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Únicamente construir más casas no solucionará la crisis de la vivienda

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>Las soluciones estructurales deberían combinar la construcción significativa de vivienda pública y accesible (allí donde se necesite más), y un paquete fiscal y regulatorio que desincentivara —o directamente prohibiera— el uso de la vivienda como bien de inversión

El análisis convencional afirma que la solución principal de la crisis de la vivienda es construir más. El argumento se sostiene en la dinámica de oferta y demanda y es tan simple que a menudo se nos recuerda que es de “primero de economía”. Según esta interpretación, el precio de la vivienda se ha disparado porque el número de hogares ha crecido bastante más que el número de viviendas disponibles; de ahí se sigue que, si se incrementase la oferta mediante la construcción de viviendas, los precios bajarían. Economistas, analistas, divulgadores y comentaristas repiten este discurso, que, por otra parte, es el preferido de la derecha política y empresarial. Pero ¿estamos seguros de que este análisis es correcto?

El enfoque de oferta

Desde 2021, la población se ha incrementado en España en 2,17 millones de personas (un 4,6%), los hogares han crecido en 1,22 millones (un 6,6%) y solo se han terminado 468.000 nuevas viviendas (un 1,8%). Ese es el déficit acumulado que señala el Banco de España en su informe de 2025, y que cifra en aproximadamente 750.000 viviendas. Tradicionalmente, España había creado cada año muchas más viviendas que nuevos hogares y, durante el ciclo 2000-2010, esa diferencia fue de más de un millón. Como se sabe, España construía más viviendas que varios países europeos juntos. En el gráfico siguiente, que está basado en el del informe del Banco de España, se ve bien esa transformación desde ser un país con superávit en viviendas a ser un país con déficit.

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El análisis convencional deduce que este déficit es el principal factor en la explicación del crecimiento del precio de la vivienda en España. Como vemos en el siguiente gráfico, los indicadores de alquiler de oferta y de precio de compraventa se han disparado en los últimos años a la par que descendía la ratio de vivienda por hogar. Sin embargo, el triunfo de esa narrativa se sostiene en gran medida en nuestros prejuicios a favor de la tesis, porque un análisis más sosegado introduce muchas más dudas.

De hecho, si realmente el precio dependiera directamente de la escasez (la relación entre viviendas y hogares), los años de caída de la relación vivienda/hogar deberían ser años de subidas de precios y, a la inversa, los años de superávit deberían provocar caídas de precios. Eso no es lo que se observa. Por ejemplo, durante la burbuja inmobiliaria se construyeron muchas más viviendas que hogares y, contrariamente a lo esperado, el precio real de la vivienda se duplicó entre 1997 y 2007. En aquel período la demanda fue impulsada por el crédito, no solo por la creación de hogares. También durante la pandemia encontramos otro ejemplo: se construyeron menos viviendas por hogar, pero los precios del alquiler en términos reales se desplomaron un 12%. Por otro lado, entre 2014 y 2020 la ratio de viviendas por hogar no se movió y, sin embargo, el alquiler de oferta subió un 47 % en términos reales. Estos “contraejemplos” han sido subrayados por los defensores de un enfoque de demanda, ya que son prueba suficiente de que es necesario ir mucho más allá del enfoque de oferta a la hora de explicar las variaciones en los precios.

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El enfoque de demanda

La pregunta realmente interesante es qué empuja la demanda de vivienda. El enfoque simple de oferta ignora completamente esa pregunta, al considerar solo la demanda residencial, es decir, la derivada de los nuevos hogares: si hay un nuevo hogar, debería haber una nueva vivienda. Pero en el mundo real las viviendas no se compran sólo para vivir en ellas, sino también para tener una segunda residencia, para convertirla en una vivienda turística o como inversión financiera. Estos otros tipos de demanda compiten con la demanda residencial, como también lo hacen con lo que podríamos llamar demanda latente, es decir, la de las familias y jóvenes que no se emancipan o comparten piso porque no pueden superar la barrera de entrada en el mercado. Así, examinar la composición de la demanda arroja mucha luz sobre lo que está pasando con la vivienda en España.

Lo primero es comprender que las condiciones macrofinancieras importan. Desde el advenimiento del neoliberalismo los propietarios de capital (que se concentran entre las clases altas) tienen mayor “libertad” para invertir en el sistema financiero, y la política monetaria flexible de los bancos centrales ha inundado el sistema con mucho dinero. El resultado es lo que se conoce como “inflación de activos”: hay una gran cantidad de capital buscando la mayor rentabilidad posible entre los activos financieros (acciones y participaciones, deuda privada, deuda pública, instrumentos exóticos, etc.). En ese contexto, la vivienda se ha convertido en un activo de inversión más y, aunque no sea igualmente líquido (no puedes convertirlo en dinero de manera casi instantánea), ofrece rentabilidades muy altas. Los agentes financieros (bancos, sociedades de inversión, etc.) recomiendan a las grandes fortunas “invertir en vivienda” precisamente por esa razón. La rentabilidad de la vivienda supera a la de los bonos de deuda pública, como se puede ver en el siguiente gráfico.

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El mecanismo ya lo expliqué aquí, pero el gráfico actualizado nos muestra que desde 2015 invertir en vivienda (tanto para poner en alquiler como para la revalorización en el precio) es bastante más lucrativo que hacerlo en bonos del Estado. Esto es especialmente intenso cuando los tipos de interés son bajos, ya que las alternativas estrictamente financieras pierden atractivo. Esto quiere decir que la demanda de vivienda por parte de los nuevos hogares compite también con la demanda de inversión por parte de los propietarios de capital, es decir, de los llamados “inversores inmobiliarios”. O, dicho de otra forma, la demanda de vivienda puede crecer incluso aunque no se creen nuevos hogares porque depende de la rentabilidad relativa y de las expectativas de revalorización.

Esto es exactamente lo que sucedió durante la burbuja inmobiliaria, cuando las expectativas de revalorización y las facilidades crediticias empujaron a los inversores a demandar gran cantidad de viviendas. Pero si entonces fue el crédito el que empujó esa demanda, en la actualidad el motor es el patrimonio previo. Como dice el aforismo, compra quien puede. El crédito hipotecario ha caído desde el 58% al 31% del PIB entre 2014 y 2025, y en 2025 casi la mitad de las viviendas se pagaron sin hipoteca según el Banco de España. Además, entre la demanda hay más cantidad de personas jurídicas, que en el 2025 fue el 11,3% de las compras, cuando ese porcentaje era del 5,5% en plena burbuja inmobiliaria (aunque llegó a un máximo del 22,2% en 2013).

La mayoría entiende que la compra de una vivienda por parte de una persona jurídica tiene como objeto la inversión. Es el tipo de demanda de inversión o especulativa más evidente. De acuerdo con los datos del Portal Estadístico del Notariado, para el período desde agosto de 2025 hasta julio de 2026, el porcentaje de compras sobre el total por parte de personas jurídicas fue del 17% en Santa Cruz de Tenerife, 15% en Lleida, y 14% en Málaga y Almería y superiores al 12% en Madrid, Baleares y Las Palmas.

