostura se dividieron para siempre. Solo seis eruditos permanecieron fieles a la casona de la Calle Boyacá, mientras que Malaquías Gutiérrez y Manuel Felipe Rojas decidieron formar parte del séquito sin cuartel, infringiendo leyes como saqueadores de tumbas en incursiones nocturnas y aullidos indescriptibles que llenaron de terror los barrios en los márgenes de la ciudad. Circularon relatos sobre espectros chupasangre en las lomas convocados de tierras malditas, y rituales satánicos que buscaban propósitos indefinidos más allá de la vida y la muerte. Horribles conjuros de dioses muertos transcritos a libros prohibidos y susurros de la Dimensión Oscura.

En esa época se popularizó una religión retorcida que veneraba a la Santa Muerte, y cuando desapareció esa niña en uno de los colegios del centro, se señaló la Casona de la Calle Boyacá entre murmuraciones... mientras en el Cerro de los Báez se celebraban orgías fastuosas hasta el amanecer con el fluir de cánticos hebreos. Fue en esas impresiones nocturnas que las piedras se mancharon de sangre en honor al Malamén.

Rigoberto no soportó el bochorno público de los titulares y dejó de presentarse en sociedad como un filósofo extranjero. Las puertas de su casona de estudios se cerraron por ataques religiosos, y su éxtasis académico se vio interrumpido por la falta de mecenas. Se siguieron llevando a cabo las reuniones privadas y el desembarco de cajas cada vez más pequeñas... y no faltó quien opinara sobre su posible bancarrota y locura. Su reputación estaba por los suelos.

El accidente de Malaquías Gutiérrez fue uno de los más aterradores y lamentables del río. El hombre se había divorciado de Luis Bartoloci tras disgustos personales que jamás reveló—pero que debieron guardar relación con la niña desaparecida—, escalando hasta un altercado que llegó a los disparos en el Cerro de los Báez cuando se enemistó con los otros acólitos. En su último año, el millonario financió una investigación arqueológica en las ruinas megalíticas del Parque Canaima: una continúa expedición a lo desconocido junto a un grupo de universidades mexicanas y americanas. Habían desenterrado artefactos de piedra y pirámides singulares, cuando la lancha que debía conducirlos a la Amazonía zozobró por un ataque masivo de caimanes. Desde el Malecón del Río, una multitud de pescadores presenció como sendos carnívoros hundían la embarcación en un frenesí sangriento, que pintó las aguas marrones de un rojo agrio. No sobrevivió nadie, y durante semanas fueron depositados restos humanos en los bancos de arena de la orilla.

Las denuncias públicas de atrocidades en los camposantos municipales apuntaron a los Magos Negros de Angostura, mientras Rigoberto Astudillo se hundía en el anonimato. Aparecía en las avenidas del Casco Histórico como un espanto de otro tiempo para hacer la fila del pan y beber unas cervecitas en las licorerías, devorado por sus propios pensamientos. Los Masones de Guayana fueron quienes dirigieron una guerra silenciosa contra los devotos de la Santa Muerte, repudiando los ídolos espeluznantes de calaveras brillantes y sus dogmas sangrientos. Coordinando persecuciones de brujas con fusiles en los cerros y terrenos baldíos. Y hubieran seguido su campaña de desprestigio contra Rigoberto y Bartoloci de no ser por uno de los acontecimientos más terribles del centro de Ciudad Zamora...

El excéntrico extranjero no estaba bien de la cabeza, pues lo habían visto caminar descalzo por la madrugada y convivir con los muertos del Camposanto. ¡Se estaba germinando una idea siniestra en su mente trastornada por el repudio! Su sonrisa elocuente se derritió en una máscara de perpetua amargura, y las cajas apestaban a ratas muertas bajo la débil luz de sus reuniones secretas.

Tras meses de encierro y misivas venenosas dirigidas al Círculo Ocultista de Puerto Bello, Rigoberto Astudillo, otrora líder del séquito más prestigioso de la ciudad; hizo un llamado a sus antiguos compañeros para una asamblea magnífica que cambiaría para siempre la historia de la metafísica venezolana. Luis Bartoloci asistió dubitativo ante la premisa de una gran revelación que su antiguo líder diría, acompañado del mestizo Manuel Felipe Rojas como secretario.

A puerta cerrada se llevó a cabo una escalofriante confrontación de fuerzas desconocidas... que llenaría de confusión a todo aquel que intentase descubrir lo que ocurrió. Fue como un relámpago invisible penetrando en el interior de la casona, y despertando un latigazo de alaridos... y fogonazos.

Eran las cinco de la tarde en Ciudad Zamora y la Calle Boyacá gozaba de una calma perturbada por los gritos procedentes de la Casona de Rigoberto Astudillo. Despertando el clamor en la población residente. ¿De dónde provenía aquel escándalo? Fue un fenómeno inexplicable... como el rumor de una estampida jurásica aplastando los tejados de las largas casonas, y derrumbando las edificaciones perpendiculares de la Catedral. Hasta que una sucesión de disparos puso en alerta a las autoridades, que acudieron inmediatamente al sitio. La escena era lamentable: un río de sangre corría por el empedrado de la calle y el portón de la casona yacía derretido en la acera, como si el metal hubiese cedido a los estragos de un incendio que jamás se identificó. ¡Y un gato grande emergió del interior con el pelaje amarillo manchado de sangre! Los policías se espantaron ante el gigantesco felino, que parecía tener enrollado en el cuello el collar de piedras de Manuel Felipe Rojas—que desapareció sin dejar rastro de la escena—... y que se escabulló vía al Jardín Botánico y jamás se volvió a encontrar.

La escena del interior era horrible: seis cuerpos yacían despedazados en el salón—los seis fieles del grupo original—, mientras que las paredes eran tachonadas por los agujeros de bala de numerosas pistolas y casquillos encontrados en la alfombra. Luis Bartoloci fue encontrado en grave estado tras ser apuñalado por Astudillo en una confrontación directa. Fue trasladado de urgencias al centro ambulatorio... donde sobrevivió milagrosamente y se retiró de la vida pública.

El cadáver de Rigoberto Astudillo permanecía sentado sobre su silla de estudio con las medallas metálicas derretidas en la casaca manchada con la sangre de Bartoloci. Muerto por un disparo en la frente que él mismo cometió con la pistola Parabellum Luger que su abuelo saqueó de un alemán muerto durante la Segunda Guerra Mundial. Ninguno de los disidentes de Bartoloci sobrevivió, pues el fuego ametrallador de los fieles de Astudillo barrió con sus vidas al momento.

Nunca se supo qué ocurrió realmente durante el tiroteo de la asamblea magnífica de los Magos Negros de Angostura, pero los detectives concluyeron que fue una venganza planeada contra sus antiguos compañeros de estudio: unos brujos traicioneros, en sus palabras. Además, la Policía Técnico Judicial descubrió montañas de huesos dentro de las cajas que el casero recibía... desenterrados para oscuras finalidades en camposantos de todo el país.

Autor: Gerardo Steinfeld

u/Delicious-Belt7790 — 4 days ago

El Baku

Y finalmente, tras diez dias (a la fecha en la que publico esto) regresamos a Asia!

Los Baku son seres sobrenaturales japoneses (por esto no los puse como Criptidos, ya que este ser si es sobrenatural, para la Criptozoologia no cuenta como Criptido) según se dice, devoran las pesadillas. Tienen su origen en el Mo chino

Según la leyenda, fueron creados con los restos que sobraron cuando los dioses (Kami) terminaron de crear a todos los demás animales. Tienen una larga historia en el Arte Japones, y más recientemente han aparecido en el Manga y Anime

El baku es una extraña bestia sagrada similar a Bulgasari de Corea, al ya mencionado Mo chino o a la Quimera Griega, es descrito con cuerpo de oso, cabeza de elefante, ojos de rinoceronte, cola de buey y patas de tigre. A pesar de su aspecto monstruoso, los baku son venerados como poderosas fuerzas del bien y como uno de los protectores sagrados de la humanidad.

Los baku velan por los humanos y actúan como espíritus guardianes. Se alimentan de los sueños humanos, especialmente de las pesadillas. Los espíritus malignos y los yōkai temen a los baku y huyen de las zonas donde habitan. Por ello, la salud y la buena suerte acompañan a los baku allá donde van.

El nombre y la imagen del baku se han utilizado como símbolos de buena suerte en talismanes y amuletos a lo largo de la historia japonesa. Antiguamente, era común bordar los kanji de baku en almohadas para alejar las pesadillas, las enfermedades y los malos espíritus. Es frecuente encontrar imágenes de baku, de aspecto temible, talladas en los pilares sobre las puertas de los templos y en las columnas que sostienen los techos. El baku es una de las pocas criaturas sagradas veneradas de esta manera.

El término japonés Baku tiene dos significados actuales, que se refieren tanto a la criatura tradicional que devora sueños como al Tapir Malayo. En los últimos años, ha habido cambios en la forma en que se representa al Baku.

Antes de su adaptación a la criatura mítica japonesa guardiana de los sueños, un manuscrito japonés de principios del siglo XVII, el Sankai Ibutsu (山海異物), describe al Baku como una quimera mitica china tímida con trompa y colmillos de Elefante, Orejas de Rinoceronte, Cola de Vaca, Cuerpo de Oso, y patas de Tigre que protegía contra la peste y el mal, aunque comer pesadillas no estaba incluido entre sus habilidades. Sin embargo, en una ilustración japonesa de xilografía de 1791, se representa un Baku específicamente destructor de sueños con cabeza, colmillos y trompa de elefante, con cuernos y garras de tigre. La cabeza, trompa y colmillos de elefante son característicos del baku representado en grabados japoneses de xilografía de la era clásica (pre-Meiji) y en tallas de santuarios, templos y netsukes

u/Mystery_User_1358 — 6 days ago

La risa de un niño es lo más hermoso que puedas escuchar, a menos que sean las 3 am y estés solo en casa.

Hola Criaturas que leen:

Una de las manifestaciones más comunes son las de niños fantasma, es decir en casi todos los inmuebles se habla de apariciones de “una niña” o algo similar. Pero ¿son realmente niños? ¿no se supone que los niños van directamente al “paraíso”? ¿tiene asuntos pendientes que resolver en este plano si ni siquiera alcanzaron a desarrollar consciencia plena?

Muchos investigadores sugieren que no se trata de un "alma" consciente, sino de una huella energética grabada en un lugar debido a la intensa energía o vitalidad que tenía el niño en vida. La creencia popular dicta que algunos niños no cruzan al "más allá" porque no entienden que han fallecido o porque buscan a sus padres.

Según las leyendas urbanas, el espíritu de un niño a veces no "cruza al más allá" porque su mente infantil no logra comprender el concepto de la muerte. Se quedan porque están confundidos, buscan a sus padres o simplemente siguen jugando en el lugar que les era familiar.

Otros investigadores paranormales modernos no creen que los fantasmas sean almas atrapadas. Explican que los niños desbordan una enorme cantidad de energía vital y emocional. Al morir de forma repentina, esa energía queda "grabada" en el espacio físico como un eco. Lo que la gente ve o escucha no es un alma sufriendo, sino una especie de holograma o repetición del pasado.

Pero, algunos expertos en lo oculto advierten que los espíritus de niños son, a veces, entidades distintas que adoptan esa forma inocente para ganarse la confianza de las personas. Bajo esta teoría, lo que la gente ve son en realidad otras entidades de baja energía que se disfrazan de niños para no asustar a los vivos, generar lástima y lograr que les presten atención.

Para muchos expertos, si un alma infantil es pura, es teológicamente imposible que se quede atrapada en el mundo terrenal; por lo tanto, cualquier manifestación que parezca un niño es vista con mucha cautela.

