NBAenEspanol Summertime #18 - Del NBA GamePass al Amstrad CPC 464
Esta mañana estaba mirando las putas ofertas del Game Pass de la NBA, comparando planes, viendo en cuántos dispositivos te dejan verlo sin que te cobren un riñón extra, y pensando que para ver cuatro partidos igual me estoy montando un Excel como si fuera el director financiero de los Lakers.
Y de repente me vino un flashazo: mi primer ordenador, el Amstrad CPC 464 de cassette con 64K, que para mí era un Ferrari aunque tardara más en cargar un juego que Adam Silver en sancionar a alguien.
Y claro, me acordé de mis “joyas” de la época: El Fernando Martín, que era penoso pero nos partíamos la caja igual. El Army Moves, que era básicamente un intento de desquiciarte. El Kick Off, que era fútbol en modo “te odio, pero no puedo dejar de jugarte”. Y aquel juego de olimpiadas en el que había pruebas donde tenías que machacar el teclado como si estuvieras intentando invocar a un demonio. No sé cómo ese teclado no explotó.
Y cuando jugábamos dos en casa de mis colegas… medio teclado para cada uno. Veinte dedos tocando teclas a la vez, chocando, cruzándose, y con un ghosting del carajo cuando ni siquiera sabíamos que eso existía. Era como intentar pilotar un avión entre dos personas sin haber visto un avión en vuestra vida.
Y luego estaba la magia negra del sonido: algunos juegos solo cargaban si regulabas el volumen del cassette. Esto no debería tener sentido en un universo racional… pero lo tenía. Si el volumen estaba un poco más alto o más bajo, no cargaba una mierda. Y ahí estaba yo, girando la ruletita del cassette como si fuera un ingeniero soviético calibrando un satélite. O eso, o era lo que yo creía, pero funcionaba.
Después vino mi etapa de “me jugué todo lo jugable” (he tenido que buscar juegos del Amstrad que realmente hubiera jugado, la lista es brutal): el Prince of Persia, el Ghosts 'n Goblins, el Commandos, que era cutre pero adictivo como una droga legal. Y luego un huevo de juegos cutres con música infumable, como el Kane, que era un puto caballo saltando y luego disparando pájaros creo, una y otra vez, de esas bandas sonoras que parecían compuestos por un gremlin borracho golpeando un xilófono de metal.
Y lo mejor: no pude piratear nada. Mis tres mejores amigos tenían cada uno un sistema distinto: uno MSX, otro Commodore, otro Spectrum. Éramos cuatro… y todos incompatibles. Un circo. Un caos. Una ONU de los 8 bits, pero sin acuerdos, sin tratados y con más insultos para el que ganaba.
Y eso sí: el Commodore 64, menudo pedazo de ordenador, joder. Los juegos ahí parecían en Cinemascope. Tú veías un juego en el Amstrad, luego lo veías en el Commodore, y era como pasar de ver un partido en una tele de tubo a verlo en una pantalla IMAX. Una humillación técnica. Una declaración de guerra.
Y ahora, te pones hoy un Death Stranding 2, un Cyberpunk 2077, un Baldur’s Gate 3, un Elden Ring… y te preguntas cómo cojones podías jugar al Head Over Heels, megadifícil, o a cualquier otro engendro de la época que parecía dibujado por un niño con fiebre.
Por cierto: en estos juegos casi nunca llegaba muy lejos. El Army Moves sí porque estaba hecho para que ganaras, creo que fueron 2 partes, pero el Head Over Heels, el Commando, qué va, eso era morir fijo.
Así que ahí estaba yo, esta mañana, comparando si el NBA Game Pass vale la pena para la próxima temporada, en cuántos dispositivos lo puedo ver (o 1 o 3, por lo que veo eso no ha cambiado)… y recordando que antes, el único “dispositivo compatible” era el que tuvieras enchufado, y si la cinta fallaba, tocaba rezar, rebobinar y ajustar el volumen como un poseso.
Y el Modem de 32k. Y sobrevivía. Los gifs pixelados descargándose lento. Los sitios webs eran tipo FTP (había webs, pero para descargas, los FTP eran muy usuales).
Los seres humanos somos un despelote.
Ya me quedan solo 2 Summertimes, relax, para dejar de daros la puta brasa, lo sé, pero es que me hago mayor.