Los hogares pudientes y también muchos modestos se han sumado a la fiesta de la inversión inmobiliaria, como muestra el hecho de que las declaraciones del IRPF con rendimientos inmobiliarios se han duplicado desde 2008: eran 1,64 millones entonces y 3,26 millones en 2024. Otras fuentes abundan en la misma trayectoria, y según la Encuesta Financiera de las Familias (EFF) los hogares que cobran algún alquiler han pasado del 6 % en 2008 al 14 % en 2022. La Encuesta de Condiciones de Vida apunta en la misma dirección: el 16,5 % de los hogares —3,2 millones— cobró en 2024 rentas por alquilar algún inmueble, frente al 9,4 % (1,6 millones) en 2007.

Un tipo particular de demanda de inversión es la que tiene como objetivo constituir una vivienda de uso turístico. Según el Banco de España, las viviendas turísticas crecieron entre 2021 y 2024 hasta alcanzar las 400.000, y en 2025 rondaban las 355.000. Aunque es una proporción pequeña a nivel agregado (el 1,5% del parque de viviendas total), en el mercado de alquiler es el 10% y en determinadas zonas es sencillamente brutal. Por ejemplo, en el centro de Málaga y de Sevilla las viviendas de uso turístico son casi el 45% del mercado de alquiler, y en los centros de otras ciudades turísticas como Las Palmas, Barcelona o Madrid los porcentajes son muy elevados también (27%, 22% y 15% respectivamente). Toda esa demanda compite con la demanda residencial, de modo que donde hay vivienda de uso turístico no hay nuevo hogar que pueda entrar.

Estas regiones son donde se concentra la presión adicional de las demandas no-residenciales. A la demanda de inversión ya descrita hay que sumar también la demanda por parte de extranjeros no residentes, que en provincias como Alicante y Málaga fueron el 33% y 28% respectivamente de todas las compras en 2025. En toda España las viviendas que son propiedad de extranjeros no residentes y las viviendas de uso turístico suman ya de manera combinada 900.000 viviendas, un 3,3% del total de viviendas en España. Pero, de nuevo, en provincias como Alicante y Málaga suponen ya más del 14% del total en el stock. Hay que insistir otra vez en que esta demanda no es la de nuevos hogares (nacionales o inmigrantes), sino otra cosa distinta que, sin embargo, el enfoque de oferta no distingue.

Paradoja y conclusiones

El enfoque de oferta nos dice que en España se construye poco, y en particular en el tiempo en el que han crecido mucho los nuevos hogares. Una aparente paradoja de este enfoque es que las nuevas construcciones no siguen a la nueva demanda de hogares sino al precio. Obviamente, esto es lo que cabría esperar según la teoría económica, pues las empresas promotoras y constructoras no tienen criterio social y no construyen donde se necesita, sino que siguen el criterio de rentabilidad y construyen donde se gana más dinero, esto es, donde el precio es más alto. Esa es la razón por la que la construcción de nuevas viviendas correlaciona mejor con el precio que con la escasez (relación viviendas/hogares). Como dijo un famoso liberal antes de entrar en prisión, «es el mercado, amigo». Esto, por cierto, es un argumento de peso a favor de la construcción de vivienda pública, que sí puede dirigirse allí donde más se necesita.

De este análisis no podemos concluir que el enfoque de oferta no nos aporte nada. En realidad, es verosímil que la creación de nuevos hogares por encima de las nuevas viviendas genere presión sobre el precio. El problema es que ese no es el único factor y, en determinados mercados, puede ni siquiera ser el más importante. Una formulación posible para comprenderlo es suponer qué pasaría si se incrementara el stock de viviendas de manera significativa, por ejemplo, en un millón de nuevas viviendas. Según el análisis de oferta que hemos repasado, aparentemente eso sería más que suficiente para cubrir el déficit de viviendas acumulado desde 2021 y reducir los precios. Sin embargo, este análisis nos demuestra que la demanda real no es sólo la de los nuevos hogares, sino que también hay demanda de inversión para alquilar o para vender más tarde más caro, demanda para segunda residencia, demanda para vivienda de uso turístico y demanda de extranjeros no residentes. Todas ellas compiten con la demanda residencial, y las de inversión en particular están propulsadas por la rentabilidad y la inflación de activos (un contexto macrofinanciero apropiado).

A la luz de este análisis, las soluciones estructurales deberían combinar la construcción significativa de vivienda pública y accesible (allí donde se necesite más), y un paquete fiscal y regulatorio que desincentivara —o directamente prohibiera— el uso de la vivienda como bien de inversión. Estas medidas permitirían elevar la oferta al tiempo que se reduce la demanda no-residencial, facilitando en consecuencia un ajuste que redujera los precios. Pero esto implicaría cerrar un canal de enriquecimiento notable de ciertos agentes económicos (concentrados en las clases altas, pero no solo) que, de manera natural, se oponen a estas medidas. Estas son las resistencias materiales que estamos viendo estas semanas, como demuestra la reciente votación contra los reales decretos-ley en el Congreso.

u/Angel24Marin — 9 days ago

¿Son las bonificaciones a los propietarios un “regalo fiscal” al especulador? (Calculador del IRPF)

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Los diferentes gobiernos estatales encadenan una década sin aprobar beneficios para los inquilinos: apenas 120.000 disfrutan de una deducción que fue suprimida en 2015, frente a ayudas para 2,2 millones de propietarios

El Gobierno da forma a los últimos flecos de un Real Decreto-Ley que le permita coger aire tras el desahucio de Maricarmen, la anciana de 87 años expulsada de su hogar por la compañía Urbagestión y que se ha convertido en el símbolo de la crudeza de la crisis de la vivienda. El Ejecutivo trata de atar a todos sus socios parlamentarios y, en concreto, prevé incluir en ese texto bonificaciones fiscales para propietarios y, también, inquilinos. Lo primero es una exigencia de Junts, cuyo concurso es necesario para que salga adelante la ley. Y lo segundo sería un notable cambio de rumbo tras más de una década sin ayudas fiscales estatales a este colectivo.

El paquete fiscal, que el Ministerio de Vivienda negocia contra reloj, prevé bonificaciones para “rebajar el esfuerzo económico de manera inmediata” de los inquilinos. Y también ventajas fiscales “para quienes bajen el precio del alquiler”, con el objetivo de incentivar los recortes en los precios. En concreto, ampliando la deducción sobre esos ingresos hasta el 100%, de acuerdo con el borrador al que ha tenido acceso elDiario.es, en determinados supuestos.

Entre el decálogo de medidas, indican fuentes del Gobierno, se incluye a los pisos turísticos en el perímetro del IVA, la bajada de este impuesto para la construcción de vivienda protegida con calificación permanente y ayudas a la compra de una primera vivienda para “las personas que quieren adquirir un piso, pero no tienen ahorros”.