Ahora, el instinto humano universal es proteger a los niños. Estas entidades buscan generar lástima, tristeza o el deseo de ayudar para que la persona les abra las puertas de su hogar o intente comunicarse con ellas. Al ganarse la confianza de los vivos, consiguen que la gente les preste atención constante, interactúe con ellos o les deje juguetes, lo que (según estas teorías) alimenta su presencia en el lugar. Una vez que la entidad ha ganado terreno y la energía del lugar ha cambiado debido a la obsesión o el miedo latente, las manifestaciones suelen volverse más pesadas, agresivas o caóticas (ruidos fuertes, objetos rotos o pesadillas).

Pero ¿ustedes que opinan? ¿Tienen experiencias con fantasmas de niños?

Los leo en comentarios.

u/Vonnei_Castillo — 6 days ago

Cinocefalos

Un cinocéfalo (del griego kynoképhaloi, "cabeza de perro") es una criatura legendaria con cuerpo humano y cabeza de perro o chacal.

Estaban asociados a dioses como Anubis, Wepwawet, Thot (como el mandril Aani) y Mercurio/Hermes. Eran símbolos de la escritura, la ciencia y los ciclos solares y lunares.

Historiadores antiguos como Plinio el Viejo y Ctesias describieron a los cinocéfalos como tribus de hombres salvajes y feroces que habitaban en tierras lejanas, como la India o Etiopía, comunicándose mediante aullidos.

En la iconografía medieval, existió la creencia de que algunas criaturas con apariencia de perro se convirtieron al cristianismo. El caso más famoso es el de San Cristóbal, representado en el arte bizantino y ortodoxo primitivo como un gigante con cabeza canina. Las leyendas indicaban que Dios le cambió el rostro para evitar el asedio de mujeres por su gran belleza o que pertenecía a una raza salvaje a la que se le otorgó el don de la palabra.

de acuerdo a los hagiógrafos, un coloso con cabeza de perro, dos aparentes características de los marmaritas, fue capturado en combate por los romanos y obligado a enrolarse en las legiones, para luego ser trasladado con su unidad a Antioquía, Siria, en donde el obispo Pedro lo bautizó y donde sufrió martirio en el 308 d. C. La unidad de soldados que apresó al fenómeno y a la que se incorporaría este recibió el nombre de Numerus Marmaritarum o «Unidad de los marmaritas»

-POSIBLE EXPLICACION-

Richard Blythe, autor del libro Bestias fabulosas, comenta que los primeros exploradores contaban historias de hombres con cara de perro que vivían en los bosques, planteando el autor que quizás lo que vieron fue una especie de Lemur llamado Indri Indri

u/Mystery_User_1358 — 8 days ago

Ocupo ayuda de la comunidad.

Hola a todos, desarrollé mi primera app sobre literatura apocalíptica judía — 1 Enoc, 2 Enoc, 3 Enoc y Jubileos — en español. Se llama ARABOTH — El Séptimo Cielo y estoy buscando testers antes de publicarla oficialmente en Play Store. Si les interesa la angelología, los libros apócrifos o simplemente quieren ayudar a un dev independiente, les agradecería mucho. ¿Alguien se anima? 🙏

reddit.com
u/Abject_Researcher_22 — 6 days ago

Hombres de Negro Pt2

Bien, pequeños, continuemos con nuestra charla sobre los Hombres de Negro.

Anteriormente vimos el caso de Albert K. Bender

Creo que existe mucho escepticismo en este tema. Les doy una prueba extraña: el sábado de la semana pasada, AtomikMariachi nos mostró un vídeo donde veíamos movimientos extraños en el cielo. Muchos comentarios marcaron lo mismo, diciendo que se trataba de satélites. Es aquí donde viene mi primera pregunta: si mucha de la evidencia OVNI tiene explicación científica o coherente, ¿por qué aparecerían estos sujetos de negro?

El patrón de operación es errático. Existe alguien que se dedica a la investigación OVNI o ufológica. Muchos años no ha sido tomado en serio, pero de repente logra capturar algo: una prueba medianamente contundente o muy contundente. Es entonces cuando ellos llegan. No se presentan ni te preguntan tu identidad; la saben, y sus dudas van todas sobre el descubrimiento o evidencia reciente que adquiriste. A veces la confiscan o la destruyen enfrente de ti. De alguna manera extraña ya tienen toda la información, y no sabes cómo. Si tus pruebas no son tan contundentes, quizá solo te hagan un interrogatorio incómodo y te den una ligera amenaza. Lo peor es que no estás a salvo en ningún lugar: saben dónde estás y te abordarán aunque estés en público.

Un caso que me perturba bastante es el del Doctor Herbert Hopkins, quien tuvo contacto con estos tipos luego de investigar varios casos OVNIS. Es aquí donde vemos los comportamientos raros, pues menciona que uno le diría algo sobre su energía: se estaba agotando. Esto es extraño y ha llevado a un debate interminable en redes sobre si estos seres son realmente humanos o si son alguna especie de robots o trajes mecánicos para una serie de seres alienígenas.

Otro caso extraño fue el de Harold Dahl. A él lo abordaron en una cafetería, a la vista de todos, completamente en público mientras desayunaba. Él no era un investigador ufológico solo era un civil que trabajaba con barcos. Según su testimonio, descubrió y obtuvo evidencias concretas de objetos voladores sobre la Isla Maury, pero jamás fueron publicadas gracias a estas amenazas.

Piensen: tiene más sentido si, como gobierno oficial, citas a los ciudadanos y les impartes alguna multa o alguna sanción por revelar secretos gubernamentales en caso de ser algo así como un experimento militar. Ahí sí tendría sentido una sanción usando la protección de la seguridad nacional. Si fuese algo por parte de privados (como un satélite o algún modelo a escala de algo por diversión, incluso prueba de nueva tecnología), ¿qué sentido tendría enviar a actores o investigadores privados?

¿Si no se trata de algún OVNI, por qué gastar recursos? Esta es la parte que no encaja para nada. Los testimonios están ahí y se han mantenido a lo largo del tiempo; no tendría nada de sentido dejar esta evidencia.

Inclusive actualmente, en algunos avistamientos recientes de OVNIS, semanas o días después, gente afirma ver agentes de traje negro cerca de la zona realizando algunas actividades de reconocimiento o algo así. Esto honestamente podría ser solo una coincidencia, pero nada está confirmado aún. Estos reportes son mucho menos frecuentes que en el siglo XX, los avistamientos de estos agentes han disminuido y han llegado a casi un cero absoluto (si no es que ya llegaron al cero). Pero esto lo abordaremos en la parte 3: ¿por qué desaparecieron los Hombres de Negro?

Les dejo la primera parte de este caso:

https://www.reddit.com/r/la\_seccion\_prohibida/s/CoO5A7kMPb

Y les recuerdo que pueden unirse al Discord cuando quieran:

https://discord.gg/qtKndGbDf

u/Nahual-Nocturno — 8 days ago

Estrellas que se mueven

Saben, soy un pésimo tío. Tengo un sobrino pequeño, tendrá actualmente como unos 7 u 8 años (ni siquiera sé su edad, así de malo soy). Es bueno en la escuela, según dicen sus padres, y este año le tengo un regalo muy especial, pero me estoy desviando.

El pequeño conoce un poco de esta movida en La Sección Prohibida y creo que le cuenta a sus amigos de la escuela. Al parecer se ha vuelto muy popular por sus historias de terror; qué les digo, viene en la sangre. Hace relativamente poco, el jueves de la semana pasada, me vi envuelto en las actividades de su escuela por los festejos del Día del Padre.

La verdad no fue gran cosa, solo les ayudé a adornar su salón y con las manualidades. Si les soy honesto, no quería ir, pero su madre me obligó.

Para no hacerles el cuento largo, hubo un punto en el que descansamos un tiempo de las actividades y él, junto con tres amigos suyos, me contaron algo que al inicio pensé que era una mentira, si les soy honesto.

Dos de estos niños viven en una zona de la ciudad algo apartada, donde casi no llega la contaminación. Uno de ellos me dijo que su papá era como yo (aficionado a estos temas) y que él veía estrellas moverse y cambiar de color. Yo, como tal, no les seguí el juego (porque no me gusta asustar niños), le dije que seguramente eran aviones o satélites, porque las estrellas se mueven muy rápido y no podemos verlas (claro está, afirmación mía sin ningún fundamento, solo por decir). Pero el pequeño me dijo que no era así, que estas estrellas se movían lentamente y debes observar muy bien el cielo para verlas.

La cosa acabó ahí. Yo seguí incrédulo; quizá eran niños mintiendo solo para llamar la atención de un adulto que respetan de cierta manera. Hasta que me topé con esto:

https://www.reddit.com/r/UFOs/s/yaBAjbYne8

El 23 de junio del 2026, el usuario LuckyJay151 publicó este vídeo. Fue captado en Bradshaw Ranch, una propiedad del gobierno de USA en Arizona. Registra múltiple actividad OVNI, y este vídeo nos prueba lo que este niño decía: estrellas moviéndose y cambiando de color. Está acelerado, o sea que esto pasaba a magnitudes de movimiento muy lentas. La verdad me quedé helado, porque aquel menor tenía razón. Esta actividad OVNI no solo se registra por esas zonas, al parecer. Me gustaría decirles que tengo alguna conclusión o explicación, pero no. ¿Qué creen que sea lo que vemos en el vídeo? La verdad yo no lo sé.

u/AtomikMariachi — 11 days ago

Informe de recuperación del artefacto anacrónico identificado como Piedra Betancourt, después de su rastreo en...

Informe de recuperación del artefacto anacrónico identificado como Piedra Betancourt, después de su rastreo en una de las numerosas favelas en el sector marginal de Nueva Bolívar, conocido popularmente como Barrio Venezuela. Los agentes fundacionales Rafael Sandoval y Frederick Rojas fueron delegados para la operación, tras los reportes clínicos sobre un hombre que escupía fuego... y otro que sufrió una evisceración traumática masiva—es decir sus vísceras explotaron fuera de su barriga—, en el barrio perimetral de la capital.

El especialista informático Victor Horacio, del Departamento de Análisis de Datos, rastreó la posición en una conjunción de favelas inhóspitas del sector, habitadas por vagabundos desamparados y adictos a los psicotrópicos. Los hombres, con el equipo de protección biológica adecuado y el maletín de contención, barrieron las chozas formadas por tabiques de plástico y láminas de zinc en busca del artefacto extremadamente peligroso identificado como «Piedra Betancourt».

Después de horas de requisición e interrogatorios a la población disidente de la zona, los agentes ingresaron a un caserío abandonado en el que anidaban pordioseros drogadictos, encontrándose con una escena lamentable en torno al artefacto. Según las fotografías referenciales y documentos relativos, la Piedra Betancourt es un objeto esférico de catorce centímetros de diámetro, posee una coloración rosada y una textura rugosa; (y todo el que la toque sufrirá fuertes alucinaciones).

Aquel artefacto extraño estaba posado sobre un escritorio viejo, rodeado de indigentes adormilados y drogadictos de ojos saltones que vociferaban a grandes voces, en medio de una tertulia desquiciada, producida por la alteración psicotrópica.

Los agentes habían estado conversando sobre el desempeño de los japoneses y venezolanos en la liga americana de béisbol; pero callaron inmediatamente, y el comunicador empezó a transmitir el audio de aquel tugurio de adictos. La mayoría en estado comatoso por la ingestión de opioides, como muertos en vida.