A falta de conocer la letra pequeña definitiva, los “regalos fiscales” a los propietarios, como se ha definido a estas medidas desde la izquierda del PSOE, han levantado una importante polvareda. Porque, si alguien se ha beneficiado durante más de una década de estos beneficios tributarios, son precisamente los tenedores –grandes o pequeños– de vivienda.

“En la práctica, el inquilino no dispone hoy de ningún beneficio fiscal estatal”, explica Xavier Rubert, socio del despacho especialista en fiscal Lullius, ya que “la deducción por alquiler de vivienda habitual se suprimió en 2015 y solo sobrevive, en régimen transitorio, para contratos firmados antes de esa fecha”. Sí existen algunos beneficios a nivel autonómico, que cada gobierno regional regula por su cuenta.

Una deducción del 10% sobre el pago del alquiler

Según datos recopilados por el sindicato de técnicos de Hacienda Gestha, procedentes de la última estadística del IRPF, solo 121.573 inquilinos se benefician en la actualidad del régimen transitorio de esa deducción estatal, con un coste medio de 212 euros y una factura para el Estado de 25,7 millones. “Teniendo en cuenta que el INE estima que un 20,4% de los hogares viven de alquiler, parece que el Gobierno de España podría realizar un esfuerzo mayor para facilitar el acceso”, indica su secretario general, José María Mollinedo.

El borrador del Real Decreto-Ley que valora el Gobierno plantea una deducción para aquellos jóvenes que residan en zonas tensionadas con ingresos anuales inferiores a 33.007,20 euros. En concreto, podrán deducirse hasta el 10% de lo que han pagado por el alquiler de su vivienda habitual, hasta un tope máximo de 11.630 euros anuales, en el caso de que los ingresos se sitúen por debajo de 23.007,20 euros al año.

Frente a la poca generosidad con las personas que viven de alquiler, la política española de los diez últimos años ha colmado de beneficios fiscales a propietarios. “Tienen incentivos importantes”, apunta Rubén Gimeno, director del servicio de estudios del Registro de Asesores Economistas Fiscales (REAF) del Consejo General de Economistas. “Con carácter general, los nuevos contratos firmados a partir del 26 de mayo de 2023 [un día después de publicarse y entrar en vigor la Ley de Vivienda] tienen reducciones del 50%, pero puede subir al 60, al 70 o incluso al 90% si cumplen determinadas condiciones. Por ejemplo, si la vivienda está en una zona tensionada y el propietario firma un nuevo contrato que reduce la renta en más del 5%”, señala. Pero Rubert matiza que estos últimos tramos “son, sin embargo, de alcance muy reducido, porque dependen de que la comunidad autónoma declare zonas tensionadas y varias gobernadas por el PP han optado por no hacerlo”.

Mollinedo, de Gestha, compara esos poco más de 120.000 inquilinos que gozan de una deducción estatal con los 2,2 millones de propietarios que disfrutan del beneficio fiscal por alquilar, con un alivio medio de 3.006 euros y una reducción total de 6.725 millones de euros. “Esta gran diferencia da una clara idea de la apuesta de los gobiernos de España en la última década por favorecer fiscalmente a los propietarios que pongan sus inmuebles en alquiler”, dice el técnico de Hacienda. “Visto el resultado en el alza de los precios del alquiler, no parece que la medida tributaria generalizada haya sido eficaz para contener los precios”, concluye.

De cada 100 euros, los caseros tributan 24 por los alquileres

De los datos de la Estadística de viviendas declaradas en el IRPF correspondientes a 2024, los últimos publicados, los propietarios españoles declararon a la Agencia Tributaria ingresos procedentes del alquiler de vivienda habitual por valor de 21.000 millones. Una vez aplicadas las deducciones de gastos (9.300 millones, por amortizaciones, intereses de la hipoteca, seguros, o gastos de comunidad) y ese ‘regalo’ por alquilar una vivienda habitual (6.631 millones), el montante sobre el que pagan –se incluye en su base imponible–se queda en poco más de 5.050 millones de euros. De cada 100 euros que ingresan, apenas tributan por 24 euros.

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Ese tratamiento más favorable de las rentas procedentes del alquiler para los caseros también se traduce en que el tipo efectivo que soporta un propietario es, potencialmente, mejor que el de un asalariado. Un trabajador con un sueldo bruto de 30.000 euros paga 4.926 euros de IRPF. Un casero que percibe 20.000 euros procedentes de su trabajo al año y percibe 10.000 euros de alquiler tributa prácticamente la mitad: 2.700 euros.

Como se puede ver en el gráfico siguiente, que es interactivo, si un trabajador ingresara 100.000 euros brutos, eso supondría contribuir con 32.119 euros al fisco. Si esa misma cuantía procediera íntegramente del alquiler, apenas abonaría 5.434 euros.

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Los datos muestran el caso de un contribuyente que presenta la declaración individual, sin hijos ni otras personas a cargo, menor de 65 años y sin discapacidad. Se usa la escala general del impuesto. Para los gastos deducibles de los caseros, se usa la media que declararon en 2024, el 44,5 % de lo que cobraron. La reducción aplicada es la general, del 50%, aunque puede ser mayor si se cumplen una serie de condiciones.

Esa brecha en el tipo efectivo se ve claramente en este otro gráfico: partiendo de un sueldo bruto de 25.000 euros, si un trabajador aumentara sus ingresos hasta los 100.000 euros brutos, su tipo efectivo sobre el IRPF –que, recordemos, es progresivo– se situaría en el 32,1%. Si los 75.000 euros restantes procedieran de rentas del alquiler, el tipo progresivo decaería hasta colocarse en el 10,3%. Es decir, pagaría proporcionalmente menos que el asalariado del punto de partida (14,3%).

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Gimeno apunta que, en comparación, “sí existe cierta descompensación” entre caseros y aquellos que viven de alquiler. “Creo que tendría sentido reforzar algún incentivo para el arrendatario, especialmente para rentas medias y bajas, pero siempre cuidando que no termine trasladándose al precio del alquiler”, advierte el experto del REAF.

Precisamente este es uno de los aspectos que destaca el investigador de Funcas Ignacio Ezquiaga, especializado en el sector inmobiliario. “Las ayudas directas o fiscales por alquilar pisos antes vacíos son positivas siempre que estén condicionadas a que la renta resulte asequible al hogar inquilino. De lo contrario no hacen sino avivar el fuego del ascenso de precios”, defiende. 

Tampoco lo comparte Pablo Feu, abogado especializado en vivienda y uno de los impulsores de la prohibición de compra especulativa de casas: “Para que salga a cuenta, la rebaja fiscal tiene que vencer el beneficio del mercado. Lo que tiene que vencer es que salga más a cuenta que el incremento exponencial de los precios de mercado mes a mes o año a año, y eso en España es imposible”. “Es un error de libro”, dice.

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u/Angel24Marin — 15 days ago

Los desahucios y la política de vivienda

Desde hace décadas, y no sólo en España, han colisionado dos derechos garantizados constitucionalmente: el derecho social a la vivienda y el derecho a la propiedad. El contrato social implícito en nuestras sociedades democráticas ha buscado siempre un difícil equilibrio entre ambos derechos. El ya famoso caso de Maricarmen se ha convertido en el exponente de un grave desequilibrio, al imponerse el derecho a la propiedad por encima del de la vivienda, con la gravedad de que se ha hecho sobre una persona vulnerable, de 87 años, y que llevaba puntualmente pagando desde hace 70 años su alquiler mensual, aunque se hubiera quedado fuera de los precios del mercado.

Ha sido, sin duda, el desahucio más famoso y ha generado una ola de indignación, no sólo entre las personas afectadas por el problema de la vivienda, sino también entre las que no lo están, que son la mayoría de la población. En el Gráfico 1, utilizando los datos públicos del Consejo General del Poder Judicial, presento la evolución trimestral de los “lanzamientos” (“acción de desalojar un espacio por orden judicial”) en el primer trimestre de cada año desde 2014. Un lanzamiento no es exactamente lo mismo que un desahucio, pues puede afectar a plazas de garaje, fincas o locales, mientras que el término desahucio lo referimos a exclusivamente a vivienda. Pero aquí, para simplificar, lo trataremos como si fueran sinónimos.

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En el Gráfico 1 se observa que el número de desahucios presenta una tendencia claramente decreciente desde 2014 hasta 2026. De hecho, se pueden distinguir tres etapas: la primera, durante el gobierno de Rajoy, 2014-2017, con un promedio de 17.800 desahucios trimestrales. La segunda, durante el gobierno de Sánchez y hasta el final de la pandemia, 2018-2022, con un promedio de 12.600 lanzamientos por trimestre, y la tercera, desde 2023 hasta la actualidad, con una media de desahucios de 6.300 por trimestre. El último dato, correspondiente al primer trimestre de 2026, recoge un número de desahucios de 4.005, que es el mínimo de la serie histórica.

Resulta llamativo, por tanto, que haya sido en este momento cuando ha surgido un movimiento social parecido al 15-M de 2011, cuando el número de desahucios está en niveles mucho más bajos que los de otros años. Aunque los sociólogos lo explicarán en el futuro con todo lujo de detalles, parece evidente que el movimiento surge por la indignación que el caso Maricarmen ha tenido en la población, y con el malestar latente por el problema de la vivienda, sobre todo entre los jóvenes, que se ha ido agravando en los últimos años.

El 15-M ocurrió en plena crisis financiera, en el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la consiguiente ejecución por parte de una banca muy tocada por los créditos hipotecarios impagados por la recesión y el galopante desempleo, que llegó al 27% en el primer trimestre 2013. El movimiento 27-S, por el contrario, surge en pleno boom económico, con unas tasas de paro, tanto la general como la juvenil, en mínimos desde 2007, y con la banca saneada y una tasa de morosidad baja. En el Gráfico 2 presento los “lanzamientos” trimestrales en España desde 2013, tanto los causados por no pagar el alquiler como por no pagar la hipoteca. Hay que tener en cuenta que los lanzamientos por impago de hipoteca suponen una cifra menor que el de las “ejecuciones hipotecarias”, pues éstas incluyen todos los procedimientos iniciados por los bancos, independientemente de que terminen o no en un lanzamiento.

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Del Gráfico 2 destacamos dos observaciones relevantes. La primera es que hay una tendencia decreciente en ambos tipos de desahucios, pero con un matiz importante. Los causados por no pagar la hipoteca caen de forma mucho más acusada desde 2014. Los causados por no pagar el alquiler también lo hacen, pero con más retraso y menos intensidad. La segunda, consecuencia de lo anterior, es que el número de desahucios por no pagar la hipoteca representaban el 50% del total en 2014, y recientemente apenas llegan al 20% del total.

Entre los motivos que justifican la reducción de ambos tipos de lanzamientos, hay varios. El primero, el más evidente, la marcha de la economía. Los desahucios son claramente anticíclicos. Aumentan con las recesiones, por la caída del empleo, de la renta y el aumento de la morosidad. Y se reducen en las expansiones. Pero, además del argumento cíclico, la reducción del número de desahucios se produce por las medidas de protección y mitigación tomadas por las administraciones públicas o por parte del sector privado. Esto ha ocurrido claramente en el caso del sector financiero y los lanzamientos por impago hipotecario.

Por ejemplo, con el código de buenas prácticas al que se adhirieron casi todas las entidades financieras y que a partir de 2022 se hizo obligatorio y que busca proteger a los hipotecados más vulnerables, además de facilitarse la dación en pago, sobre todo de segundas viviendas. También la “ley de la segunda oportunidad” de 2015, que facilitó la reducción de las deudas hipotecarias para la vivienda habitual. Lo cierto es que se ha trabajado y mucho por el lado de la banca, que recibió importantes ayudas durante la crisis y a la que se exigió que devolviera a la sociedad una parte de ese esfuerzo que los contribuyentes hicieron para su rescate.

Los bancos eran el enemigo a batir en la puerta del Sol en 2011. Hoy ni se les menciona en el 27-S. El problema ahora está en los fondos de inversión inmobiliarios y los grandes propietarios, que no se han avenido a aceptar un código de buenas prácticas como el del sistema financiero durante la crisis financiera. Y aquí es donde entra en acción el Congreso de los Diputados. En esta legislatura el Gobierno y los partidos de izquierda han registrado 29 iniciativas que guardan relación con la vivienda, de las cuales solo han prosperado cinco. Tres de ellas fueron reales decretos-leyes (RDL) para paliar los efectos de la crisis de Ucrania y Oriente Medio. El cuarto fue el escudo social aprobado en 2025, que prorrogaba la suspensión de los desahucios hasta diciembre de 2025. Pero PP, Vox y Junts se han negado a reeditarlo. Una versión de este decreto es el que se presentará, probablemente, este martes.

El problema es que este tipo de decretos, necesarios y ahora urgentes, no solucionan el problema de la vivienda. La insuficiencia de oferta de vivienda de alquiler, además de la construcción de vivienda pública (para alquiler) y privada (para alquiler y venta), requiere incentivar la salida al mercado de un volumen considerable de viviendas vacías que todavía tenemos en nuestro país. Y ese incentivo pasa necesariamente por posibilitar el desahucio de los inquilinos que dejen de pagar su alquiler. Sin esta herramienta jurídica es imposible que los propietarios, sobre todo los pequeños, se arriesguen a sacar su vivienda al mercado de alquiler. Pero ahí entramos en los casos extremos, como el de Maricarmen, en que se debe buscar el equilibrio entre el derecho a la propiedad y el derecho a la vivienda que mencionaba al principio del artículo. Y para garantizar ese equilibrio deben estar vigilantes las administraciones públicas con sus competencias establecidas (CCAA y ayuntamientos) y el propio sector privado, que debe acogerse a un código de buenas prácticas que no erosione su rentabilidad ni su seguridad jurídica.

u/Angel24Marin — 16 days ago

El laboratorio de la liberalización de la alta velocidad de España.