«Entonces el Presidente Herrera Betancourt destapó el pozo petrolero de Punto Fijo, y él... y ellos... descubrieron lo que se removía en el agujero negro, y lo sellaron bajo catorce metros de concreto reforzado. Pero, eso no paró la producción de la refinería, ¿está temblando la casa? —El sujeto era un hombre raquítico de cabello rizado y bigote descuidado. Su aspecto era el de un delincuente tostado por la necesidad, y sus ojos llorosos parecían esgrimir una mariconera corrupta—. Oye, brother, ¿son los cazafantasmas o qué?».

Entonces, los agentes fundacionales se colocaron las máscaras de gas, desenfundaron las zamoranas nueve milímetros de sus uniformes grises de cuerpo completo y comenzaron a matar a todos los presentes. Uno de los adictos despertó de su estado—visiblemente alterado según los analistas de la grabación audiovisual—, y gritó enloquecido, abriendo fuego con una pistola ametralladora escondida en sus calzones sucios. Los agentes se lanzaron de pecho al suelo ante la lluvia de proyectiles... y Rafael comenzó a maldecir por haber caído sobre un charco de vómito, y tener que arrastrarse mientras las balas zumbaban sobre sus cráneos. Un grito se alzó sobre el estruendo: «¡Eso le pertenece a Barriga de Perra, malditas putas del gobierno!». Su compañero, Frederick, consiguió girar sobre su cuerpo y fulminar al enemigo con dos disparos en el pecho.

El adicto se desplomó con los ojos en blanco, tras un subidón orgásmico al cerebro por el paro cardíaco. No tardaron en matar a los pordioseros restantes de aquella favela de paredes de cemento carcomidas por la erosión y techumbre de lámina podrida. Catorce muertos en total, que aparecerían en los diarios como «un ajuste de cuentas entre bandas criminales por mercancía cortada con porquería»; y un agente bañado en vómito radioactivo que sería puesto en cuarentena temporal y sometido a análisis médicos preventivos. Ambos se acercaron a la Piedra Betancourt, cuya superficie rosácea lo hacía parecer el huevo fosilizado de un dragón bermejo... y se colocaron los guantes de elastomero, abriendo el maletín de acero reforzado mientras hacían alusión a los granos genitales de un gigante, y que el objeto era sumamente asqueroso.

Frederick miró largamente a Rafael.

«¿Qué miras tú? —Respondió el segundo—. ¡La mamá tuya va a agarrar esa piedra! ¡Estoy bañado en mierda, por Dios!».

«Pero que fucking asco, brother—dijo Frederick antes de levantar la piedra con la punta de los dedos, y depositarla en el interior reforzado con goma aislante y plomo—. ¡Maldita sea el Diablo, me voy a vomitar en la máscara!».

«¡No vayas a vomitar, maldito! ¡Este espacio está contaminado!».

Afortunadamente, no lo hizo... y recuperaron el objeto sin complicaciones. La zona sería clausurada, y los cuerpos incinerados y depositados en una fosa común por las autoridades gubernamentales como simulacro de prevención. La extraña Piedra Betancourt sería resguardada en una celda de concreto armado, en las profundidades de una de las instalaciones fundacionales... cuya ubicación secreta no puede ser revelada al público.

Este informe fue desclasificado en octubre de 20XX, por decreto de [CENSURADO].

u/Delicious-Belt7790 — 8 days ago

Heredarás el Humo (Cuento de terror)

El monasterio de San Adrián reposaba bajo las estrellas en medio del bosque; los árboles susurraban secretos a los locos que se hallaban despiertos en sus celdas; algunos respondían, otros fingían que no escuchaban. El profundo tronar de la campana los hizo callar. En el claustro, largas sombras se arrastraban por las paredes, seguidas por una fila de monjes que avanzaba en silenciosa procesión. Cerrando la marcha iba Esteban con una vela en alto; cada pocos pasos se giraba para ver cómo las tinieblas se tragaban la galería tras él. A su derecha, se extendía el jardín interno, habitado por retorcidas formas que siempre llegaban con la luna.

Los cantos se elevaban con el incienso entre las columnas de la capilla. Esteban esforzaba su garganta; le picaba por el humo, pero sabía que el propósito de los maitines era espantar a los demonios que rondaban al amparo de la noche, así que no se detuvo y su voz reverberó con el coro ante la gloria de Cristo, que los vigilaba desde la cruz. Cuando los cantos cesaron, una voz continuó vibrando en la lejanía, más allá de la capilla y de la oscura galería. Venía del calabozo.

Los monjes se miraron. Esteban se quedó quieto y bajó la vista, pero sintió ojos sobre él.

—Hijo mío, ocúpate de esa pobre alma —dijo el prior.

—¿A-Ahora? —tartamudeó Esteban.

El prior se limitó a levantar una ceja. Esteban tomó su vela y se puso en marcha. Abrió la puerta y otro grito estremeció la penumbra. Después de una profunda inspiración, el monje avanzó con lentitud. Quería dar tiempo a que apareciera algún guardia. Nunca le gustaron, parecían acechar tras cada esquina; un solo grito bastaba para que cayeran sobre los pacientes con sus garrotes, mientras que él y sus hermanos se ocupaban de encarrilar sus almas.

Cuando llegó a la entrada del sótano, los gritos se habían convertido en sollozos. Bajó con la espalda contra la pared y la vela en alto; los peldaños en caracol giraban hundiéndose en la tierra. El llanto se atenuaba. Ahora no era más que un susurro que se arrastraba desde las profundidades.

—Vuelve a tu agujero, te destierro, te destierro— decía la voz.

Unos escalones más y Esteban vio la apertura en la piedra. Cruzó el umbral. La tierra batida y la paja crujieron bajo sus sandalias mientras avanzaba a la luz de la vela, que apenas iluminaba las puertas a cada lado del pasillo, haciéndolas vibrar con temblorosas sombras. El llanto venía de la celda nueve, al fondo.

Esteban tuvo que manipular la llave con las dos manos, pues se negaba a entrar en la cerradura. Después de un sonoro chasquido, la puerta giró con lentitud.

—Por todos los Santos, ¡pero qué has hecho, desdichado! —exclamó, horrorizado.

La claustrofóbica celda era un hueco de oscuridad que apestaba a sudor y orines. La luna se filtraba entre los barrotes y dibujaba un rectángulo de plata en el suelo encharcado. Una mancha oscura crecía en una esquina. Y en la otra, estaba Pedro, mirando con la cara desencajada de miedo a Esteban y luego al trozo de cántaro roto manchado de carmín que sostenía en la mano.

—Yo no quise hacerlo, padre —gimió—. Él tenía la perdición en las entrañas… Yo lo salvé. ¡Estoy haciendo la voluntad de Dios!

Esteban se apartó y dejó entrar a los guardias. Rezó mientras el eco de los golpes resonaba por el pasillo de piedra.

Esa mañana enterraron a Juan en el pequeño cementerio que había detrás del monasterio. El prior se retiró apenas terminó los ritos obligatorios y dejó a Esteban con un par de guardias, que llenaban el foso con evidente fastidio.

—Me dijeron que viste lo que pasó —susurró uno.

—Sí, tenía el pecho abierto. Fue Pedro. El padre Esteban lo encontró escarbando entre sus entrañas. Luego Cristóbal y yo lo molimos a palos como la bestia que es.

Esteban apretaba el rosario en el puño mientras los hombres cuchicheaban.

—¡Basta! —gritó antes de darse cuenta—. ¡Están al servicio de Dios! ¡Muestren respeto!

—Perdón, padre —mascullaron ellos.

Esteban se retiró, acelerando el paso para no escuchar las risitas a su espalda. Se dirigió a la capilla. El olor a piedra y a incienso lo calmó. Respiró hondo y se arrodilló frente a la cruz.

—Perdóname, señor —rezó—. He pecado de ira.

—Tienes razón, hijo mío —susurró algo desde arriba.

Esteban se paralizó, sin atreverse a mirar, ni respirar. La voz sonó ahora clara y profunda.

—Esos malnacidos merecen morir.

Pegado a la cúpula, detrás de la Cruz, había un hombre. Su cuerpo era de carbón, con largos dedos que se hundían en la piedra; sus ojos de azabache devolvían el brillo del candelabro. Sin poder respirar, Esteban levantó el crucifijo. El demonio sonrió ante la pequeña figura de madera, y tras el parpadeo de una vela moribunda, desapareció.

Aun atolondrado, Esteban se encaminó hacia el locutorio para ocuparse de los internos. Escuchó sus balbuceos incoherentes y les dedicó plegarias que recibieron con ojos distraídos y bocas babeantes. De vez en cuando miraba por la ventana con creciente pavor. La luz se tornaba rosa. Era hora de darles de comer a los habitantes del calabozo.

Esteban abrió la puerta de la celda. Acurrucado en una esquina estaba Pedro, cubierto de cardenales. No miró el mendrugo de pan que se le ofrecía.

—No tengo hambre. Quiero estar ligero cuando me vaya.

—No saldrás de aquí, Pedro. Come, o llamaré a los guardias.

—¡Que vengan! ¡Que sus garrotes decoren mi piel con rojos besos! El dolor es dulce cuando tiene un propósito.

—Has matado a un…

—¡He liberado a un hombre! ¡Estaba corrupto! ¿Acaso no lo escuchas?

—¡Estás en la casa de Dios! ¿Cómo te atreves?

Pedro bajó la voz y adoptó un tono de complicidad.

—Hermano, sé que tú también lo ves. La oscuridad que llega con el crepúsculo no es de este mundo. Es densa… Viva. Camina por los pasillos. Se pega en los techos de las capillas detrás de nuestro Señor.

De repente, la celda parecía girar.

—¿Qué has dicho?

—¡Somos hermanos en esta batalla! —Los ojos de Pedro brillaban dentro de sus profundas cuencas—. ¡Busca el sonido de la uña, hermano! ¡Una uña que rasca!

Esteban cerró la puerta y se alejó. Todavía podía oír el eco de Pedro desde el pasillo: ¡Una uña que rasca!

En los días que siguieron, el monje se volcó por completo en la oración y el trabajo para olvidar aquellas blasfemias. El sol vagaba por cielos cada vez más grises, trayendo noches de larga vigilia. La piadosa imagen de la virgen se convertía lentamente en fría piedra y las plegarias no eran más que palabras.

Una luz cenicienta se colaba por las pequeñas ventanas del locutorio, donde se reunían los internos bajo la mirada de un santo que ya nadie reconocía. Su rostro negro de moho, su báculo roto. La voz cansada de Esteban se alzaba por encima de incoherentes murmullos.

—Y alzó su voz al cielo y dijo “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. ¿Recibiremos de…

Un sonido hizo a Esteban estremecerse. Provenía del fondo de la habitación, lejos de la lumbre. Uña contra piel, rítmico e insistente. Tomó una vela y avanzó con cautela. Los internos comenzaron a balbucear tras él. Aquel sonido le provocó al monje escozor en la nuca. La temblorosa llama reveló unos pies sucios, seguidos de un cuerpo pálido, cubierto de costras. Aquel ser escarbaba con abandono su cabeza, calva y llena de llagas.

—Detente… —ordenó Esteban. La comezón era más fuerte.

La mujer se giró.

—Me pica. ¡Ayúdeme, padre! ¡Ayúdeme! —carraspeó, extendiendo una mano de uñas rojas.

—¡Alto! ¡Guardias! ¡Guardias!

Los guardias aparecieron enseguida y se llevaron a rastras a la mujer entre gritos y patadas. Esteban volvió a su lugar. Los locos ahora lo esperaban en silencio. Continuó el sermón, las palabras se arrastraron inquietas.