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El país ha abierto como nadie el sector a la competencia, pero también ha sometido la red a un estrés inédito y ha dejado al descubierto el déficit de mantenimiento

Fútbol, gastronomía, buen clima… y trenes. Del “España va bien” cuando el país convergía por fin con Europa en los años noventa al “soy español, ¿a qué quieres que te gane?” de 2010 tras la consecución del primer Mundial de fútbol y los éxitos de Rafael Nadal o Pau Gasol. Las veces que los españoles miran al mundo con orgullo son muy contadas y, cuando ocurren, suelen ser tímidas y fugaces. Hasta el reciente accidente de Adamuz, los trenes habían sido la gran excepción.

Con 4.000 kilómetros, España cuenta con la segunda red ferroviaria de alta velocidad más extensa del mundo, sólo superada por la china. La imagen del AVE —como se conoce popularmente al tren de alta velocidad— cruzando la península ibérica a 300 kilómetros por hora es motivo de orgullo nacional y envidia del mundo desarrollado. Por una vez, España era un ejemplo y no un alumno rezagado.

Sin embargo, siempre se le ha pedido más al AVE. El faraónico esfuerzo inversor —65.000 millones de euros, el 20% sufragado con fondos europeos— ha priorizado la expansión de la alta velocidad y ha descuidado la red convencional y el mantenimiento de las vías. 

Mientras, los auditores públicos han advertido en repetidas ocasiones de la ausencia de rentabilidad, la construcción de tramos sin apenas demanda y la infrautilización de la red existente. Con doce pasajeros por kilómetro de alta velocidad, España estaba en 2019, antes de la pandemia, muy lejos de los 37 de Alemania, los 43 de Francia, los 67 de China, los 75 de Corea del Sur o los 181 de Japón, según datos de la Unión Internacional de Ferrocarriles. Había que intensificar el uso de la red.

Así fue como España se convirtió en el laboratorio internacional de la alta velocidad. El país abrió de par en par las puertas de su sistema ferroviario a empresas privadas en 2021, mucho más que cualquier otro país, y desde entonces ha duplicado su número de pasajeros de alta velocidad. Los precios han caído un 33% en las rutas con competencia, pero el servicio se ha degradado y las incidencias se han disparado. Lejos de detenerse, la liberalización sigue quemando etapas, con nuevos corredores de alta velocidad, la media distancia y los cercanías en camino. El mundo sigue muy de cerca ese experimento, más aún después del accidente.

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Una liberalización sin trampas

En 2021, el sistema ferroviario español deshizo el monopolio de Renfe para dar la bienvenida a dos nuevos rivales privados —la francesa Ouigo y la italiana Iryo— y tres nuevos servicios —Renfe también se lanzó a competir en el low cost con AVLO—. La liberalización arrancó con la ruta Madrid-Barcelona y pronto se extendió a los corredores del Levante y Andalucía. En 2026 llegará a las conexiones de la capital con Galicia, Asturias, Cantabria, Huelva y Cádiz.

En realidad, España se limita a seguir la hoja de ruta marcada por el Cuarto Paquete Ferroviario de la Unión Europea. Con el objetivo de crear un mercado ferroviario europeo único, más competitivo, seguro y eficiente, Bruselas aprobó una serie de normas entre 2016 y 2019 para abrir el sector a la competencia. El plan era trasladar a los trenes el funcionamiento de los aviones en Europa, con varias empresas compitiendo en las mismas rutas. España fue uno de sus principales impulsores.

La normativa obliga desde 2021 a todos los Estados miembros a liberalizar el transporte ferroviario de pasajeros de larga distancia comercial. En la práctica, sin embargo, ningún país ha llegado tan lejos como España. Bien por potencial —la red de alta velocidad más extensa del continente estaba infrautilizada—, bien por necesidad —había que rentabilizar la inversión—, Madrid se tomó muy en serio ese proceso. Así, facilitó la penetración de competidores extranjeros semipúblicos —Ouigo es una filial de la empresa pública francesa SNCF y el principal accionista de Iryo es Trenitalia, propiedad del Estado italiano— como ningún otro país en el mundo lo ha hecho.

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La clave está en la diferencia entre bloquear y abrir. Las capitales europeas no pueden prohibir la entrada de una empresa privada en su mercado ferroviario, pero sí pueden obstaculizarla. Al fin y al cabo, los Estados retienen la capacidad de decidir las plazas, los horarios, los cánones y las condiciones de acceso. Renfe, por ejemplo, lleva años intentando llevar sus trenes hasta París, pero ha quedado atrapada en la burocracia y las vacilaciones del administrador de las infraestructuras francés. No es una excepción: Francia ha hecho todo lo posible para zancadillear la competencia y mantener el dominio del TGV, el AVE francés, con una cuota de mercado superior al 99%, según datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).

En Alemania ocurre algo parecido, aunque en su caso la marginalización de la competencia se debe más a la saturación de la red que a la falta de voluntad política. La alta velocidad comparte vías con servicios regionales y mercancías, y sufre importantes cuellos de botella. Eso, junto a los costosos peajes ferroviarios, desincentiva la entrada de nuevos operadores. Como consecuencia, la cuota de mercado de los competidores de Deutsche Bahn apenas alcanza el 5% en los servicios comerciales de pasajeros, a pesar de que Alemania abrió el sector allá por 1994. El caso de los servicios regionales es distinto: están muy liberalizados, pero su reparto se realiza mediante concesiones y licitaciones públicas. La competencia, por tanto, es más bien por el contrato y no tanto en la vía.

En España, en cambio, Iryo y Ouigo compiten de tú a tú con Renfe en la alta velocidad, tanto en precios como en horarios. Tanto es así que la cuota de mercado de Renfe ya había descendido en 2024 hasta el 66% en los servicios comerciales de larga distancia y alta velocidad. Son datos que reflejan una liberalización completa, sin trampas y sin parangón en el resto del mundo. Así lo confirma a este medio Francisco Díaz, administrador del blog Geotren y antiguo trabajador del Ministerio de Transportes: “La liberalización de servicio que hay en España no existe en ningún lugar del mundo. Ha habido una apuesta brutal para meter más trenes”.

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Sí tiene, sin embargo, un precedente: Italia. Allí, la empresa privada Italo empezó a competir con la pública Trenitalia en 2012 y en los años siguientes el tráfico ferroviario experimentó un auténtico boom. La competencia estimuló el crecimiento del mercado sin canibalizar el negocio de Trenitalia y los pasajeros de la alta velocidad aumentaron un 80% en cinco años. Y no sólo eso: la apertura del mercado ferroviario conllevó una caída de los precios y un aumento de las frecuencias, un éxito que acabó sentando las bases de la posterior liberalización europea. Hoy, la cuota de mercado de Italo ronda el tercio del total, aunque, a diferencia de España, la competencia proviene de un único actor nacional y no de varios operadores extranjeros.

Fuera de Europa, destaca el caso de Japón. La tercera alta velocidad más extensa del mundo es también la pionera: el Shinkansen, conocido mundialmente como “tren bala”, se convirtió en el primer servicio de alta velocidad del globo al unir Tokio con Osaka en 1964. Pero el desarrollo de esa red llevó a las cuentas públicas al borde del abismo: pérdidas crónicas y una deuda insostenible que empujaron a Japón a privatizar su empresa nacional de ferrocarriles para salvarla.

Así, en 1987, los Ferrocarriles Nacionales Japoneses quedaron divididos en siete compañías regionales privadas que pasaron a poseer tanto la infraestructura como su explotación, dando lugar a una suerte de monopolios regionales. Ese sistema transportó en 2024 a cerca de 400 millones de pasajeros, diez veces más que la alta velocidad española, pero su competencia es mucho más limitada y bloquea la entrada de nuevos actores.

Por todo ello, España y sus 40 millones de pasajeros se han convertido en el laboratorio internacional de la alta velocidad. La liberalización sin letra pequeña iniciada en 2021 ha permitido intensificar el uso de la red y duplicar el número de viajeros en apenas cinco años.

Y todo ello sin restar clientes a Renfe, que cerró 2025 con un récord histórico de pasajeros de AVE y larga distancia. Pese a esto, el ministro de Transportes, Óscar Puente, se ha mostrado muy crítico con la liberalización. En una entrevista con Facua en septiembre, el socialista afirmó que solo ve “problemas” más allá de la rebaja de los precios y el aumento de la oferta, y que la apertura tiene truco porque “estamos compitiendo entre Estados”.

Lo que sí está claro es que la liberalización ha perjudicado a otros medios de transporte más contaminantes: desde 2019, el tren ha captado 4,8 millones de viajeros que antes viajaban por carretera o avión.

La alta velocidad española es por tanto lo más parecido al mercado único ferroviario que tanto ansía Bruselas, un sistema abierto a competidores de todo el bloque, de uso masivo y capaz de robar pasajeros al coche y al avión. Pero le han aparecido dos fisuras: la rentabilidad del sistema —Renfe, Iryo y Ouigo registran pérdidas— y el mantenimiento de las infraestructuras. Tras años de caos ferroviario, retrasos y averías, el accidente de Adamuz ha precipitado una revisión de ese modelo.

El laboratorio tecnológico

El Frecciarossa de Iryo que descarriló en Córdoba pesaba unas 500 toneladas, frente a las 329 de los primeros AVE. Es una de las consecuencias de la liberalización del sector: el parque ferroviario ha incorporado cerca de sesenta trenes nuevos, con pesos, longitudes y prestaciones muy dispares.

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La coexistencia de múltiples modelos de tren, operadores, y fabricantes, junto con el hecho de que la red española ha pasado de ser una infraestructura infrautilizada a una de las más exigidas de Europa en unos pocos años, somete a las vías a niveles de exigencia inéditos.

A ello se suma una década de desinversión en infraestructuras ferroviarias tras el reventón de la burbuja inmobiliaria. La inversión ha vuelto a acelerarse gracias a los fondos europeos de recuperación, pero la partida destinada al mantenimiento ha sido históricamente marginal y, en términos reales, ha caído un 30% por pasajero desde 2019.

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En ese contexto, España se ha convertido en un laboratorio tecnológico para la resistencia, el mantenimiento y la interoperabilidad de la alta velocidad. Prueba de ello es también el Sistema Europeo de Gestión del Tráfico Ferroviario (ERTMS, por sus siglas en inglés), cuya implementación y testeo lidera España. Se trata del estándar europeo de señalización y control de trenes, el pilar tecnológico del mercado ferroviario único que sustituye a los sistemas nacionales, evita errores humanos críticos, reduce la dependencia de las señales en las vías y permite incrementar velocidades con mayor seguridad.

El papel de España como banco de pruebas a gran escala de la alta velocidad le permite también exportar esa tecnología al resto del mundo. Desde el AVE a la Meca hasta el tren maya, la industria ferroviaria española —constructoras, siderúrgicas, fábricas, consultoras, operadores…— está detrás del desarrollo de multitud de líneas en el extranjero. Por eso es tan importante esclarecer las causas del accidente de Adamuz: primero, por justicia para las víctimas; y segundo, para despejar las dudas que se ciernen sobre una industria clave para la marca España.

Álvaro Merino EOM

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u/Angel24Marin — 22 days ago

La prima de riesgo ya no es lo que era

>Link a la noticia.

Pese a la crisis de Irán, España es el país con menor prima de riesgo entre los grandes países de la zona euro y la calificación crediticia de la deuda española ha mejorado significativamente, sobre todo a partir de 2025. Es una buena noticia para nuestra economía, que destaca frente a la italiana y francesa, pero no hay que dormirse en los laureles: queda recorrido a la baja y lo podemos conseguir si aprovechamos la oportunidad de reducir el déficit estructural con nuestro mayor crecimiento económico

Una de las variables financieras que se hizo más famosa en la larga crisis iniciada en 2008 fue la llamada “prima de riesgo” española. Dicha variable se define como la diferencia entre el tipo de interés del bono español a 10 años y el del bono alemán a ese mismo plazo. Estando ambos países en el euro, con el mismo tipo de cambio, la misma política monetaria, los mismos tipos a corto, las mismas expectativas de inflación a largo plazo (el 2% fijado por el Banco Central Europeo, BCE) el diferente tipo de interés del bono a largo plazo se explicaría por la solvencia relativa de la deuda española frente a la alemana, e incluso reflejaría el riesgo a un posible impago, como casi ocurrió con el bono griego en 2010. El aumento de la prima de riesgo significa que empeora la confianza en nuestra política fiscal y nuestra solvencia, y viceversa cuando se reduce.

El hecho de que en la actualidad no se hable de la prima de riesgo es una buena señal, porque esta variable sólo interesaba a nivel mediático y político cuando se disparó durante la crisis. Los mercados, sin embargo, la observan a diario, y se toma buena nota de su evolución, pues de esos tipos de interés no sólo depende el coste de financiación de los estados, sino indirectamente también el de las empresas y, por tanto, acaban influyendo en las bolsas. En el Gráfico 1 presento los datos de las primas de riesgo de España, Francia e Italia, todas ellas tomando como referencia o benchmark el bono alemán. Tomo datos mensuales desde la creación del euro en enero de 1999.

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La evolución temporal de las primas de riesgo está muy marcada por el pico asociado a la crisis de deuda de los países de la eurozona desde 2010 a 2013. Pero en el conjunto de estos 26 años se detectan otras regularidades interesantes, que resumo a continuación.