—“¿Recibiremos de Dios el bien, y no recibiremos también el mal?” Y callaron los cielos, y no hubo respuesta…

Esa noche, acompañado por una solitaria llama, Esteban rezaba frente al altar de la Virgen, que lo miraba indiferente desde arriba. Tenía las piernas entumecidas y la espalda le dolía, pero siguió arrodillado. Había repetido el Ave María tantas veces que las palabras brotaban solas. Los párpados le pesaban. Bostezó, pero la oración no se detuvo. Esteban escuchó atónito cómo su voz reverberaba entre los muros en una eterna letanía. Se encogió en un rincón hasta que el ultimo eco murió.

En el silencio, pudo distinguir el sonido de pezuñas golpeando la piedra. Venían de afuera y caminaban en dos patas. Se acercaban por el pasillo. Esteban se puso de pie y recitó un salmo de protección.

—Dios todopoderoso…

Las palabras comenzaron a rebotar de nuevo contra los muros. Los pasos resonaron.

—Luz en la oscuridad…

Un rancio vaho llenó el pasillo y Esteban pudo distinguir dos cascos bajo la puerta, envueltos en negro pelaje. La madera crujió bajo afiladas garras.

—Mira a tu siervo en la tribulación…

Desde la puerta brotó una sombra que reptó por suelos y muros hacia Esteban. Los crujidos se convirtieron en golpes que retumbaban dentro de su cabeza. Retrocedió hasta el altar, derribándolo. Una lámpara de aceite estalló contra el suelo en un reguero de fuego. La sombra se retiró, dejando solo el rechinar del silencio y un olor a huevos podridos.

Los anillos del prior lanzaban destellos dorados a través de la rejilla del confesionario. Esteban se removía nervioso sobre el banquillo.

—Padre… Anoche he visto algo —susurró.

—¿Qué viste, hijo? ¿Tuviste un mal sueño?

—No. Estaba despierto. Rezaba, y el diablo me atacó. Era una sombra.

—Visiones. El fruto de una mente ociosa. Te he visto deambular por los pasillos. Temeroso, siempre con una vela —dijo el prior mientras se rascaba el brazo—. La llama ilumina, pero también deforma las sombras… Y la percepción.

—Sé lo que vi…

—Espero que no estés insinuando que el diablo se pasea a sus anchas por la casa de Dios, Esteban.

—No, padre.

—Trabajarás en el huerto con el hermano Bartolomeo. —El prior se rascaba el mentón bajo la barba—. El sudor limpiará el miedo que te nubla el ceño. Si no, ya se verá.

Esteban salió de la capilla con la mandíbula trabada; el aire se negaba a llenar su pecho. El huerto quedaba por la galería este, pero él se dirigió al oeste, hacia los calabozos. Bajó las escaleras de caracol, girando hacia la penumbra. Las llaves tintinearon. La puerta chirrió. Pedro esperaba de pie. El sol se colaba por la ventanita, creando un halo sobre su enmarañada cabeza.

—Lo has visto —se limitó a decir.

Esteban asintió.

—Era una sombra que me rodeaba. Recé, pero…

—Ya te lo dije, hermano, estas piedras están malditas. Las oraciones no pueden salir. Estamos solos.

—Creo que le teme al fuego.

Una sonrisa se extendió por el arrugado rostro de Pedro.

—Oh, candela divina que custodias el trono dorado… ¡Una oportunidad! —exclamó, para luego susurrar de nuevo—. Ya sabes lo que hay que hacer, hermano.

—¡No puedo hacer eso! —siseó Esteban.

Fue a cerrar la puerta, pero Pedro se abalanzó sobre él. Cayeron sobre la paja y Esteban sintió la mano sobre la boca, el hedor sofocante de un cuerpo abandonado. A contraluz, Pedro solo era una sombra.

—Shhh… escucha.

Esteban se quedó quieto. Escuchó las dos respiraciones. El goteo sobre la piedra. Y ahí estaba, tenue pero inconfundible: uñas rascando la puerta de una celda. Luego vino el picor en la nuca, y el escozor se extendió por el pasillo, pronto las doce puertas se sacudían con furia. Uñas y astillas rompiéndose en un coro de alaridos.

—¡Está aquí! —gimió Pedro.

—Dios bendito…

—¡Que suenen las trompetas y llueva fuego! —Pedro se levantó y tiró de Esteban con sorprendente fuerza, poniéndolo de pie—. Marcha sin miedo, hermano. ¡Que pronto nos alzaremos hacia los cielos en alas de ceniza y humo!

Esteban corrió escalera arriba. Tres guardias ya bajaban, atraídos por el ruido.

—¿Qué son esos gritos, padre?

—El demonio. Está aquí. ¡Busquen antorchas! ¡Busquen fuego, insensatos!

Esteban soltó la camisa del hombre, que lo miraba confundido, y los dejó allí. El cielo ardía cuando salió al claustro. En el jardín las sombras se agazapaban bajo los arbustos, extendiéndose lentamente con dedos inquietos mientras el monje se abría paso hacia la bodega. Cuando llegó, ya había alguien dentro: el hermano José se giró sobresaltado al escuchar la puerta. Tenía una taza entre las manos y las mejillas coloradas.

—¡Hermano! Creía…

—Ahórratelo. No hay tiempo.

—¿De qué…?

—¿Es que no lo oyes? —gritó Esteban extendiendo los brazos. Las uñas raspaban tras las paredes y el suelo, profundo, bajo la tierra misma.

José no miró las paredes, ni el suelo, que vibraba bajo sus pies. Se limitó a ofrecerle la taza.

—Bebe, hermano… —sonrió—. Esto calmará tu corazón.

Esteban miró el líquido oscuro. La mano. Tenía las uñas largas. Negras. Era una garra que ofrecía veneno. Apartó la taza de un manotazo y saltó sobre aquel demonio que lo tentaba. Se estrellaron entre los barriles. Esteban se congeló con el puño en alto. Bajo él yacía su hermano. Buscó el perdón en sus ojos, pero se encontró con una tormenta de golpes y arañazos, aferró la garganta y apretó hasta que la piel se tornó morada y los ojos rojos. Las paredes crujían, ahogando el llanto del monje.

De la boca de lo que era su hermano, surgió un líquido negro y borboteante. Esteban volvió en sí. Tomó la antorcha del muro y la acercó al charco que se extendía bajo el cadáver; las llamas saltaron enseguida, envolviéndolo.

Sin perder tiempo, cargó dos barriles de vino en una carretilla y corrió por la galería, antorcha en mano. Las sombras se apartaban a su paso, los barriles chorreaban, dejando una senda de fuego. Los gritos comenzaron a llegar: ¡Fuego! ¡Deténganlo! Pero Esteban no se detuvo. Bañó de ardiente vino el claustro, embistiendo a quien se interpusiera. El rascar remitía. Las sombras se volvían humo y todo resplandecía con luces de sangre y oro. De repente, sintió un golpe en la rodilla y cayó. La carretilla se volcó. Los barriles continuaron hasta la capilla, hasta el altar, donde estallaron con un furioso rugido. Esteban reía mientras los garrotes llovían sobre él.

La claustrofóbica celda era un hueco de oscuridad que apestaba a sudor y a sangre. La luna se filtraba entre los barrotes y dibujaba un rectángulo de plata en el suelo encharcado. Esteban sollozaba en una esquina. El fuego se había apagado. Solo quedaban las uñas, escarbando bajo la roja carne dentro de su pecho; rascando sus costillas desde adentro con cada inspiración. Esteban gritó entre dolorosos estertores. A su lado estaba Pedro. Sus ojos brillaban como ardientes luceros.

—No te preocupes, hermano. Te ayudaré —susurró, y recogió un trozo de cántaro.

u/Imaginary-Thing-9222 — 10 days ago

La Serpiente Emplumada

La Serpiente Emplumada es una de las deidades y símbolos más importantes de la cosmovisión mesoamericana. Representa la dualidad humana: la serpiente simboliza el cuerpo terrenal y los lazos con la tierra, mientras que las plumas (generalmente de quetzal) representan la naturaleza espiritual y el reino celestial, La iconografía asociada a esta divinidad se estandariza durante los últimos años del Periodo Preclasico (mas o menos durante culturas como la Olmeca, la Maya temprana, la Cultura Cuicuilica, zapoteca, y Chupícuaro).

El culto a esta deidad abarcó múltiples civilizaciones prehispánicas y sus nombres variaban según la cultura, como Quetzalcoatl para los Mexicas (erroneamente llamados Aztecas), Kukulcan para los Mayas, o Q’uq’umatz para los Mayas K’iche

Esta deidad inspiró algunas de las estructuras más imponentes de la arquitectura prehispánica: En la Ciudadela, se encuentra el Templo de Quetzalcóatl, famoso por sus magníficas esculturas de cabezas de serpiente rodeadas de conchas y caracoles. templo principal maya, también llamado El Castillo, está dedicado a Kukulkán. Durante los equinoccios de primavera y otoño, el sol proyecta sombras en la escalinata norte que crean la ilusión óptica de una serpiente descendiendo.

-LAS TRES FORMAS DE LA SERPIENTE EMPLUMADA-

1.-Quetzalcoatl: del náhuatl quetzalli -pluma hermosa- y coatl -serpiente-, es una de las deidades más importantes de Mesoamérica. Conocido como la Serpiente Emplumada, representa la dualidad humana y divina: el cuerpo terrenal (serpiente) y el espíritu (plumas), es conocido por ser el Dios de la vida, el viento, la luz, la fertilidad y el conocimiento. Se le atribuye la creación de la humanidad y el descubrimiento del maíz

2.-Kukulkan: es una de las deidades más importantes de la mitología maya, conocida como la "Serpiente Emplumada". Es el dios creador asociado con el viento, el agua, la fertilidad y la sabiduría. El monumento más famoso dedicado a esta deidad es la pirámide de "El Castillo" en la zona arqueológica de Chichén Itzá, en la Península de Yucatán. Esta estructura es una maravilla de la arquitectura y la astronomía mesoamericana Kukulcán, del que hablan los arqueólogos, es la deidad que más frecuentemente aparece en los manuscritos del Códice de Dresde y otros.

3.-Q’uq’umatz: es el dios creador de la lluvia, el viento y la sabiduría en la mitología de los mayas k'iche'. Su nombre se traduce literalmente como "Serpiente Emplumada". Apareciendo en el Popol Vuh, Representa la unión de lo terrenal (la serpiente) y lo celestial (las plumas del quetzal), dominando tanto la tierra y el inframundo como el cielo. Junto con el dios Tepeu, participó en la creación del mundo y de la humanidad.

La presencia de la gran serpiente con plumas en su cuerpo es permanente en el pensamiento antiguo de Mesoamérica. Este monstruo mítico tiene vida propia en las tradiciones ancestrales y modernas, desde épocas que se remontan al inicio de la agricultura, donde es la personificación misma del mundo rural y la vida aldeana. Desde los inicios de la civilización, la serpiente es un reptil ampliamente representado en relación con la tierra, el agua y los poderes fecundadores, aunque es difícil establecer con precisión la época en que comenzó a acumular significados tan numerosos como tal vez ninguna otra divinidad los tuvo. Sabemos que desde inicios del periodo Clásico (150 d.C.) aparece con sus rasgos de serpiente cubierta de plumas preciosas en las pinturas murales de la gran ciudad de Teotihuacan.

En los siglos subsecuentes, la concepción de Quetzalcóatl se enriqueció hasta llegar a convertirse en un enjambre de símbolos muy complejo, con múltiples significados históricos y sociales. Los pueblos antiguos no sólo la asociaron a la tierra y sus frutos; también fue una referencia obligada a sus orígenes y destinos, y se le consideró fuente de vida y símbolo de legitimidad y poder. Cuando las antiguas comunidades desarrollaron formas complejas de organización política y los linajes nobles dominaron al resto de la sociedad, el pensamiento mítico fue el medio de expresión para fundamentar el dominio de unas gentes sobre otras. Entonces, la evocación a la serpiente sagrada y sus relaciones con los hombres y los dioses se convirtió en parte de la historia misma de estos pueblos, que la personificaron y plasmaron profusamente en escultura, arquitectura, pintura mural, cerámica, así como en sus tradiciones orales.

El lado Agricola de la serpiente emplumada parece ser el más antiguo y también el más permanente en la ideología tradicional de los pueblos campesinos actuales, los cuales creen en la existencia de un monstruo en forma de serpiente emplumada que vive en la profundidad de las cuevas y barrancas cercanas a sus poblados. Sólo las personas con poderes especiales dicen haberla visto. Este temible ser es también quien procura los mantenimientos y tiene un aspecto celeste, pues cuando surca el cielo viaja sobre las nubes generadoras de las lluvias para la germinación de las plantas comestibles. Quetzalcóatl es el dios capaz de arrancar las ocultas riquezas del mundo subterráneo, oscuro y egoísta, principalmente el maíz, sustento esencial de los humanos. Para lograrlo contó con la ayuda de sus aliados, las hormigas, habitantes del inframundo, que le indicaron el lugar donde se ocultaba el preciado alimento.

u/Mystery_User_1358 — 11 days ago

La verdad sobre la Magia Femenina segun mi maestra la Bruja Rogelia

La magia existe, la magia es real, no importa lo que te hayan dicho los que te rodean, la magia existe, es real, y tú como mujer por el complejo hecho de serlo, posees en tus entrañas el horno estelar, la forja de los sueños, un portal activo al más infinito de los secretos de la eternidad. Tú, al ser mujer, tienes el potencial de crear junto con la semilla la vida misma, pero a diferencia de la semilla, tú formas y conformas la esencia misma de una nada aparente. 

Con parte de ti y por medio de ti, el milagro fragua y lo imposible sucede, nadie estaría aquí si no fuera por alguien como tú. Mi poderosa maestra la Gran Bruja Rogelia me decía que las mujeres poseían el ojo que todo lo ve, que estaban conectadas a los movimientos y fuerzas tectónicas de la tierra que era femenina, por medio de su útero, donde residía su ojo telúrico, o centro de su poder femenino.

 Ella y su linaje habían comprobado eras atrás, que este era en efecto un universo marcadamente femenino, don de el horno, por así decirlo, era más importante que el panadero; ya que todo surgía de un periodo uterino cósmico, hacia un plano material de existencia donde en paradójica oposición y al mismo tiempo complementación, el choque de fuerzas primordiales (masculinas, físicas, cuánticas, etc.…), desataba aún más fuerza creativa, más compleja que la suma de sus partes iniciales, trans formándose eternamente , creando la infinita variedad de manifestaciones de la vida y la materia. 

Así parecía, por lo menos en este universo. En los años que tuve la fortuna de compartir con ella, La Gran Bruja Rogelia, me compartió algunos de los secretos de la magia y brujería femenina, a mí el Profeta Omega, como el tercer hombre en recibir instrucción en su línea tradicional de conocimiento ancestral de 9 discípulos. 

Había sido elegido debido a que a diferencia de otros hombres, mi búsqueda del conocimiento eclipsaba cualquier otro deseo, habiendo perdido todo por ello hasta que ante su presencia me encontré. 

Durante mi tiempo con ella, pude constatar que era verdad como la magia y la furia de una mujer no existía fuerza más destructiva. Cuida tus espaldas del hombre despechado, pero de la mujer despechada, es tu alma la que debes cuidar, por los demonios que invoque para devorarte; y digo esto como un simple observador, con el mayor respeto, como un aliado viajero. De muy lejos llegaban a casa de la Bruja Rogelia por temporadas, más parecía un lugar de peregrinación, que solo la simple morada de una bruja de pueblo. 

De su fama y poder nadie dudaba, desde muy pequeña, tras su encuentro casi mortal con el rayo, había despertado en ella, el poder de la visión verdadera, al hacerlo dejando a la joven Rogelia completamente invidente, mas no ciega. 

De cientos de casos que le vi como ayudante y segundo, atender de 100 cosas 10 son de dinero, otras 10 son de dinero y venganza, y el restante 80 eran cosas de amor, junto con dinero y venganza. El amor, me decía mi Maestra, lo es todo: todo lo puede, todo lo vence, todo lo destruye, todo enloquece, lo de arriba ahora está abajo, y de las aguas que nunca beberías, ahora vas en tu tercer vaso. 

El amor correspondido es el más raro de los tesoros, y quien lo tiene, por un tiempo esta bendito, porque aunque es ciego, es frágil, más frágil que el cristal, capaz de soportar todos los latigazos y estrangulamientos, pero no una mentira, es piedra de soporte, y pesada ancla, es atadura que fusiona a los amantes, y cruel pasión capaz de envilecer cualquier brote de pureza, que en su bajeza desee poseer. 

A pesar de ello es capaz de ser sembrado, dirigido y fomentado, existen secretos que por años han sido guardados, por fin ahora en los apocalipsis revelados. El amor también puede ser y comenzar de una baja pasión, de un deseo no consumado, de un beso furtivo y robado, que deseas fuese más, será que lo prohibido es lo más disfrutado, ¿y que no existiría la virtud sin pecado?

este es un poco de la introduccion de un libro que escribi sobre mi estancia con mi Maestra, coin gusto les ire compartiendo un poco mas de mis esxperiencias, he escrito algunos libros al respecto, el libro en cuestion es - 13 hechizos

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u/IGenuinaConsciencia — 8 days ago

Los Olvidados de Maracay

Los reportes de objetos voladores no identificados (OVNIS) en Venezuela, siempre han sido un tema controversial para la historia sudamericana de la ufología. Desde los archivos desclasificados sobre los Niños de Falcón en 1910, que presentaron extraños comportamientos precognitivos tras un Encuentro Cercano; el caso del OVNI que cayó en Petare en 1954, cuya explicación oficial no convenció a los medios... y los frecuentes reportes de avistamientos sobre grandes ciudades. Hasta el supuesto enfrentamiento aéreo de las Fuerzas Armadas contra una nave desconocida sobrevolando el yermo montañoso de Maracay durante la Operación Luz Roja. Los estudios sobre fenómenos aéreos anómalos y la cuestión de sí estamos solos o no en el universo, son inquietantes causas de debate entre los círculos académicos de la nación.

Desde la fundación del país como territorio de la Corona Española, bautizada Tierra de Gracia por Colón en su recorrido por el Orínoco, hasta que Américo Vespucio sugirió el nombre «Venezziola» (Pequeña Venecia)... estableciendo la Capitanía General de Venezuela como provincia del Imperio. Y su posterior proclamación como república independentista, y las sucesivas guerras federales que anegaron de sangre la nación... hasta el descubrimiento de la mayor reserva petrolera del mundo, y los sucesivos saboteos políticos que la convirtieron en un Estado fallido. Esta zona caribeña siempre ha sido foco de actividad inusual, especialmente en el Catatumbo, cuya orografía la convierte en el área tormentosa más grande del planeta; y la cadena montañosa de Maracay, cuyo yermo fue epicentro de leyendas nativas sobre luces flotantes y expediciones que se desvanecieron en busca del Rey Blanco. Estos documentos redactados por escribas realistas hace trescientos años, sobrevivieron a las convulsiones de la Campaña Bolivariana, y los estudiosos de la crónica ufológica han discutido la posibilidad de que el país venezolano sea un punto de encuentro y aterrizaje para astronaves—y criaturas—, ajenas al entendimiento humano.

En 1798, el sistema monárquico regido por el Capitán General Pablo Morrillo, enviado desde España para gobernar, estableció correspondencia con peninsulares y criollos de las provincias de occidente para ser advertido de unas esferas de fuego que volaban por las Linternas de San Antonio—antigua denominación del Relámpago del Catatumbo—:

«Cada noche vuelan por los cielos unas bolas blancas que zumban como inmensas moscas de fuego. Laten los relámpagos como un dios indígena que, enfurecido por la arrogancia de nuestros navíos, decide castigar el lago enviando una tormenta interminable».

Los testigos de estos fenómenos meteorológicos describieron formaciones de luces que provenían de occidente, y descendían al interior del Lago de Maracaibo en la madrugada. Las autoridades de la época sostuvieron averiguaciones en la provincia de Montenegro, en torno a una tradición de casamiento con estas personificaciones de otro mundo.

Durante las permutaciones de la recalcitrante república y disolución de la Gran Colombia, los caudillos militares que asumieron la hegemonía conservadora, recibieron incontables denuncias en un espacio de cincuenta años. Declarando pérdidas por incendios en los sembradíos de los latifundistas ante el presunto «descenso de luminarias»—achacado indebidamente a grupos de cimarrones—, y arrebatos de viajeros nocturnos en las carreteras de Oriente por «apariciones del Llano Negro». Los Encuentros Cercanos en el Catatumbo fueron lo mejor documentado de esa época de trifulcas... Durante casi cien años—y existen tirajes con ilustraciones curiosas—, los periódicos advirtieron de corsarios y navíos fantasmales deambulando en el Lago de Maracaibo, y desapareciendo en la intermitencia de los relámpagos. Muchas veces tripulados por unos seres luminosos, cuya mera presencia era capaz de cegar la visión, cual manifiesto nocivo... como portadores de una aguda radiación nociva para los seres humanos.

Una segunda oleada OVNI retornó al país con la consolidación de Juan Vicente Gómez en el poder político: unificando una nación de caudillos empoderados en un solo eje; y la promulgación de la Ley de Minas de 1905, por parte del presidente Cipriano Castro... que permitió la entrada de empresas de explotación extranjera, y el descubrimiento de la reserva petrolera más grande del mundo, con el reventón del pozo Barroso II en el campo La Rosa, en 1922. La fábula popular se enaltece a grandes voces diciendo que llovió negro durante varias horas tras la perforación.

Los ufólogos creen que los hipotéticos visitantes de otros mundos conocen la situación en este planeta mejor de lo que imaginamos.

Uno de los eventos más importantes de la crónica ufológica venezolana ocurrió el siglo pasado, en 1910, con el contacto de una civilización intergaláctica en un pueblito del desierto de Falcón, llamado Santa Teresa de la Espina, (y fundado sobre un monumento autóctono abandonado tiempo antes de la conquista). La víspera de Nochebuena un resplandor iluminó el cielo nocturno del pueblito de artesanos, cercano al Istmo de Coro y los bancos de arena que arroja la marejada... e hizo vibrar la tierra como un pequeño temblor; despertando a los pobladores de la comelona navideña, solo para darse cuenta de que todos los niños habían desaparecido de sus camas. El escándalo se precipitó sobre los padres desesperados, pues en noches anteriores los niños habían dicho que unos seres de luz les mostraban los secretos del universo en sueños. Según el cronista de El Nacional en un artículo posterior, las luces atravesaban el pueblo como una lluvia de cometas dirigidas a la estructura megalítica donde los niños jugaban todos los días: una sucesión de bloques triangulares alineados en torno a una pirámide truncada de seis metros de altura. Sobre esta formación no hay estudios arqueológicos concisos, solo leyendas locales que relatan ceremonias de antropofagia para apaciguar los desaires de un dios con cabeza de ciempiés.

Los infantes fueron encontrados en círculo sobre la plataforma de la pirámide, bajo una luz suspendida como una estrella detenida, y los padres relataron a las autoridades haber visto unos seres blanquísimos—«como espectros de queroseno, Ave María Purísima, muchas mujeres nos desmayamos solo de la impresión»—. Los que intentaron acercarse sufrieron quemaduras en el rostro... y violentas convulsiones. Aquello duró unos minutos, pues los seres alargados—casi tres metros según registros oficiales—, se dirigieron a la estrella pálida flotando sobre la pirámide truncada, y fueron eyectados al cielo con una velocidad imposible para la época.