  1. Desde el arranque del euro y hasta la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008, la fecha que habitualmente señala el inicio de la crisis financiera mundial, las primas de riesgo de España, Francia e Italia fueron 15, 9 y 28 puntos básicos (pb) respectivamente, con un spread más alto para Italia, el doble que España, coherente con su nivel de deuda pública. Francia y España iban a la par, como su ratio de endeudamiento, oscilando una por encima de la otra, aunque el historial de déficit público español le hacía tener en promedio una prima de riesgo ligeramente superior. Sin embargo, el único spread negativo con Alemania lo tuvo España en agosto de 2005. Francia e Italia nunca lo han tenido.
  2. A partir de 2008, todas las primas de riesgo se disparan, pero lo hacen mucho más la española e italiana, pese a que la deuda pública española era muy inferior (recuérdese que España tuvo superávit presupuestario con Zapatero en 2005, 2006 y 2007, los únicos de la democracia). Francia tuvo un trato privilegiado por los mercados. No se le incluía en el grupo de los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) y se consideraba protegido por el BCE y la CE, por ser un país fundador de la UE y clave para su supervivencia.
  3. En media mensual la máxima prima de riesgo de España se alcanza en junio, julio y agosto de 2012, con más de 520 pb, aunque puntualmente se superaron los 600 en algunos días. Este pico coincide con el rescate del sector financiero, principalmente las cajas de ahorro. En Italia el máximo se alcanza 9 meses antes, en noviembre de 2011, lo que provoca la dimisión de Berlusconi y la entrada de un gobierno “técnico” presidido por el ex comisario europeo Mario Monti, lo que se consideró como una “intervención blanda”. Francia también alcanza el máximo en las mismas fechas que Italia, pero con un pico muy inferior, con 154 pb de máximo mensual
  4. Francia recupera una cierta “normalidad” pronto, y a finales de 2012 ya presenta una prima de riesgo mensual de unos 60-70 pb. Por el contrario, España e Italia tardan años en recuperar la estabilidad, cuando el BCE implementa la “expansión cuantitativa” o compra de deuda pública en el mercado secundario (en el mercado primario lo prohíben los estatutos de la autoridad monetaria). En esa nueva “normalidad”, las primas de riesgo de Italia y España en 2014-2015 se sitúan en torno a los 130-140 pb, oscilando una de ellas alrededor de la otra. Francia en ese período disfruta de un diferencial promedio de 40 pb.

Evolución reciente

Desde 2016 y, especialmente desde la pandemia, el panorama ha cambiado radicalmente, tal y como recoge el Gráfico 2. La prima de riesgo española se despega de la italiana de forma estructural, y se sitúa en un nivel intermedio entre ésta y la francesa. Pero con una diferencia fundamental: la española presenta una tendencia decreciente, mientras que la italiana y la francesa oscilan alrededor de una media constante.

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Con la pandemia y hasta 2022, las tres primas de riesgo vuelven a escalar, pero a niveles que no tienen nada que ver con lo ocurrido durante la crisis de 2008. Sin duda, la política seguida por el BCE, bien diferente a la de la crisis financiera, evitó que se disparasen estos spreads. La de Italia subió hasta los 220 pb, la española hasta los 120 y la francesa hasta los 60. Pero es desde 2022 cuando tiene lugar un nuevo cambio estructural que se mantiene hasta la actualidad. La prima de riesgo francesa presenta una tendencia creciente, frente a la decreciente de España e Italia. En 2024 la prima de riesgo francesa supera a la española por primera vez, aunque lo había hecho puntualmente en algunos meses de 2003-2006, pero nunca a los niveles actuales, de más de 50 pb. Ahora, pese a la crisis de Irán, España es el país con menor prima de riesgo entre los grandes países de la zona euro, mientras que Italia y Francia pugnan por evitar ser el peor. Además, la tendencia más reciente sigue siendo favorable a la española, decreciente o estable, mientras que las primas de riesgo italiana y francesa siguen al alza. Con todo, no hemos vuelto a los niveles previos a la crisis, en el caso español. El promedio de la prima de riesgo española en 2026 ha sido 46 pb, lejos de los 15 pb de antes de 2008, aunque muy por debajo de los niveles promedio actuales de Francia e Italia, 76 y 78 pb, respectivamente.

La mejora del rating soberano

Coherentemente con la evolución de las primas de riesgo, la calificación crediticia de la deuda española ha mejorado significativamente, sobre todo a partir de 2025, tal y como recoge la tabla a continuación, referida a las 3 principales agencias de calificación, Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch-IBCA.

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Desde 2018, S&P ha mejorado la calificación de nuestra deuda 3 veces, desde BBB+ hasta A+, mientras que Moody’s y Fitch lo han hecho en dos escalones, desde Baa2 a A3 y desde BBB+ a A, respectivamente. Esto ayuda a consolidar los niveles actuales de la prima de riesgo o incluso a reducirlos, como está ocurriendo recientemente, lo cual significa un espaldarazo internacional a la deuda pública española.

Sin duda, una buena noticia para nuestra economía, que destaca frente a la italiana y francesa. Pero no hay que dormirse en los laureles. Queda recorrido a la baja y lo podemos conseguir si aprovechamos la oportunidad de reducir el déficit estructural con nuestro mayor crecimiento económico.

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u/Angel24Marin — 22 days ago
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¿Han empeorado todos los estudiantes por igual? Nueve gráficos sobre los datos de PISA (Nivel socioeconómico, CCAA, sexo, origen, privados/privado, redes...)

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u/Angel24Marin — 1 month ago
▲ 309 r/SpainEconomics+1 crossposts

[OC] Where European electricity prices go negative, 2023–2026: the surplus moved from the Nordic north to the solar south

Source: ENTSO-E Transparency Platform day-ahead auction results, Jan 2023 – Sep 10, 2026. An hour counts as negative when its hourly-average day-ahead price clears below €0/MWh. Italy has never cleared negative — its zones share a €0 price floor.

A couple of details that didn't fit the graphic: Spain had 197 negative hours in February alone (a winter month), and its average midday price this year is ~€18/MWh vs ~€128 at the evening peak. Finland went from ~700 negative hours in 2024 to 43 this year.

Tools: SQL over the raw hourly series + HTML/CSS rendered headless. The data comes from an open-source desk I maintain — https://obsyd.dev (AGPL) — every number is reproducible via the free API.

u/Angel24Marin — 1 month ago
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The pulse of Spanish railway network

Animated map showing the more than 7,500 trains scheduled for a typical Thursday, minute by minute and following the actual tracks. Credit to Álvaro Merino on X

u/Angel24Marin — 1 month ago

Efecto de la subida de tipos sobre la deuda.

>El tensionamiento en los mercados de deuda está pasando factura al Estado. El coste medio de la deuda ha regresado a niveles de 2017 y nada indica que se vaya a frenar la subida. La política de la Casa Blanca está detrás del repunte

La tendencia viene de lejos, pero en 2026 se ha materializado de forma nítida. El coste medio del endeudamiento público no deja de crecer y, en el caso de España, se sitúa ya en el 2,43%. Este tipo de interés es todavía muy bajo respecto de los niveles anteriores e inmediatamente posteriores a la crisis financiera de 2008 (en torno al 4%), pero aun así es el más alto desde 2017, es decir, hace casi una década.