Lo que sucedió a continuación del contacto no tiene más veracidad que las leyendas orales de indios sin cabeza en el corazón guayanés, porque los implicados están todos muertos: la superficie de la pirámide estaba caliente al tacto, y otros dijeron que los escalones se habían derretido... como fundidos por un calor desorbitado. No hay fotografías que comprueben las supuestas cicatrices en los rostros de los niños; o sí en verdad durmieron durante cuarenta y ocho horas después del contacto. Nunca sabremos estas interrogantes, porque lo que ocurriría a continuación... cambiaría (o pudo haber cambiado), la historia de la humanidad.

Las autoridades de la Ciudad de Coro fueron a Santa Teresa de la Espina para registrar el hecho y enviarlo a los noticieros de la época, y al interrogar a los niños... quedaron desconcertadas por su inteligencia y capacidades innatas. El revuelo que levantaron estos infantes llegaría a la capital, y la Universidad Central de Venezuela enviaría una comisión de doctores para analizar el fenómeno. En los estudios redactados por el Doctor Eusebio Fuentes (1884—1939), se lee que los Niños de Falcón decían recibir mensajes telepáticos de una civilización en el otro extremo de la galaxia espiral... y manifestaron poderes psíquicos capaces de entrever los pensamientos de los doctores del caso, y prodigios precognitivos como la determinación de padecimientos con solo observar detenidamente el cuerpo. Junto a otros factores aislados como rapidez de cálculo en operaciones matemáticas, memoria fotográfica y capacidad intelectual incomparable a la media de aquella población. Los niños iban a ser trasladados a la capital para formar un seminario, pero debido a la precariedad de la investigación científica y la inestabilidad política... cayeron en el fatal olvido mediático. No existen archivos desclasificados o rumores sobre su porvenir en las permutaciones de un país sofocado por las revueltas.

No fue hasta 1954, con un supuesto accidente aéreo no identificado en el barrio de Petare, Nueva Bolívar; que se destapó la olla ufológica que hervía en las entrañas del Llano Negro y el yermo de Maracay. El catorce de febrero de ese año, se reportó el avistamiento de un objeto esférico sobre el Monte Ávila, finalizando con una explosión al atardecer del mismo día, que despertó el clamor en los testigos y un incesante flujo de patrullas con dirección a la montaña. El evento fue cubierto por la prensa de la época, y la explicación oficial señaló que el artefacto estrellado era un satélite espía estadounidense que cayó en los llanos. No obstante, días posteriores al accidente, arrojaron indicios de que un fenómeno sin precedentes ocurría en la región.

La caída del OVNI fue el comienzo de una locura alienígena que perseguiría a los viajeros de la carretera metropolitana, y a los habitantes de la Sierra de Nueva Andalucía. Tal fue el caso de Jesús Moreno, un conductor que fue perseguido por unas criaturas desconocidas, que se acercaron a su camión trotando como caballos. El audio de la grabación sobrevivió a la investigación oficial, y fue transcrito en el documento (es verdaderamente escalofriante):

«Eran como cuatro o seis... de la impresión no recuerdo bien. [Sigue nervioso, y evita mirar al interrogador]. No parecían animales cualquiera, ¿cómo decirlo? No parecían tener pelaje... pero estaban como enfermos, chillando bajo sol, con el pellejo quemado. Eran más altos que mi camión... como de tres metros de altura. [Traga saliva, pensativo... Las arterias del cuello tiemblan]. Trotaban, haciendo un ruido muy raro. Primera vez que veo unos animales sarnosos de ese tamaño. Tenía miedo de que se me pegarán al camión, se veían contagiados de Mal de Rabia, y podían causar un accidente grave en plena autopista. [Aprieta los dientes mirando fijamente al interrogador]. Menos mal que se metieron pal' monte, y maneje como pude a la ciudad. No vuelvo a pasar más por esa autopista, y menos de noche, que el Diablo anda loco».

Otros reportes fueron anexados al documento del OVNI en Petare: Encuentros Cercanos en carreteras durante la noche, la confrontación en la Sierra de Nueva Andalucía, el Avistamiento de la Nave Hummita en la autopista Simón Bolívar (2000), decenas de sobrevuelos a ciudades capitales captados por los radares, y las fotografías originales de la Nave de Maracaibo. El caso se cerró en 1980, pero en años posteriores se siguió alimentando con archivos de criaturas humanoides y especímenes capturados en el Llano Negro y la Amazonía, que parecían traídos de otros mundos. Cuando este polémico caso fue tendencia en prensa y televisión, no faltaron académicos nombrando dioses autóctonos como Amalivaca, el Creador del pueblo Tamanaco, avivando la teoría de los Antiguos Astronautas: hipótesis cronológica de que la Humanidad fue creada por una civilización más avanzada que visitó el planeta en la prehistoria (véase Dioses de Venezuela, Emmanuel Urbina, 2010).

La actividad anómala en los cielos venezolanos llegaría a un apoteósico punto crítico con el Incidente de Luz Roja sobre el Valle de Maracay: un yermo depresionado sobre el que se levanta la ciudad, atravesado por carreteras de circulación y bordeada por montañas forradas de verdor. Uno de los encuentros más aterradores de la historia ufológica sudamericana. El 1 de Noviembre de 2013, un resplandor rojo iluminó el cielo nocturno de Maracay con una intermitencia de treinta segundos... provocando un pánico colectivo en la población, con creencias profundamente arraigadas sobre unas criaturas gigantes que dormían bajo las praderas del yermo.

 

A las veinte con cero horas, estas luminarias rojas acompañadas de fenómenos meteorológicos eléctricos sembraron el terror... y diversos apagones amenazaron con provocar accidentes graves en la población. Junto con registros de tenues decibelios que llegaban de las alturas, afectando la psique de las personas. Durante el recrudecimiento de la tormenta eléctrica, fueron avistados numerosos objetos volando a gran velocidad... por lo que el gobierno venezolano supuso que estábamos siendo atacado por una fuerza extranjera—las tensiones con Colombia estaban en su punto álgido—; y ordenó una ofensiva de la Aviación Militar Bolivariana para neutralizar al enemigo. Las naves de combate son limitadas en este componente del ejército, pero se desplegó al Escuadrón de Caza N.º 33: integrado por cinco Sukhoi Su-30 y un F-16 Fighting Falcon para reconocimiento aéreo. Mientras que en tierra se preparó el sistema de defensa antiaérea, armado con misiles tierra-aire 9K37 «Buk».

El Mayor General Santiago Infante Itriago dirigió la Operación Luz Roja desde el Comando Aéreo de Nueva Bolívar, en conexión con la Base Aérea de Maracay. Los cazas surcaron el cielo tormentoso, rompiendo la barrera del sonido, dejando una estela púrpura... como la punta de lanza de la aviación venezolana contra la amenaza desconocida que surgía de aquella nube de polvo cristalino y sangriento. Los pilotos relataron que los objetos desconocidos se perdían fácilmente en la nube de relámpagos escarlata, y sus trayectorias cambiaban bruscamente... violando leyes físicas sujetas a la gravitación. El piloto Jesús Fuentes las describió como «esferas plateadas de seis metros de diámetro». La transmisión de vuelo es fascinante: cuatro esferas brillantes de mercurio electrificado viraron en su trayectoria y se reunieron en un punto, en medio de las nubes tormentosas. El Mayor General ordenó el derribo inmediato de la amenaza.

Los cazas se lanzaron al corazón de la anomalía...

Fue entonces que los sistemas de comunicación fallaron, y los pilotos desaparecieron en la bruma incandescente de la tormenta. La Base Aérea de Maracay intentó desesperadamente contactar al Escuadrón N°33, pero se habían esfumado en el zumbido electrostático. La operación terminó cuando la nube tormentosa se disipó, iluminando el Valle de Maracay con los faroles del amanecer. Los sistemas electrónicos de la ciudad presentaron averías por un supuesto PEM, provocado por una tormenta solar—o eso explicaron los noticieros—, y se programaron equipos de búsqueda terrestre para recuperar las desaparecidas aeronaves, pero jamás se hallaron restos en el yermo... como si los Olvidados de Maracay hubieran sido arrebatados de nuestro mundo por una fuerza desconocida.

u/Delicious-Belt7790 — 11 days ago

El Nigromante

He cometido la mayor atrocidad que un ser humano pueda transgredir contra su especie. He roto todos los axiomas morales en la contravención de un horror prohibido... desafiando en lo más hondo de mi ser la voluntad de un Altísimo para con la vida y la muerte. Soy consciente de que asesiné al sujeto que ustedes creen que fue Ismael Bustamante, y pagaré con mi libertad, atormentado el resto de mis años venideros por el peso de mis decisiones. Pero afirmo, en caso de que la veracidad de mi horrible testimonio sea puesta en duda, que el hombre del milagro que volvió de la tierra de los muertos, no era tal sino una inmunda criatura proveniente de los negros bajíos infernales. Es posible que perteneciera a una jerarquía de malignas potestades, que intentó llamar a nuestro planeta mediante unos extraños dispositivos alienígenas... que desaparecieron subrepticiamente tras el altercado homicida ocurrido la Víspera de Nochebuena.

Estaba realizando mis pasantías como residente de medicina en el Hospital Rómulo Marcano de Ciudad Zamora. Era un joven dedicado y puntual que rápidamente fue acogido por el médico cirujano y excelso profesor Ernesto Cruz; un excéntrico y paliducho doctor cuyos dotes con el bisturí y conocimientos anatómicos lo convertía en el veterano más respetado del hospital. Era un hombre taciturno, propenso a la melancolía y los accesos etílicos durante las largas jornadas de intervención; por su desolación y silencio, se lo confundía con un anormal noctámbulo, pero nada era más alejado de la realidad. El doctor Ernesto Cruz no era un maestro prestó a la conversación, pero sus largos dedos embutidos en látex y sus ojos feroces de ofidio al acecho podían desentrañar los misterios de la carne como ninguno; prefiriendo los paseos madrugadores por el edificio impoluto mientras sorbía el néctar ardiente de su petaca, al meditar sobre los susurros de las vísceras y las arterías. Parecía soportar mi presencia y se explayaba, conmovido, sobre los misterios más desconcertantes que había descubierto bajo los tejidos. Frívolo, embustero y propenso a la mordaz  reticencia... el repudiado médico Ernesto Cruz escondía secretos oscuros en su garita hogareña. Había denegado el consultorio privado, prefiriendo el martirio del quirófano público donde su sagacidad era puesta a prueba con el caudal de heridos y moribundos provenientes de las minas hampistas en las regiones auríferas. Solamente yo, su pupilo predilecto, pudo discernir el misterio en los recipientes escondidos por el médico en su fenecido propósito.

Habíamos congeniado en la camaradería del hospital, y nuestros debates rayaban en el descaro de lo que muchos otros médicos en su oficio hubieran tomado por métodos poco ortodoxos que distaban de los principios morales por sus drásticas aplicaciones. No solo descubrí que mi maestro era un partidario acérrimo en reciclar todos los órganos posibles de los moribundos sin salvación, para otros pacientes que los requirieran, incluso si estos donantes se rehusaban en vida. Incontables fueron los difuntos que se enviaron a la morgue como cascarones despojados de sus aparatos vitales. Inmoral, sí... pero salvamos un centenar de terminales que posiblemente hubieran muerto esperando donantes. Sus tratamientos eran dudosos pero eficaces, y sus amplios conocimientos en los campos médicos, químicos y más extrañamente, los místicos relativos a la metafísica de los cuerpos durante premeditadas circunstancias astrológicas... conformaron la cumbre—aunque excéntrica—, de un hombre dotado para ejercer los rudimentos de Hipócrates.

Al principio, nuestros discursos médicos sobre la extirpación, amputación y acanalado eran vanguardistas; solíamos disertar en nuestros recesos ociosos sobre las rarezas anatómicas, desde el común labio leporino y los apéndices adicionales... hasta las más escalofriantes consideraciones sobre los niños nacidos con miembros adicionales, glándulas deletéreas, química orgánica inusual y deformaciones plausibles. A su vez, recopilamos casos raros que la Comunidad Médica preferiría silenciar: gusanos parásitos de los ríos negros del interior, bacterias asesinas que convertían los órganos del cuerpo en pulpa carnosa y el expediente de un hombre que murió de un paro respiratorio y tres días después, durante el velorio, se levantó ejerciendo un comportamiento antropófago.

Estos últimos casos eran los de mayor interés para mi superior. No supe el alcance de su obsesión hasta que me condujo a su departamento, en un conjunto de altos bloques de edificios que se apretaban en la distancia de la carretera perimetral que rodeaba la ciudad, próximo al cementerio comunal y las sierras montañosas de los asentamientos campesinos. El departamento del doctor Cruz era un taller dedicado al estudio de ramas oscuras de la ciencia ocultista... con estanterías repletas de volúmenes cabalísticos, metafísicos y alquímicos. Su enajenación era tal, que durante las largas jornadas de quirófano en la sala de emergencias, se dedicó a robar ingredientes de índole sacrílega arrebatando a los cadáveres de vísceras, pelo, cartílago y otras rarezas supersticiosas. Su afición por el ocultismo lo llevó a estudiar tratados herméticos escritos por metafísicos eruditos sobre la naturaleza del cuerpo como Materia de espíritus, y las investigaciones pretenciosas de los brujos que estudiaron a los nigromantes selváticos de la frontera colombiana. Había confeccionado horripilantes opúsculos donde describía las diferentes artes de la sanación y la manipulación de la vida. En sus tétricas cátedras se hallaban manuscritos remendados sobre arcanos oscuros y ciencias pérdidas en el ocaso de los tiempos con nombres tan difusos como Julius Ébola, Ariel Betancourt y Nicolás Fedor...

Al principio guardé temor por las pretensiones de mi estimado profesor, pero a medida que estudiaba sus trabajos y me explicaba la influencia de los Elementales en los ciclos humanos, pude discernir que nuestra vulgar ciencia médica no era más que un conjunto de saberes empíricos. Fue en aquel departamento de hedor salitre, al fulgor de las velas y los pentagramas, que aprendí los secretos de los Planetas en su conjunción estelar. Realizamos incontables llamados a entidades extraterrestres en las infinitas dimensiones superpuestas, cuyas fronteras ignoraban la concepción del espacio y el tiempo. En aquella época nuestra productividad en el trabajo era notable, y pacientes que padecían mortales enfermedades sufrieron recuperaciones milagrosas que el doctor Cruz abdicó en nombre de sus profundos conocimientos.

Las leyes alquímicas y las fórmulas mágicas de nuestros rituales sanaron moribundos, curaron enfermedades asesinas y levantaron pacientes comatosos cuyo cerebro era una piltrafa líquida; pagamos el precio por cada vida salvada a través de sacrificios y ofrendas de sangre a las sedientas deidades de la Constelación del Dragón y las Estrellas Negras. Éramos médicos milagrosos, pero aún existía una frontera incapaz de rebasar: la extinción de la vida. El envejecimiento y la entropía podían frenarse mediante la ingesta periódica de ciertos químicos recogidos del rocío, fuentes soberbias de vitalidad como el sol o el claroscuro lunar, mediante rampas magnéticas. Mi propio maestro era la prueba del paulatino envejecimiento, pues un día me legó un manuscrito titulado «Crónicas Póstumas de José Gregorio Hernández». En aquel cadalso del famoso Santo pude escudriñar sus experimentos sobre la muerte y la vida... y reparé en la inusitada semejanza de mi mentor con el médico beato. Se había afeitado el bigote, el mentón lucía una pelusa cana endurecida por la brisa, las mejillas agrietadas y los oscuros ojos como esferas eran inconfundibles ante la impresión fotográfica que figuraba en las páginas amarillentas; salvo por la espesa cabellera grisácea, era un retrato envejecido del médico José Gregorio Hernández, muerto hace cien años. Ante mí, un espectro continuaba ejerciendo sus métodos místicos en pos de la sanidad, cuyo mayor problema a solucionar era la última consecuencia de la existencia: la muerte.

Habíamos exhumado cadáveres del cementerio a altas horas de la noche en detrimento a la rectitud clerical que se nos otorgaba como devotos al prójimo. Preparamos los Sigilos rúnicos, el Descenso de Potestades y los Círculos de azufre y sal... procurando desenterrar cuerpos íntegros para nuestra labor de reanimación recitando los Versos del hechicero Andrés Bello, las fórmulas metafísicas de Cornelius Agrippa y los Siete Planetas de Theophrastus Phillippus Paracelso. Estos últimos fueron los que liberaron la energía necesaria para la Reanimación, teníamos los planetas Marte, la guerra y el conflicto; y a Saturno, la muerte y los castigos... considerados los planetas más desfavorables y hostiles cuando entran en conjunción. Esa noche habíamos conjurado al «Intercesor» con resultados indescriptibles. La negatividad era plausible en nuestros medidores electromagnéticos, y... ante nosotros vimos retorcerse manos y pies de un cadáver putrefacto que gemía, desesperado en el Círculo Elemental.

Me precipité con todos los utensilios para auscultar los signos vitales cuando el doctor Cruz me apartó de un manotazo y vació la ruleta de su revólver en la cabeza infecta del cadáver reanimado. El cráneo cedió con un hedor insoportable mientras los jugos pútridos manchaban el suelo. Esa fue la apoteósica culminación de nuestra actividad, porque dejé de frecuentar su departamento...

Los ojos sin vida del muerto y la razón de su rostro negro intentando articular palabra quedaron grabadas en mi retina. Recuerdo con sopor las largas horas junto al profesor, ofrendando diezmos de sal y sangre a las criaturas que convocamos tras la capitulación de puertas ignominiosas. Llegué a soñar con los terrores siderales que intervinieron en nuestras cirugías: fuerzas oscuras e indescriptibles de infinito horror que flotaban en el lejano vacío de las constelaciones. He olvidado sus nombres, pero en pesadillas siempre los visitaré para cumplir mis juramentos de cenizas y pactos impíos. Esa noche de muerte llegué, tras despertar de la inherente fascinación, a repudiar nuestra investigación... porque temo las palabras que esa fatigada garganta intentó expulsar para conmemorar una imagen de infinita desesperación en los bordes cuánticos y los manantiales negros de los que beben las abominaciones estelares. Comencé a temer la oscuridad, y el cielo nocturno tachonado de estrellas distantes... que ante mi mente trastornada parecían incontables ojos bestiales.

No fue hasta mediados de este año que mi distancia del doctor Ernesto Cruz cuajó en una cordialidad estudiantil. Los milagros médicos achacados a los métodos del profesor se me antojaban terribles contravenciones... así como su mirada grasienta que en ínfima medida parecía deshuesar a cada ser que veía con quién sabe qué maquinaciones terribles. No fue hasta una noche aciaga que nuestras guardias se cruzaron, a un año de graduarme y regresar a Puerto Bello para montar mi consultorio, pero esa noche tuvimos una emergencia que despertó todas las alarmas y provocó un pandemonio que arrastró a todo el personal médico. Un accidente de tránsito arrojó un saldo de dieciséis moribundos al hospital y todos los médicos, cirujanos y enfermeras se precipitaron en una tempestad de sangre, alcohol y medicamentos. Parecía que una picadora de carne había mutilado un autobús... y las dos docenas de heridos se apretujaban con contusiones, fracturas y cortes tratados por los residentes. Los cirujanos estaban contra las cuerdas, y ante mí apareció una camilla con un hombre inconsciente que precisaba una trepanación y una inspección por hemorragia interna presente en la coloración violácea del plexo solar. La sangre fluía a borbotones de sus heridas...

Un séquito de enfermeras me apoyó en esas tortuosas horas de bisturí, respiradores, cauterización, trepanación craneal, suturas y químicos intravenosos. El hombre que llegó al quirófano, Ismael Bustamante, era menos que un estropajo sanguíneo cuyas graves hemorragias empaparon mis guantes, bata y pantalones... Las horas de cirugía se sucedieron con pesar mientras escuchaba lamentos, sollozos y los signos vitales de mi paciente apagarse en un vaivén desmesurado. Hice lo que pude, intenté mantener con vida al hombre... pero, en un instante su corazón se detuvo y el timbre agudo de la máquina me hizo estremecer con un sopor maligno. Solté el escalpelo y la succionadora, convertido en la estatua ensangrentada de un dios impío... y mandé fuera a las enfermeras mientras extendía las cortinas en un claustro improvisado. Necesitaba estar a solas con el cuerpo muerto de Ismael Bustamante... y me abstendré de contar los horrores que conjure en murmullos y los implementos utilizados. Durante semanas enteras correrían rumores sobre un gas estelar que descendió al momento de mi aislamiento, así como una falla eléctrica que sumió al hospital en penumbra durante cortos segundos. Una de las enfermeras preguntó si estaba rezando, y otra se horrorizó ante el caudal de palabras ininteligibles que se oyeron fuera de la cortina... pero, aquellas disertaciones se esfumaron cuando el tintineo del lector cardíaco y los respiradores reanudaron su marcha. Salí del escondrijo como un sobreviviente del holocausto, algunos podrían afirmar que tenía un corte en la palma desnuda... pero, la mayoría concertó que debió ser sangre del paciente. En este interrogatorio no caben explicaciones sobre Elementales y Fórmulas Planetarias...

Al girar por el corredor, me encontré con el profesor, descansando las piernas fatigadas tras una complicada cirugía a un niño de seis años. El hombre que se hacía pasar por Ernesto Cruz escrutó mi semblante, percibiendo el alborozo que las enfermeras y los médicos residentes proclamaron ante la aparente resurrección. Ismael Bustamante estuvo clínicamente muerto durante tres minutos. Mi profesor me dedicó una mirada indescriptible, apretó las muelas y asintió lentamente con la cabeza...

Aquello fue el principio de un horror inimaginable, cuyos síntomas benignos escondían una presencia más allá de lo que nuestras mentes puedan conciliar. Duraba tres minutos el cuerpo del sujeto conocido como Ismael Bustamante yació sin vida en una camilla ensangrentada. Hemos estudiado el fenómeno de la manifestación del alma... y nuestras pesquisas supernaturales intentaron infructuosamente revertir el estado interrumpido de las funciones vitales. Creíamos que el alma—un atisbo de la mente—, era a su vez el cuerpo... y que la reanimación de uno traería el otro. No sabíamos cuánto nos equivocamos con respecto a esta hipótesis, fundada en los principios laicos de la neurociencia, porque... ¿éramos algo más que cerebros piloteando cuerpos? Ismael Bustamante había vuelto a ejercer sus funciones vitales por obra de las oscuras artes que aprendí bajo la tutela del Nigromante. Había intentado en vano recitar los Versos y las fórmulas... pero la premura de la situación me empujó a una conjura horripilante cuyos auspicios desterraron cualquier pretensión ignominiosa. No fue hasta que mi antiguo mentor me preguntó qué había convocado como «Intercesor», cuando mi mente se nubló de dudas respecto a la naturaleza de los muertos. En nuestras ceremonias ignotas habíamos invocado deidades desfiguradas provenientes de panteones extintos y seres abisales de un pretérito cósmico allende los cúmulos gaseosos incandescentes... pero, teorizamos la existencia de supremos horrores nacidos de un Vacío Primigenio anterior a todo orden divino. En la horrida colección de manuscritos arcaizantes encontramos atisbos de entidades retorcidas operando en vectores de locura; creíamos que eran criaturas inverosímiles producidas por la alienación de los ermitaños, pero en nuestra reunión con presencias iracundas, viajeros alienígenas de una era inmaterial, concebimos la vastedad y el horror predador de este bosque oscuro universal.