Las causas, según Funcas, tienen que ver con la persistencia del conflicto en Oriente Medio, con su impacto en la inflación, y la reticencia de los mercados a financiar el volumen de deuda pública que se expande por todo el planeta. Las consecuencias serán un menor crecimiento de la economía española, pero sobre todo estrecharán el margen de maniobra de la política fiscal por el aumento de los costes financieros.

Según sus cálculos, la factura por intereses se incrementará casi un 50% hasta 2030, superando los 60.000 millones de euros ese año. En caso de mantenerse los tipos en los mismos niveles que en 2025 (es decir, en torno al 3,2% los de largo plazo y el 2,2% los de corto plazo), los pagos por intereses se situarán en 2030 en unos 57.000 millones de euros, es decir, 17.000 millones más que en 2025. En torno a la mitad de ese incremento, algo más de 8.000 millones, serían los intereses de la nueva deuda que se emitirá, como consecuencia de los déficits esperados para los próximos años, y la otra mitad sería consecuencia de la refinanciación de la deuda que vencerá a tipos de interés superiores a los que fue emitida. Si a ello se suma la subida de los tipos de interés —en torno a medio punto en relación con 2025, mantenido a lo largo de todo el periodo—, la factura por intereses se elevaría en otros 3.600 millones en 2030, hasta situarse algo por encima de los 60.000 millones.

Lo relevante, por lo tanto, es la tendencia, y si en 2021 el coste medio de las nuevas emisiones (en un contexto excepcional desde el punto de vista de la política monetaria) se situaba en -0,052%, los últimos datos del Tesoro sitúan el rendimiento medio en el 2,88%. Habida cuenta del volumen total del endeudamiento público, eso significa que, por cada punto que suba la rentabilidad de la deuda total, en caso de que hubiera que emitir el conjunto de los pasivos públicos —algo que no sucede porque las emisiones son a vencimiento—, el coste adicional para el Tesoro sería de unos 18.000 millones de euros. La subida afecta, sin embargo, y en exclusiva, a las nuevas emisiones, que este año serán equivalentes a 285.677 millones de euros, según lo previsto por el Tesoro. Eso supone que por cada punto de incremento serían unos 2.850 millones de euros. O 285 millones por cada décima.

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La causa, lógicamente, tiene que ver con el creciente tensionamiento de los tipos de interés, que han provocado, por ejemplo, que los tipos reales (sin inflación) en EEUU sean los más elevados en dos décadas. Se está produciendo, por lo tanto, un encarecimiento de la deuda pública general que mete presión a los abultados déficits públicos que sufren hoy la mayoría de las economías avanzadas y que se traducen en unos niveles de deuda históricamente altos.

En concreto, cinco países europeos, entre ellos España, tienen una deuda superior al 100% del PIB. La deuda del conjunto de las administraciones públicas (no solo del Estado) se sitúa hoy en 1,76 billones de euros, lo que representa el 101,5% del PIB, con un descenso constante desde marzo de 2021, cuando se alcanzó un máximo histórico del 124,1% a causa de la pandemia.

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Tipos y guerra de Ucrania

El tipo de interés mínimo de la deuda total —lo que le cuesta al Tesoro financiarse— se alcanzó, precisamente, en 2021 (un 1,64%), pero desde entonces, y de forma más acelerada desde la guerra de Ucrania y el posterior brote inflacionista, todo han sido subidas. La parte positiva es que durante ese tiempo, en particular desde que el BCE comenzó la política de tipos de interés cero, la vida media de la deuda no ha dejado de crecer, lo que aligera en el tiempo los costes financieros. Hoy se sitúa en 7,9 años, lejos de los 6,20 años que se alcanzaron en 2013, cuando, a causa de la doble recesión de la economía española y el consiguiente incremento de la prima de riesgo, el Tesoro tuvo que financiarse en plazos más cortos para sortear las dificultades de emisión.

El problema para los Estados es que, lejos de tocar techo, los costes de la deuda seguirán subiendo al calor del tensionamiento de los mercados a causa de la política exterior de EEUU. Como sostiene un informe de Bruegel, un respetado 'think tank' europeo, los inversores están menos dispuestos a financiar la deuda pública estadounidense, "ya sea por la política fiscal de EEUU, la preocupación por la independencia de la Reserva Federal o una mayor pérdida de confianza en las instituciones estadounidenses durante el segundo mandato del presidente Donald Trump".

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Lo que ha sucedido hasta ahora es que los rendimientos de los bonos a 30 años de EEUU, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Japón han subido entre 45 y 79 puntos básicos desde el comienzo de la guerra con Irán (seis meses), con EEUU en el punto medio: 58 pb, ligeramente por debajo de Japón, Reino Unido y Francia. En plazos más cortos, en el caso de España, las obligaciones a 10 años han subido cerca de dos décimas, hasta el 3,54% en agosto.

Declaraciones

Lo peor, sin embargo, puede estar por venir a tenor de las últimas declaraciones de la Reserva Federal. El presidente de la Fed, Kevin Warsh, se ha mostrado comprometido con la estabilidad de precios y hace días hizo una sutil crítica a la intervención del Tesoro para frenar la subida de la rentabilidad de los bonos de EEUU comprando deuda. Esto disipa la idea, según Yves Bonzon, CIO ('chief investment officer') de Julius Baer, de que "al menos por ahora" el banco central cederá a la presión política y se entregará al dominio fiscal. En su opinión, un déficit presupuestario del 6%, sustentado por un gasto en prestaciones sociales cada vez mayor, "necesita financiación y marca el rumbo de hasta dónde pueden subir realmente los rendimientos". Otros factores, como la enorme inversión que se está haciendo en centros de datos y en IA, también explican la subida de tipos.

En esta línea, el analista Rubén Segura-Cayuela, de Bank of America Europa, espera que el BCE suba los tres tipos de interés en 25 puntos básicos este jueves, aunque con señales contradictorias. En su opinión, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, tendrá que reconocer que "los vientos en contra son ahora cada vez mayores para la economía, incluido el endurecimiento de las condiciones financieras".

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Para Konstantin Veit, gestor de carteras de PIMCO, el primer gestor de renta fija del mundo, el BCE subirá también este jueves el tipo de interés de la facilidad de depósito en 25 puntos básicos, hasta el 2,5%. Más allá de septiembre, sin embargo, prevé "una pausa prolongada, aunque la aparición de cualquier riesgo para las expectativas de inflación podría llevar al BCE a continuar con las subidas de tipos". En definitiva, tiempos más difíciles para la financiación de la deuda pública (y privada).

Según los analistas del grupo de servicios financieros CIMD, existe un trasfondo marcadamente inflacionista, lo que, unido a las perspectivas de un nuevo incremento de tipos por parte del BCE este jueves y del Banco de Japón la semana que viene, "refuerza las apuestas de que la Reserva Federal mantendrá un sesgo restrictivo en su inminente decisión de política monetaria". De acuerdo con los precios que descuenta una de las herramientas de mercado de la Fed, la probabilidad implícita de que el organismo monetario estadounidense ejecute una subida de tipos se mantiene en el 58,4%.

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u/Angel24Marin — 1 month ago