La rápida recuperación de Ismael Bustamante se abdicó a la intervención divina de ángeles. Mi mentor y yo lo observamos con detención, era nuestro primer caso de resurrección... habíamos estudiado los nigromantes Caribes que levantaban a sus muertos para continuar guerreando contra los españoles; pero esos cadáveres eran marionetas de carne incapaces de pensar por sí mismos, achacados a rudimentarios sortilegios que rendían pleitesía a demonios primitivos. Mi ovación fue más allá: había conjurado en mi desesperación una monstruosidad innombrable, cuyo terror se esconde más allá de la Constelación del Dragón. Uno de los heraldos malditos del Demonio Meridiano, cuya intersección era presagio de catástrofes incognoscibles. Encarnación del Horror y la Desesperación, Odrareg; el Necrófago Estelar que se alimenta de dioses muertos...

¿Tres minutos sumido en la absoluta entropía negativa eran suficientes para arrancar el alma del cuerpo? ¿Eran reales los principios de la metempsicosis y la extrapolación de las dimensiones superiores e inferiores pregonadas por los rabinos durante milenios? El cuerpo de Ismael Bustamante despertó de su letargo tres meses antes de lo previsto: abrió sus ojos malignos como un recién nacido que estudia el mundo sin proferir palabra. La enfermera nos llamó rápidamente, y asistimos como dos gárgolas penitentes a la examinación del resucitado. Comprobamos el correcto funcionamiento de sus funciones y sensibilidades, el daño cerebral no afectaría más que su locomoción... y la terapia física haría que su existencia volviera a la cotidianidad. Respondía nuestras preguntas en susurros, y cuando su esposa e hijos asistió al hospital, los reconoció con la desdiches propia de quienes yacen recluidos. Nunca había sido pesimista, pero esperaba lo peor: un fallo renal, un paro cardíaco o una degradación repentina de los tejidos. Pero el tiempo transcurrió rápido, e Ismael emprendió la dolorosa recuperación motriz de sus piernas entumecidas. Atentos a cualquier atisbo o acción que delatará el horror... inclusive, tomamos turnos para vigilar al paciente pese a nuestras obligaciones.

Estábamos al tanto de cada rumor y acontecimiento originado por el extraño paciente Ismael Bustamante. Antes del accidente era ducho al deporte nacional, la parlería y las apuestas futbolísticas... pero, desde el acontecimiento que interrumpió su vida, se sumió en el cambio consciente más intrigante que hallamos visto. Parecía interesarte por las obras científicas más diversas: astronomía, geología, mecánica, electricidad y en momentos más recatados, dejaba volar la curiosidad con volúmenes metafísicos. Solía pedirle estos libros a su esposa, extrañada por la singularidad que desarrollaba su cónyuge jamás iletrado o enterado de otras pasiones que no fueran las deportivas. Esta peculiaridad despertó la intriga en mi mentor; por el contrario yo, más escéptico, aseguraba que el sujeto no quería desperdiciar su existencia en el hedonismo optando por cultivarse en los saberes que conmovían su curiosidad con una renovada visión.

Ante sus hijos se mostraba arisco, y su esposa confesó que nunca había sido tan distante en su relación. Esto, y otros motivos inexplicables transcurridos durante su período en el hospital... nos obligaron a continuar la investigación más allá del sanatorio tras su rehabilitación y baja. La concubina del susodicho, doña Lucía Jiménez, era presta a la superstición y colaboró cuando le pedimos que mantuviera vigilado a su pareja, informándonos de todas sus desavenencias y anormalidades. Incapaz de reconocer a la persona que aparentaba ser aquel hombre, otrora afable y bienamado; sus modos eran superficiales y no parecía interesado en las banalidades de su entorno, salvo para estudiar una composición estelar que había trazado con su rápido aprendizaje astronómico. Esta obsesión alteró a la mujer, y tuvimos que convencerla sobre los posibles daños psíquicos que sufrió su mente durante la apoplejía y la trepanación craneal... normalizando su cambio de perspectiva y sus intereses. Aunque en nuestras más catastróficas conjeturas ideamos que los recuerdos y pensamientos de Ismael Bustamante se vieron reducidos infinitamente por la usurpación de una criatura de longevidad inefable, posiblemente anterior a cualquier concepción de tiempo ideada por los humanos. Esta entidad cabal y pensante había sido arrastrada desde el albor de las tinieblas por el canal de la conjuración, y su aparente infiltración en nuestro mundo daba mucho que pensar sobre la naturaleza de estas manifestaciones y aparentes «resurrecciones» clínicas.

Habíamos ideado fórmulas para desatar el conjuro, pero tras numerosos fracasos concluimos que la posesión del receptáculo era incorruptible. No podíamos dañar aquella presencia tanto como podíamos corromper la mente de cualquier otro ser humano... y las soluciones eclesiásticas que aportó Lucía tampoco afectaban a la grotesca criatura retenida en el cuerpo de Ismael Bustamante.

Durante la Noche de Brujas, se apoderó de él un furor inaudito como el de un lunático, hallándose a altas horas de la madrugada recorriendo las calles lúgubres del Malecón cual espanto, y arrodillándose en los tumultos del Panteón abandonado. Fueron muchos los que atestiguaron al hombre hablando con el viento y cayendo desmayando tras sumergirse en trances psicóticos. Cuando su mujer lo halló, la Víspera de los Santos... lo escuchó maldecir en una lengua espeluznante que «parecía el sonido de una garganta humana desgarrándose—nos dijo por teléfono—, creí que se estaba ahogando, pero pronto... sentí que no estaba solo».

Nunca supimos con qué o quién estuvo conversando Ismael, puede que el mundo este poblado por extrañas criaturas que somos incapaces de ver... y que muchas de ellas solo puedan visitar estas tierras en ciertas fechas. El aislamiento del hombre se volvió más inhóspito, y Lucía temió por sus hijos... mientras Ismael dedicó su tiempo a recolectar extraños cristales de cuarzo y distintas piedras naturales para tallar figuras geométricas de una magnífica contextura y forma. La abstracción de su oficio escondía la cúspide de su alienación, pues en las noches solía vagar por la casa o el patio para calcular el ángulo de las estrellas con unos rudimentarios aparatos que construyó él mismo. Una mañana, encontró a su esposo excavando agujeros para enterrar sus esculturas rocosas de formas irregulares. A partir de ese momento, el horror comenzó a manifestarse como nunca: se oían susurros ininteligibles, los metales cotidianos soltaban espontáneos chispazos de estática, los niños veían sombras en el patio y una iridiscencia brillaba como un espejismo en los círculos de tierra que Ismael excavó. Una vez le preguntó a su esposo de qué se trataba y él simplemente respondió que «los Visitantes no pueden entrar sin invitación».

Lucía creía que su marido estaba loco, y que en Nochebuena planeaba culminar el último de sus artefactos de piedra. El doctor Cruz y yo habíamos visitado a Ismael Bustamante con tal de desentrañar el secreto de sus dispositivos alienígenas formados por distintos trozos de piedras pulidas y talladas, que se unían con rigurosos encajes en formas retorcidas e indescriptibles. La aparente asimetría de sus rudimentos y las composiciones minerales confería a sus piezas únicas la armonía irrepetible que solo una mente enloquecida podría apreciar.

Nuestras entrevistas eran rápidas y rutinarias: chequeamos la presión sanguínea, la frecuencia cardíaca, los nervios craneales y la respuesta motriz. El interés del paciente por la astrología era impresionante, y sus conocimientos en los diversos campos de la física y la química se habían expendido rápidamente. Temíamos que el ser que poseía el cuerpo de Ismael Bustamante planeara una hecatombe como ninguna ante la apertura de una puerta ignominiosa... y esperamos, pacientemente, hasta el solsticio de invierno. Habíamos dispuesto las horas para interrumpir la ceremonia planeada por la criatura que se hacía pasar por Ismael Bustamante... y esperamos la señal de doña Lucía al clarear de las extrañas luces que ascendieron de la tierra en el momento de su ejecución.

Acá mi relato se torna inverosímil y siniestro. Albergamos dudas hasta el último momento. No estábamos preparados para enfrentar el horror que danzaba en aquel patio sembrado de estática y presencias que oprimían nuestros pulmones. Para comprobar la veracidad de aquella contravención me atreveré a asociar las auroras boreales captadas en el cielo durante las horas más oscuras de esa noche... así como la gigantesca sombra mefítica que muchos habitantes avistaron en las nubes durante el estallido de los fuegos artificiales. Solo diré que los dispositivos que fabricó Ismael Bustamante funcionaron, y que vimos colores indescriptibles y oímos sonidos enloquecedores en una tormenta de fulgores ignífugos y soles negros. La Muerte estaba allí.

Saltamos el muro y diez minutos después, Ismael Bustamante yacía muerto tras seis disparos contundentes. No sabría decir si el homicida fue mi compañero, el desaparecido doctor Ernesto Cruz, quien era mucho más viejo, sabio y extraño de lo que creí; y yo, el joven residente que pagará los pecados del horror que invocó al violar por pretensión las leyes existenciales que mantienen este mundo unido con delicados hilos terrenales. He escuchado rumores sobre la pena máxima por homicidio, solo tengo una súplica para con la justicia si llego a fallecer en esas cárceles diabólicas: incineren mi cuerpo. He entablado conversaciones con entidades ansiosas de pernoctar en nuestro mundo para llevar a cabo abominaciones impensables, por ende, prohíbo que este cascarón de piel sea el receptáculo de un horror... y con mi último rezo suplico al Altísimo, si aún no ha sido devorado, que donde sea que estos enjambres deambulen en el vacío sideral... jamás se encuentran con nuestro aislado y agonizante planeta.

Antología: Las Brujas de Ciudad Zamora

u/Delicious-Belt7790 — 14 days ago

Las manos del diablo.

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Es común que cuando alguien busca religión quiera escuchar un mensaje de un ser supremo, pero ¿Qué pasa cuando sí lo escuchan?, no como un “sentimiento” sino una voz que claramente te dice que tu misión es destruir demonios.

Esta es la premisa de “Las manos del diablo” (Frailty 2001) un fantástico thriller dirigido por Bill Paxton. La historia abarca los delirios religiosos de un padre, que busca inducir a sus hijos a ser “Las manos de Dios” para dar muerte de los demonios por pecados abominables que tiene la capacidad de ver cuando los toca, pero su hijo mayor no lo cree, por lo que vive las consecuencias de su falta de fe.

Los giros de tuerca son fascinantes y te mantienen al borde de la crisis sin necesidad de jumpscares. Recuerdo que cuando la vi en mi adolescencia me llenó de terror, porque la ambigüedad de la película siempre te hace sentir que ya has llegado a lo peor para luego hacerte entrar en un agujero más profundo.

Para mí fue muy refrescante encontrar clásicos que vayan más allá del gore y no se queden en la típica historia policial. Creo que esta historia explora muy bien la idea entre la fe ciega y la incredulidad de fenómenos que simplemente no entendemos.

La peli da para mucho, pero no quisiera poner spoilers desde el inicio, así que los espero en comentarios para seguir platicando (y también, si quieren me pueden recomendar más películas para analizar en el discord).

https://discord.gg/qtKndGbDf

u/Vonnei_Castillo — 12 days ago